¿Qué firmaron el INE y Facebook? ¿Le vendieron nuestra alma al diablo?

La semana pasada, el Instituto Nacional Electoral anunció con bombo y platillo un convenio con la empresa Facebook. El objetivo principal de este acuerdo, calificado de histórico e inédito en el mundo, era combatir al enemigo mortal del momento: las noticias falsas. El anuncio sonaba muy bien: un trato que ponía al INE a la vanguardia justo en el momento en que los rusos aparecían en la escena para apoyar a Andres Manuelovich. Pero de pronto, como le sucede seguido al INE, todo se derrumbó. El día de hoy, en la primera plana del diario El Universal se informaba que el acuerdo era tan fake como las noticias que supuestamente iba a combatir. El periódico publicó el convenio (que se había mantenido en lo oscurito) y es no sólo de pena ajena, sino de un peligro latente. Resulta que a los del INE les ganaron las ganas de hacer historia, y dejaron al órgano regulador a merced de la buena voluntad de Facebook (pausa para risas).

Para dejar un poco más claro por qué el convenio no es favorable ni para el INE ni para el electorado mexicano, les dejamos ocho puntos para entender cómo Mark Zuckergberg y compañía se agandallaron al INE.

* Empezando por el principio

Cabría suponer que un acuerdo que firma una institución gubernamental tiene que ser lo suficientemente serio como para tener un tipo de marco legal, o no. El primer problema del convenio entre Facebook Irlanda (brazo internacional de la red social) y el INE está en el primer párrafo del documento que dice a la letra:

Las partes acuerdan y reconocen que, con excepción de las obligaciones de confidencialidad que se detallan en la sección 4 siguiente, los términos aquí contenidos no constituyen ni crean obligación(es) legalmente vinculantes u obligatorias para cualquiera de las partes.

En llano español, el primer párrafo indica que se establece un convenio en el que nadie se compromete a nada más a que a guardar la confidencialidad. Si ustedes se preguntan quién se atrevió a firmar algo así, pues les contamos que fue Edumndo Jacobo Molina, Secretario Ejecutivo del INE, quien cuenta con una licenciatura en Filosofía y Letras, lo que podría explicar el potencial novelesco del acuerdo. De otra forma, no nos lo explicamos.

* Pocos puntos, ¿muchas nueces?

El resto del convenio consta de siete puntos, de los cuáles los primeros dos dicen que el INE es el “Instituto” y que es un órgano autónomo y constitucional encargado de regular el proceso electoral. Una vez descubierta el agua tibia en los dos primeros puntos (dentro de los cuales no se define qué tipo de figura legal es Facebook ni nada), en el tercero empiezan de nuevo los problemas, pues dice que

Durante el período de Elecciones (del 30 de marzo al 1 de julio), Facebook tiene la intención (pero no la obligación) de hacer que algunos de sus productos de participación ciudadana estén disponibles en su plataforma para usuarios en México.

Es decir, para Facebook la intención es lo que cuenta y no se obliga a nada. Nos deja con la expectativa de saber si implementará herramientas como botones para obtener información sobre el proceso electoral, para que los usuarios ubiquen su casilla, o para incentivar el voto. Las obligaciones comienzan después en esa misma cláusula cuando el INE se compromete a darle a Facebook acceso a los resultados del PREP en tiempo real durante el día de la elección, a brindarle un espacio físico en el instituto para la cobertura el 1 de julio, que incluirá la publicación de videos en la plataforma de Facebook y en la de sus aliados. Obvio no se aclara quiénes son los “aliados”, aunque para el nivel que trae Zuckerberg sospechamos que están más macizos que el Berlín-Roma-Tokio.

* You know nothing, periodistas

Uno de los puntos de convenio que ha causado más indignación es el que dice

Las Partes también trabajarán en conjunto para crear foros y eventos relacionados en general con las elecciones, tales como sesiones de aprendizaje para periodistas sobre cómo se organizan y celebran las elecciones en México.

