#PunkRockJesús 1. Fin de siglo: inicio de un cambio

por Jorge Tadeo
@primaindie

“¡A veces desearía ser Jesucristo
y que esto fuese el segundo advenimiento
y así podría enviaros a todos al infierno!”

Comenzar una columna es siempre complicado. Lo es mucho más si esta lleva por nombre “Punk Rock Jesús”, es decir, ¿cuántos de los posibles lectores pueden entender el chiste y saber que el nombre no es por el género musical, sino por la novela gráfica de Sean Murphy? Posiblemente muy pocos, pero para es un buen inside joke que espero que con la aparición periódica vaya perdiendo –o ganando– gracia. Pero, por ser la primera vez, hagámosle honor al nombre y hablemos de punk, o para ser más específicos, del punk-hardcore como agente de cambio contracultural y político. O al menos como lo fue en algún momento de nuestra historia.

A inicios de la década de los noventa comenzaba a darse una revolución dentro del arte en general. Los excesos de los ochenta eran sustituidos por una actitud más introspectiva donde confluían tanto arte como activismo creando nuevas formas de expresión. La música no era la excepción. El American Hardcore seguía evolucionado en muchas formas: los movimientos dentro de esta contracultura comenzaban a fortalecerse con actitudes mucho más organizadas y aunque en México este estilo de hacer “punk” llegó un poco tarde, cuando lo hizo cambió la forma de visualizarnos dentro de un movimiento que, si bien es cierto tenía mucha fuerza en los barrios pobres del Ex–Distrito Federal, en los demás Estados no había tenido esa misma popularidad (claro, sin contar Tijuana y su cercanía a los Estados Unidos que nos dieron a los fabulosos Solución Mortal). Sin embargo, la música, entre las bandas de los ochenta de la capital del país, era más cercana al punk inglés que al American Hardcore. No pasó lo mismo otras ciudades. Aquí un ejemplo: en 1989, en Hermosillo, la ciudad donde crecí, se organizó una “batalla de bandas”, sí, de esos eventos previos a los grandes festivales donde tocaban muchos grupos locales y se premiaba al mejor.

Con apenas 15 años fui a ese evento que era para todas las edades. El presentador, una semi-celebridad local, anunció a una banda de Nogales. ¿El nombre? Democracia Real. Aparecen cuatro jóvenes a rape con camisetas de los Black Flag, Dead Kennedys, y comienzan a tocar rápido, ruidoso, directo. No es que no hubiera escuchado antes bandas de hardcore, ya tenía mi colección de casetes con bandas europeas y gringas, pero escucharlos en mi idioma fue una experiencia brutal. No sé si para estos jóvenes el nombre tenía la connotación política que debería tener. Acababa de pasar el fraude electoral¿recuerdan la caída del sistema orquestada por Bartlett que llevo a la presidencia a Salinas de Gortari?–, fraude que dejó en coma a la izquierda electoral por muchos años. Me atrevo a decir que aún no se recupera, por más que las elecciones pasadas nos quieran hacer creer lo contario. En ese momento no lo vi así. Pasaron años para entender lo maravilloso del nombre. Tristemente como la mayoría de los grupos de rock en general de la década de los noventa en Sonora, no existe un registro “oficial” de los Democracia Real. Antes se podían conseguir algunas grabaciones de ensayos o de conciertos. Pero nada más.

Ese mismo año, por medio del tape trader (una práctica común para conseguir música en la era pre-digital), me conseguí otras dos grabaciones de grupos mexicanos que me volaron la cabeza. El primero que me llegó vía correo postal directamente desde Monterrey. El demo se llamaba “A La Cárcel Con Lombardo” y la banda eran los Disolución Social, uno de los mejores grupos que ha dado la escena mexicana al mundo. En éste, su primer demo, aún no experimentaban tanto como terminaron haciéndolo en sus siguientes producciones. Pero éste era un hardcore rápido, duro, con letras cortas y muy directas mezclando temas sociales y políticos.

Con los años Disolución Social trabajaron con más sonidos que dieron como resultado un estilo mucho más alternativo manteniendo el hardcore como base, pero mezclado con más estilos, además que sus canciones se convirtieron en una dura crítica a la realidad que comenzaba a vivirse en la escena punk-hardcore en ese momento en todo el país. Con tres grabaciones a en su historia dejaron de tocar hace algunos años, o lo hacen de manera esporádica. Aún seguimos a la espera de un nuevo disco, que ellos nos aseguran que saldrá. Muchos esperamos ansiosos por él.

El segundo disco fue “Extintos” de la banda Sedición, una de las agrupaciones que más dio de que hablar en esos años. Grupo que en ese momento estaba metida por completo en el hardcore con letras inteligentes, honestas y un frontman como pocos. A la fecha siguen tocando y han logrado construir esa figura mítica que de pronto les da más valor a actitudes que a la música. Ellos siguen haciendo buena música, las letras han variado, pero mantienen un estilo particular. Sedición es posiblemente la única banda que logró ser tan popular como las bandas del Ex–DF. Al mismo nivel que los míticos Massacre 68.

No estoy tratando de hacer una lista de los grupos más influyentes de aquellos años ni mucho menos. Cada quien tiene su propia lista y hacer una siempre termina siendo una discusión absurda. Hago una mención de estas tres bandas pues a mis 15 años, entrando a la preparatoria, tuvieron una gran influencia en mí. Por su música, sus actitudes, sus letras. Fueron un parteaguas en mi vida y en cómo vivirla.

Con los años la escena punk-hardcore, no sólo en México, sino en todo el mundo, fue tomando una actitud mucho más política, más contestataria, e incluso anti-autoritaria. Las ideas anarquistas comenzaron a permear en los grupos musicales y en los colectivos que comenzaron a politizar su pensamiento. Ya no sólo era responder a la realidad, sino tratar de cambiarla. Esto fue bueno. Las ideas anarquistas fortalecieron toda una escena contracultural, por un lado, aunque también tuvo sus asegunes. Para muchos el punk o el hardcore, o era anarquista o no era. Se le rechazaba de entrada a todo aquel que no era anarco. Esto trajo mucho dogmatismo a la escena, mucha segregación hacia los que no cumplían con los nuevos estándares. Afortunadamente esos vicios no han logrado que el punk se estanque y aún a la fecha es uno de los movimientos contraculturales más fuertes en el mundo, aportando de muchas y diversas formas.

El punk-hardcore en la década de los noventa no fue sólo un movimiento contracultural. Fue parte fundamental de los cambios que se fueron dando en esos años. Desde el surgimiento del neo zapatismo hasta la batalla de Seattle; los punkis estuvieron presentes, tanto apoyando como de forma protagónica. Hoy muchos de los que ya no estamos, seguimos ahí –hermosa contradicción-, ahora muchos son artistas, escritores, profesores, investigadores, activistas. La semilla germinó en distintas direcciones como lo es un buen campo de cultivo.

Nos vemos en 15 días…

Comments

comments