Postal 73. Pedacito de mar

por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Cierre los ojos por un momento, relaje los músculos faciales, recargue su cabeza en el respaldo de su silla, sillón o almohada y respire profundo. ¿Escucha ese rumor cálido agitando las palmeras, las gaviotas picando en el mar, los pies descalzos chocando en la arena mojada?

Si la imagen aún está borrosa, le sugiero sorber un poco de esa piña colada que tiene en su mano derecha. No se preocupe si esa sustancia dulce, grumosa pero suave se atora en el popote, sea paciente que, le aseguro, seguirá subiendo poco a poco hasta llegar a su boca.

Bienvenido a Playa Cachito, esto es Postales.

El atardecer está en su apogeo, la piel de la gente aún brilla como charol, la arena se le adhiere como un empanizado, por sus sienes escurre sudor contaminado de ese inútil bloqueador.

¿Le ofrecemos otro refrescante trago? ¿O prefiere un coctel de ostiones? ¿Qué tal un poco de ese tierno coco que se deshace al entrar en contacto con la lengua? ¿Una palapa? ¿Le muevo la pancita por un peso?

Eso que usted ve al fondo es un par de siluetas femeninas. Llevan un rato observando los fallidos intentos de su padre por remontar las olas. No son una ensoñación aunque bien podrían, note cómo se ondulan sus delgados vestidos, ponga atención a sus risas, sus cuerpos recibiendo las olas, su pequeña danza marina.

La brisa le roza el rostro, baña sus gafas oscuras y le humedece el cabello. Un balón se estrella en su copa gigante y escarchada, derramando el líquido sobre sus sandalias.

Un momento… ¿Sandalias? ¿Acaso trajo también a este viaje un salvavidas inflable?

Las puntas de unos pies se asoman en lo que se parece mucho a una tumba de arena, se mueven gustosos desbaratando algunos montículos de la edificación efímera. Vamos, haga un poco de cosquillas a esos indefensos y regordetes pedazos de carne, sabemos que muere por hacerlo.

Para el siguiente acto etílico necesitamos:

Ron blanco
Jugo de limón
Hielo
Azúcar

Tome el vaso de la licuadora, acarícielo un poco, vierta todos los ingredientes. Espere, no abuse del hielo porque su bebida puede arruinarse al instante. Oprima el botón de encendido, ¿siente ese ronroneo como de Cadillac? Es la magia sucediendo. Dé unos segundos más, listo. Ya puede usted apagar el aparato. Acerque una copa, vacíe la mezcla, agite ligeramente con su popote, mójese los labios e ingiera delicadamente. No olvide levantar el dedo meñique hasta que se le entuma.

Ahora diga en voz alta “¡Salud!”. Repítalo una vez más, no importa si no tiene ni una licuadora ni un daiquirí real en su mano. Beba lentamente. Lentamente, no se vaya a ahogar.

En frío

Eso es, vaya a remojarse, ande, no sea mariachi. Cuidado con los cachalotes y los pañales desechables.

Y díganos, qué tal se ve el horizonte desde su hamaca. El bronceado le ha quitado el color de pollo, le resalta esa sonrisa soñadora de mazorca, no olvide subirse a la lanchita que da el paseo nocturno, pasa como en una hora. Nosotros debemos partir pero usted puede continuar saboreando su pedacito de mar.

Postal73

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