¿Qué está pasando en Venezuela? Una situación muy compleja explicada muy sencillamente

por Sergio Pérez Schjetnan
@SerPerS96

Las principales fuerzas políticas de Venezuela están contrapuestas en dos bloques: el chavismo y la oposición. Ambos grupos se confrontan más crudamente día con día, en medio de una grave crisis económica que ha elevado la inflación por los cielos y ha traído consigo escasez de bienes. Al respecto de estos problemas, existen dos narrativas: una prominente entre casi todos los gobiernos, políticos y medios de comunicación dominantes, quienes presentan al gobierno de Nicolás Maduro como un régimen dictatorial y sin escrúpulos; la otra, difundida por el gobierno chavista, sus aliados y algunos sectores de la izquierda mundial, remite todos los problemas de Venezuela al imperialismo estadounidense y a los ataques de la violenta oposición venezolana, postrando a Maduro y a su gobierno como víctimas inocentes. Sin duda, ambas perspectivas tienen atisbos de verdad, no obstante, es necesaria una revisión imparcial para dilucidar lo que ocurre en el país.

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1) El mito de la oposición

Desde que Hugo Chávez llegó el poder en 1999, la actitud de la oposición ante el chavismo ha sido hostil, punto que me lleva a abordar un aspecto que es menester dejar en claro: a diferencia de lo que la narrativa hegemónica da a entender, la oposición venezolana, si bien no siempre la han conformado los mismos actores y no es monolítica, encarna la agenda de la oligarquía nacional y los Estados Unidos, aunado a que es sumamente incendiara (al nivel de llegar a servirse de medios ilegales para imponer su agenda y derrocar al oficialismo). Los mejores ejemplos de esto, son sus posturas frente a los logros del chavismo, el golpe de Estado perpetrado contra Hugo Chávez en abril del 2002 y los casos de guerra económica que se han suscitado desde 2003.

Asimismo, podemos notar otros ejemplos recientes: asesinatos, violencia callejera y daños a propiedad gubernamental perpetrados por simpatizantes de la oposición durante las protestas, y respaldados por los líderes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD); declaraciones de Henrique Capriles sobre la necesidad de que “el ejército debe decidirse ahora a favor de la Constitución o de Maduro”, y Jesús Torrealba, quien igualmente ha apuntado que el ejército debe de apoyar a la oposición contra el gobierno de constitucional de Nicolás Maduro.

En síntesis, vista desde un marco estructural, la oposición venezolana no es un conjunto de víctimas inocentes ni próceres de la democracia. La oposición venezolana, es un grupo compacto de oligarcas que encarnan la agenda imperialista de Estados Unidos, que no muestran mucha más disposición para dialogar que el gobierno, y que ha llegado a servirse de la fuerza para atacar al gobierno chavista, que nos guste o no, es (y durante 17 años ha sido) democráticamente electo.

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2) El mito del chavismo víctima

Ahora bien, sería injusto echarle toda la culpa de los problemas de Venezuela a la oposición, pues hay un sinfín de desaciertos políticos y económicos que el chavismo ha cometido a lo largo de los años en que ha gobernado.

Un mecanismo de intervención estatal que ha resultado muy problemático, es el control del tipo de cambio y el control de precios (sobre todo el de la gasolina). Si bien la política de control de precios tuvo algunos aciertos y constituyó una medida racional ante la huelga patronal de 2003 (fenómeno que amenazó con disparar la inflación, que no mera irresponsabilidad “populista”), a la larga ha resultado un grave lastre económico, pues ha contribuido a acentuar el problema de escasez de bienes, las alzas en los precios, el brote de mercados negros y la corrupción.

Al respecto de los problemas económicos de Venezuela, una de las causas de fondo que resulta imperativo subrayar, es la enfermedad holandesa, producto de la dependencia de los precios de las materias primas. En otras palabras, el chavismo pecó de ceguera al utilizar los ingresos derivados de los altos precios del petróleo para solventar el gasto público y no diversificar su economía, pues una vez que los precios del petróleo se vinieron abajo, la economía en su conjunto se ha derrumbado.

Conforme los problemas económicos se han recrudecido, sobre todo desde 2014, el gobierno no ha sabido qué hacer, el chavismo ha perdido la brújula, el arraigo popular se vino abajo, la relación entre el gobierno y los empresarios se ha desgastado, la oposición se ha movilizado y ha confrontado al gobierno, coyuntura ante la cual, Maduro ha respondido mediante el recrudecimiento del autoritarismo en el ejercicio del poder político – se han violado derechos humanos; el uso de la fuerza pública ha sido desmedido; se destituyó a la Fiscal General; las elecciones de 2016 no se han realizado; Henrique Capriles fue inhabilitado para ejercer cargos públicos durante 15 años; miembros de la oposición han sido encarcelados, y se sustituyó a la Asamblea Nacional con una Constituyente a modo, por solo mencionar algunos ejemplos.

Cuando Maduro tomó el poder, enfrentaba tres grandes retos: 1) los problemas económicos, 2) la incógnita del vacío de liderazgo tras la muerte de Chávez, y 3) la continuación del proyecto chavista. Naturalmente, el actual gobierno de Venezuela ha fracasado en la consecución de sus objetivos, pues tras más de cuatro años en el poder se ha tornado sumamente anti-democrático; el PIB se contrajo a 18% en 2016; la inflación es de tres dígitos; los salarios son de hambre; hay escasez de bienes, y desde un inicio, Maduro ha sido renuente a dialogar con la oposición (durante el primer año de su mandato, el presidente pretendió gobernar mediante la Ley habilitante, una herramienta que le permitió promulgar leyes de control de precios y divisas).

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No cabe duda de que el gobierno de Venezuela es autoritario e inepto. Ahora bien, hay que precisar un aspecto: en aquel país (aún) no existe una dictadura, es decir, no hay poderes extraordinarios en el ámbito de la función ejecutiva que aspiren a remover completamente el ordenamiento existente con su acción (por mencionar un ejemplo: la oposición Venezolana, aunque en condiciones precarias, puede movilizarse).

En suma, ni Maduro es un dictador, ni la oposición es la salvación democrática de Venezuela. Los graves problemas que aquejan hoy al país, se deben a pésimas decisiones en materia económica, crasos errores políticos, autoritarismo, falta de colaboración y diálogo entre la oposición y el oficialismo, y confrontación, misma que ha llevado a escalar el conflicto entre ambos bandos y a recrudecer la tensión en pos de imponer la propia voluntad. A Venezuela no le conviene que el antagonismo aumente, apoyar eso es un desacierto, a Venezuela le conviene que se negocie una salida pacífica.

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