Postal 70: Llanto sobre ruedas

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Elegí esta canción para comenzar la Postal número 70 y no fue al azar.

La otra noche vi a una mujer llorar en su auto. Lloró mucho, se grabó, estuvo a punto de chocar y tras varios intentos, envió el video a alguien. Vi cómo se alejaba torpemente el Volvo aquél sobre Insurgentes y desde entonces no he podido quitarme la escena de la cabeza.

Esta sesión está dedicada a ella, a su mensaje o posibles mensajes, a su llanto, a su espectador o espectadores, a sus ganas de llorar en soledad públicamente.

Bienvenidos a este valle de lágrimas, a este pañuelo con mocos, ejercite sus lagrimales y practique su mejor pose, la más creíble, la más dramática. Esto es Postales.

Detrás de un vidrio semi empañado apenas iluminado por la luz de la calle, una cabellera rojiza y rizada era agitada por una mano temblorosa que repasaba ojos y mejillas para volver a la cabeza. Una brisa muy suave rebotaba en el auto dorado y parecía bañar ese gesto tosco. Una rosa se ahogaba en medio de la lluvia a hora pico.

Repasé la escena para recuperar detalles como quien se busca en los bolsillos para encontrar monedas. Un repartidor de pizzas con un impermeable oscuro pasó lentamente junto al auto, noté que giró un poco la cabeza protegida por el casco y bajó aún más la velocidad para apreciar lo que ocurría al interior de aquel escenario justo en un ensayo de gesticulación. Me sentí parte de un público secreto, aunque supongo, no fuimos los únicos en atestiguarlo. Pude ver cómo una boca triste y humedecida succionaba cabellos y lágrimas.

Entre malabares la vi abrir la aplicación en su celular para grabarse. Oprimió el botón y todo. Pude ver su rostro en la pantalla. Tez blanca, facciones gruesas, ceño fruncido, ojos hinchados. Acercó la otra mano a su nariz, intuyo que era también un río a dos caudales. Dejó huérfano el volante por unos segundos y en ellos se hizo latente el riesgo de estamparse con un auto diminuto. El dispositivo se le cayó de las manos y empeoró la sensación de que provocaría un accidente y que nos embarraría a todos. Lo recuperó y en breve inició una grabación más. Sospecho que a veces el llanto tiene esa cualidad de despertar el lado multitasking de la gente.

Un obrero anunciaba al fondo una desviación. La vi tomar a la derecha para evitar la zona de obras. Por el retrovisor alcancé a ver cómo se perdía entre los autos. El motociclista, tan curioso como yo, avanzó hasta el momento en el que ya no había nada más por ver. Me miró en un tono de complicidad. ¿A quién le habrá enviado ese video? ¿Para quién habría estado practicando un llanto inconsolable? ¿Le habrán llamado o respondido de alguna forma?

Alguna vez leí por ahí que en el mundo de los suicidas, los hay discretos, discretos a medias y escandalosos. También hay llorones así. Unos lo hacen frente al salón de clase, otros en lugares públicos y entre desconocidos, y aquellos que corren al baño, se esconden detrás de una puerta y jalan la palanca para confundir su llanto con el correr del desagüe.

¿Qué clase de llorón es usted?

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