Tssss está bien que hay algunos columnistas que han dado muestra de una impune ignorancia, o que los medios de comunicación estén llenos de opinólogos, pero de ahí a que los periodistas mexicanos necesiten clases de cómo es el proceso electoral de su propio país, y que esas clases estén organizadas por Facebook, hay cierta distancia. En este punto también tenemos que detenernos a aclarar que este párrafo puede tener problemas de traducción. En la versión en inglés del convenio, este punto habla de “learning lessons”, que tiene una carga semántica y cultural distinta que “sesiones de aprendizaje”; las “learning lessons” tienen más esta idea de aprender a aprender, aprender haciendo, y esas ondas de escuela activa. La traducción literal al español suena mucho más ruda, como si se viniera a educar a los periodistas sobre un proceso que desconocen del todo. No obstante los problemas de traducción, la oferta educativa de Facebook en el convenio es bastante pobre respecto de las ventajas de cobertura que obtiene. Es decir, no nos preocupan las clases sino el agandalle.

* La primera regla del club de la pelea

Otro de los reclamos nacidos de la nota del Universal fue el secretismo con que se manejó el convenio. Los reporteros del diario aseguraron que no se les entregó el documento cuando lo solicitaron y que tuvieron que conseguirlo de manera ingeniosa. La respuesta del INE fue que de ninguna manera el acuerdo era secreto, salvo que sí lo es. La cláusula 4 del convenio (esa que se mencionó desde el primer párrafo) dice

Ninguna de las partes deberá (ni permitirá, ni causará que cualquiera de sus empleados, representantes o agentes) divulgue, disemine o haga pública información relacionada con este MOC [Memorándum de cooperación, por sus siglas en inglés], incluyendo la existencia de este MOC, a ningún tercero, salvo que lo exija la ley o para cumplir con los términos de este MOC.

Osea aplicaron la de “El convenio no es secreto porque no hay convenio”, guiño guiño. Parte de la cláusula incluye la publicación de un comunicado de prensa conjunto que fue el que difundió el INE. Sólo que el instituto se fue de boca y afirmó que el objetivo del acuerdo era uno que ni siquiera se menciona. ¿O habrá sido para despistar al enemigo?

Al cuestionársele a Lorenzo Córdova por qué había sido tan opaco el trato, dijo no era secreto, que se había avisado a todo mundo, pero que se había mantenido confidencial a petición de Facebook.

* Esto dura hasta que se acaba

El punto de “Plazos y términos” es otra buena puntada que aclara que el convenio estará vigente hasta el 10 de julio de 2018, es decir, 9 días después de la jornada electoral (nada tontos los de Facebook, se aseguraron de tener cobertura por si se desconocen elecciones, se impugnan o hay desmadre). Pero con la salvedad de que “alguna de las partes lo dé por terminado anticipadamente (por cualquier causa o sin causa) mediante notificación por escrito”. Así, en cualquier momento, el INE o Facebook pueden aplicar la Shakira de “Te aviso, te anuncio que hoy renuncio” y adiós historia, adiós vanguardia, adiós convenio. En resumen, hasta ahora el convenio no obliga a nada a nadie, Facebook tiene intenciones no obligaciones, el convenio existe pero no podemos decir que existe, y se acaba a voluntad sin mayores argumentos. Es decir, el INE y Facebook tienen, como diríamos allá antaño en los 90, un free.

* En mi casa y con mi gente, se me respeta

Uno de los últimos puntos del dichoso convenio sí está grave, e irónicamente está dispuesto bajo la etiqueta “Disposiciones Varias“. Esta cláusula indica que el acuerdo está

sujeto y se rige por la Declaración de Derechos y Responsabilidades de Facebook que se encuentra en https://www.facebook.com/terms (incluídas todas las políticas y guías a las que hace referencia) (la “SRR” por sus siglas en inglés), mismo SRR que se incorpora al presente como referencia.

