Preguntas impertinentes sobre los cambios en el gabinete presidencial

por Eliezer Morales Aragón

Una de las expresiones en el habla popular en España es el mentidero, refiriéndose al lugar donde algunas personas se reúnen para comentar asuntos relativos a temas o personas, casi siempre en el contexto o con el propósito de acotar e inclusive invitar algunas tópicos en torno a algo o alguien. En el caso de México es muy común la utilización de los comentarios relativamente bien informados que pasan por ser, a veces de modo infundado, fuentes confiables que habitualmente no desean ser identificadas por razones sólo atendibles a ellas mismas.

Los acontecimientos en nuestro país se desarrollan a veces por razones inconfesables y en muchas de ellas por mera costumbre. El florecimiento de las prácticas del chismorreo, algunas de ellas claramente mendaces, sustituyen a la información que emiten de manera regular los gobiernos y casi siempre organizaciones conectadas con información y opiniones de la cosa pública. Se trata, en rigor, de una práctica totalmente inadecuada y que prolifera por la falta de confiabilidad en las informaciones provenientes u originadas en los organismos que debieran disfrutar de amplia credibilidad y que, en nuestro país realmente siempre han estado vinculados a prácticas maculadas en función del papel que le ha sido asignado en el ejercicio del poder.

En las condiciones descritas, es factible y hasta necesario desarrollar una práctica que podría tener una utilidad relativamente atendible. Por ello la propuesta es la de interrogarnos constantemente, a título de preguntas impertinentes. Esto con el propósito de construir una práctica que podría desarrollarse de manera amplia en las redes sociales para esbozar o formular tesis esclarecedoras en torno a hechos, decires y en general aconteceres acerca de los cuales se tienen la sospecha o en su caso la reticencia de aclararlos o elucidarlos de manera adecuada.

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Los acontecimientos de la última semana nos permiten enfocar nuestra atención a dos cuestiones vinculadas que han sido motivo de una supuesta expectativa pública y que en rigor se ha desarrollado dentro de los carriles de una suerte de mentidero mexicano. Ello a pesar de que los acontecimientos han tenido como escenario los medios de información de los que nos nutrimos. En rigor, nuestra atención creemos que podemos y debemos enfocarla más a lo que se deja de decir o a lo que estos medios nos enteran de manera sesgada, parcial o visiblemente embozada.

Se trata de encontrar alguna veta relevante en cuestiones que tiene ese carácter en nuestro ámbito público por su importancia intrínseca. Tal es el caso de la reciente visita del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, y la también aparente consecuencia nefasta que ese acontecimiento desencadenó y culminó en la renuncia del Secretario de Hacienda, así como los ajustes indispensables que se originaron en ello.

Deseamos destacar que los análisis se han desenvuelto en la dirección de los intereses del Jefe del Ejecutivo Federal, de Luis Videgaray, de su partido y demás consecuencias adicionales. Naturalmente todo el torbellino de comentarios desatado alrededor de todos estos accidentes e incidencias son muy importantes. La impertinencia que deseamos poner de relieve giraría en torno a la cuestión de una ausencia notable: el olvido total a la necesaria evaluación publica que los órganos gubernamentales y del Estado debieran formular y por lo tanto colocar como parte de acciones y reacciones que aparentemente sólo son del resorte e interés de quienes los maquinaron, ejercieron y, a la postre, reaccionaron ante los hechos.

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Un examen así sea somero de los dos acontecimientos nos dirían que brillan por su ausencia las que debieran ser las cuestiones fundamentales a examinar, y en su caso avalar o reprobar, por tratarse de cuestiones de interés nacional o en su caso del resorte de tareas de gobierno que deben ser motivo de preocupación constante, en virtud de las responsabilidades que tienen encomendadas. En otras palabras, la discusión y en su caso la sanción correspondientes no se encuentran por ninguna parte. La ciudadanía, sus preocupaciones sobre el presente y las perspectivas sobre el país igualmente no se las ubica por ninguna parte. Se discute y evalúa acerca de la popularidad, o por el contrario la franca repulsa a determinadas conductas, pero no en función de intereses primordiales que son los que en primer término nos interesa como ciudadanos. En este sentido el futuro político, mediato e inmediato del Sr. Trump, de Videgaray y demás involucrados son datos, pero no hablan de las constantes inferencias en nuestra suerte como nación. Se maquinó y llevó a cabo una reunión del Sr. Trump con Enrique Peña Nieto con una secuela de sigilos que, si sólo concirnieran a ellos, serían adecuados y comprensibles. Pero no es el caso, se trata de asuntos que en rigor nos tocan particularmente a los mexicanos, a nuestro manejo como país y eventualmente nuestro futuro. Los ciudadanos nos enteramos como de una cuestión ajena y no tenemos la posibilidad y aparentemente tampoco es necesario que nos enteremos de nada.

Por su parte el Jefe del Poder Ejecutivo nos dice crípticamente “Quizá hoy no se entienda el porqué de mis decisiones. Las he tomado pensando en el país y su futuro”. Más claro ni el agua. No se siente obligado a enterarnos por qué y el cómo de sus decisiones, pero afirma que las ha llevado a cabo pensando en nuestro país y su futuro. Que significa ello, no lo sabemos. Bástenos saber el porqué actúa como lo hace, no es factible descifrarlo ahora mismo, pero debemos estar tranquilos porque, evidentemente han sido tomadas en nuestro beneficio. Creámoslo o no. En esta tónica, aparentemente no es necesario agregar más.

Aunque en un rango relativamente menor el Sr. Videgaray se aleja de las muy relevantes responsabilidades que tenía asignadas y aparentemente en el peor de los momentos. Pero tampoco merecemos la atención de saber lo sucedido. Eso sí, podemos enterarnos de los arcanos del poder y de lo enormemente salutíferos que nos resultará su ausencia.

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En suma, estas menciones plantean como la clase política mexicana se escribe y se contesta sola. Sus voceros oficiales y oficiosos se encargan de descifrar y, dentro de lo posible, tranquilizar nuestros espíritus conturbados por los acontecimientos. Pero no nos merecemos ninguna explicación, tampoco es necesario tomar en cuenta nuestra opinión. Lo tomamos o lo dejamos eso es todo. El Jefe del Ejecutivo Federal por su parte no guarda las formas, no respeta las instancias definidas en las obligaciones en la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Senado de la República. También se reúne a puerta cerrada con una agenda privada y sin conclusiones expresas a la vista. Su invitado, el bocazas Trump, interpreta a su gusto y beneficio en el mejor de sus estilos. Como país y ciudadanos vivimos en el peor de los mundos posible. Pero, lógicamente debemos tener plena confianza en que le señor Enrique Peña Nieto toma las decisiones más aceptadas, pertinentes y promisorias para nuestro futuro. Esta es nuestra impertinencia del momento.

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