Postal 98. Pendientes por cobrar

por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Saludamos desde algún ventanal de la memoria a los buenos tiempos. Qué buenos tiempos aquellos que atesoramos, que nos relatamos en múltiples versiones una y otra vez, a los que les lloramos, que abrazamos para un día, finalmente, soltarlos y dejarlos ir junto a los deseos de los niños y los papalotes que se han escapado de las manos.

Sean todos bienvenidos a Postales.

Como el papel que se ha dado en ofrenda al fuego, algunos momentos van ahumándose, se nos presentan huecos en el álbum. ¿Fue usted o fui yo?

“Perdón, no la quisiera lastimar, tal vez lo que me cuenta sea verdad, lamento contrariarla pero yo… no la recuerdo.”

Tenemos estudiada la misma escena: era un día soleado, una anciana con bastón alimentaba palomas en el parque, las risas de los niños retumbaban y yo doblé la esquina, vi a lo lejos, todo en cámara lenta, brillante como el oro. Bueno, no tan brillante en realidad, aunque sí de algún modo.

Play, play, play.

Como en las dramatizaciones de la televisión, vamos recreando desde distintos ángulos nuestras propias historias, algunas de ellas ya no nos pertenecen del todo e incluso, pudieron jamás habernos pertenecido, pero nos aferramos a ellas, las hacemos nuestras en el momento en el que nos las narramos en voz baja, mientras nos bañamos o caminamos entre mares de gente.

Una presencia fantasmal corta el hilo de una conversación. Una mano cubre la boca que hasta hace unos segundos hablaba sobre el aumento en el precio de la gasolina. El acto de acordarse y su anunciamiento, o el ejercicio recién descubierto de recordar que se olvidó. Lo ausente se hace presente en nuestra cadena de hallazgos y pérdidas.

La hora del lobo llega antes que la primera luz del día, entre la noche y el amanecer, cuando las pesadillas asaltan las cunas y el lecho de quienes sienten alguna culpa, y en medio de las respiraciones agitadas y la confusión, los recuerdos aprovechan para raptar tranquilidades y susurrar frases que ya habíamos olvidado.

Entre la memoria y el olvido, la vida palomea de una lista algunos pendientes por cobrar.

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