De tal forma que este convenio firmado entre un órgano autónomo y constitucional y una empresa trasnacional no se rige por la ley internacional, la ley mexicana o la ley de dios, sino por los términos y condiciones de la red social. Es decir, el INE tiene tantos derechos como cualquiera que se convierte en usuario de Facebook, incluídas su política de datos, comercialización y servicios. No sabemos si el secretario Ejecutivo que firmó el convenio en efecto leyó esta Declaración de Derechos y Responsabilidades o, como el usuario promedio, movió el mouse hasta donde decía “Acepto” y dio clic para aceptar la ley de Facebook.

Este punto es particularmente delicado por el manejo de datos que tiene el INE. Aunque el Consejero Presidente ya afirmó que no se compartirán datos personales del padrón electoral, no se explica cómo se blindarán los datos para obtener los “servicios cívicos” como la ubicación de la casilla, o peor, qué elementos de seguridad se tendrá para los datos del PREP que se compartirán en Facebook en tiempo real el 1 de julio. Olvídense de sus fotos de infancia, perocúpense por el PREP.

* Si nadie lo ha hecho, pregúntate por qué

Pues ya viéndolo con calmita, empezamos a entender por qué ningún gobierno había firmado un acuerdo semejante con Facebook, ¿no? Sólo basta rascarle un poquito al papel que ha jugado la red social en algunas elecciones (la gringa, por ejemplo) para desconfiar de los beneficios. Los expertos en seguridad han calificado el acuerdo que firmó el INE como una gran campaña de publicidad para la plataforma, pues busca que los usuarios prefieran la red social como fuente de información. Esto no está mal en sí, salvo que Facebook se rige por su política de comercialización que no le impide mezclar la transmisión de los debates con una noticia falsa que alguien haya patrocinado para que llegue a millones de usuarios. En otros países hay actualmente grupos de medios de comunicación que han entablado una guerra contra los gigantes de la tecnología Facebook y Google, porque mientras alguien pague no tienen reparos en difundir más y mejor noticias no verificadas y de fuentes sospechosas. Que el INE dé a Facebook un trato parecido al de cualquier medio de comunicación es muy grave porque la plataforma no se rige bajo ninguna ley a la que sí están sujetos periódicos, revistas, canales de radio y televisión. El INE no ha entendido que Mark Zuckerberg y compañía son mercenarios, tanto así que ya está planenado firmar convenios parecidos con Twitter y Google.

* A oídos sordos, palabras necias

Las críticas al convenio no han sido bien recibidas por el INE. Desde la difusión del documento no se han cansado de decir que lo que pasa es que no entendemos, que el acuerdo es apenas un punto de partida y que se podrá cumplir con el objetivo de combatir las noticias falsas. Lo cierto es que ninguna de las frases anteriores se sostiene en el papel que firmaron el Secretario Ejecutivo y el Jefe de Finanzas Internacionales de Facebook. Cada explicación que ha dado Lorenzo Córdova ha sido desmentida incluso por al red social. Dijo que Facebook podía indentificar las noticias falsas para que el INE las contrarrestara con información veradera, y ya dijo Facebook que su algoritmo no puede hacer eso, pero que les recomienda unos programitas. Lo cierto es que el órgano regulador no acaba de entender la dimensión del impacto de las noticias falsas en la elección, ni el funcionamiento de las redes sociales. El convenio lo único que muestra es que nuestras instituciones son víctimas de su propia ingenuidad y soberbia. Tras la firma del convenio, valdría la pena que el instituto reculara y lo terminara (ya vimos que es muy fácil), en cambio, fiel al sexenio, prefiere sentirse atacado ante la crítica, y ver en ella palabras necias de un infundado enojo social.

Así es, muchachos y muchachas, más allá de clavarnos en detalles, lo más difícil de creer es que alguien se haya atrevido a firmar un convenio que no cumple ni con el protocolo que todos aprendimos en la primaria. Si no nos creen, échenle un ojo aquí, no perderán mucho tiempo, pues, además de todo, el histórico documento consta apenas de tres paginitas. Para más información sobre los problemas de este convenio les recomendamos leer este artículo de Ana Francisca Vega.

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