Radiación ultravioleta 3. Decaricaturizar la violencia contra las mujeres

Por Cuauhtémoc Camilo
@cuate_moc

Tanto el marco político de la #24A, como su carácter comunicacional no discursivo, convergen en un punto nodal: la violencia. En ambos frentes, la violencia es el factor indiscutible. Es decir que a nivel racional (teórico-discursivo) y sensible (intuitivo-afectivo-corporal) se percibe una alarma y protesta que no son ni fortuitas ni atendidas, que se resumen en un hecho contundente: hay mujeres muertas, en impunidad y cada vez son más. El 23 de junio de 2015, Vice publicó una investigación sobre las mujeres asesinadas en el Estado de México, en ella se hacía notar que “Las cifras disponibles sobre estos crímenes están incompletas y son básicamente inútiles. Las procuradurías no publican cifras específicas sobre feminicidios ni a nivel estatal ni federal” . Citando a Humberto Padgett –coautor del libro Las muertas del Estado (2014)– la investigación afirma: “En el caso del Estado de México esto ha sucedido durante años sin que nadie tome atención del hecho”, y refiriéndose a Peña Nieto concluye (…)”No es normal que asesinen a 1,997 mujeres durante la administración de un hombre que quería ser presidente”.

“La cifra de Padgett de 1,997 es casi quinientos homicidios más que el conteo total de un periodo de 20 años en Ciudad Juárez, Chihuahua, que ha sido conocido internacionalmente como el epicentro del feminicidio en México”. ”En términos absolutos, al menos 1,530 mujeres fueron asesinadas en esta ciudad fronteriza entre 1993 y 2014, según Julia Monárrez, una investigadora del Colegio de la Frontera en Ciudad Juárez”. Esto significa que, sólo durante la administración de Peña Nieto como gobernador del Estado de México, se asesinaron más mujeres en esa entidad que en Ciudad Juárez durante los casi 20 años en que fue “epicentro del feminicidio”. Las cifras sirven para hacerse una idea de las dimensiones de la cuestión, así como de la importancia que tuvo el trayecto de la marcha (de Edo. Mex. a la CDMX). Sin embargo, las cifras no deben distraer de que en todo el país y durante un prolongado periodo de tiempo se ha ejercido una violencia sistémica, focalizada hacia las mujeres.

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Como se ve la #24A es un relámpago en la oscuridad, un destello que hace visible mediática y socialmente esta violencia para inscribirla dentro de un largo proceso de aniquilación de mujeres. Directa o indirectamente ese ha sido el cometido de la marcha: mostrar una violencia que no es evidente ni para la sociedad ni para el Estado, con lo que se desestabiliza y muestra la vulnerabilidad de ser mujer en México. Mostrar, en fin, una violencia deliberadamente ignorada, que carece de documentación e información y que es el síntoma de una sociedad insostenible, volcada sobre sí para destruirse: eso es México y su gente: los que lo hacen, los que no lo impiden. Y en el fondo ronda la pregunta ¿Por qué se matan mujeres? Una terrible concepción de la vida y el poder habita en ella.

Y con todo, se sabe bien que esta violencia misógina no puede ser prevenida más que a condición de transformar radicalmente las subjetividades, sus valores más arraigados y su formación ciudadana: un trabajo de Estado, un quehacer político que sí, tiene que ver, entre otras cosas, con las leyes, programas educativos, desarrollo económico y un modo de existencia que no sólo garantizan los políticos sino las personas y las instituciones. ¿A poco creíamos que una marcha como la #24A se realiza solamente para denunciar desplantes de galantería soez, tormentos psicológico-culturales, o estereotipos? Esos criterios (los infundados, ideológicos e intocables) son la caricatura que el machismo (y sí, la estructura epistemológica del heteropatriarcado) se inventa para menospreciar y simplificar la violencia contra la mujer, para reducir a violencia abstracta, exagerada y culturalmente anegada lo que, en los hechos, son décadas de muertas, violadas, desaparecidas y brutalizadas sin que el problema se detenga o, por lo menos, se reduzca. Esto es lo que la ignorancia y la estrechez mental de algunos medios y opinólogos como Carlos Arturo Baños Lemoine, articulista en medios y catedrático de la UAM-X y la UPN son incapaces de ver , fiera transparencia que enceguece y ejerce sin saberlo y hasta con buena voluntad una violencia simbólica que destruye. No obstante ése es también el escalofriante “y después…” de la #24A; sus olas comunicaron tan fuerte y contundentemente que sacudieron los callados prejuicios que la gente oculta y los hicieron salir neuróticamente. ¿Por qué el enojo de los machos, por qué su reacción violenta?, ¿a qué le temen?, ¿qué les duele con la #24A?

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Sin saberlo, ese reduccionismo de los opinólogos es uno de los atentados más violentos a la libertad de pensar, misma que no consiste ni en la indiferencia por el pensamiento del otro ni en la su vigilancia recalcitrante sino, precisamente, en una crítica constante del pensamiento, es decir, en una investigación y no en una opinión, muchas veces fundadas en falacias de autoridad fuera de su contexto. A fin de cuentas ¿qué se pretende?, ¿demandas nuevas de los derechos de las mujeres cuando no se han podido garantizar los más básicos? Siglos de una concepción unívoca de las mujeres fundados ¿en qué exactamente?, ¿en la opinión de hombres y su perspectiva discursiva? Si la modernidad se caracteriza por el reconocimiento de la singularidad –y su correspondiente diferencia–, y si esto da lugar al Estado moderno, la democracia y los derechos humanos, entonces el reclamo de las mujeres no es en absoluto algo que pueda darse por sentado o se considere repetitivo en un país en el que el motivo de muerte es, precisamente, que sean mujeres. Hay en ello una oscura concepción de la mujer; una cultura del abuso, una moral totémica al macho. Y si a eso se suma el hecho de que incluso quienes trabajan en universidades públicas piensan de manera tan necia y machista, uno se pregunta ¿desde dónde miran aquellos que no están dentro del privilegiado porcentaje de la población mexicana que tiene acceso a la educación superior?

A ese respecto, más que la #24A, son sus participantes las que ponen el dedo en la llaga mexicana, como si dijeran: “Nos matan, nos violan, nos agreden, menosprecian lo que pensamos y encima vivimos así a diario e indefinidamente”, “se nos culpabiliza por lo que nos sucede y se evade cínicamente la responsabilidad de protegernos y establecer las condiciones para que eso no suceda”. Insistir en que la #24A no son desplantes pueriles, sino un modo de responder a la situación de vida, amenaza latente y muerte que viven millones de mujeres. Insistir también en que estos eventos masivos suceden cuando las muertes han sucedido y se acumulan a tal punto que son perturbadoras.

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Considerando las entregas anteriores, hay advertir entonces que la marcha es un medio de manifestación y de protesta condensado en un solo gesto. Al salir a la calle, la protesta se dirige a los gobernantes que han sido incapaces de proteger su existencia, y no obstante, la manifestación (por ser pública, de calle) se dirige a la sociedad, a cada uno de sus individuos (incluyendo, machos, violadores y asesinos anónimos), es un canal de comunicación para transmitir: “¡Basta! No nos asesinen”. No hay capricho ni trivialidad en ello, no hay desacuerdo tampoco en que la violencia es el nodo de la incertidumbre y buena parte de la miseria en el país, la muerte y la brutalidad (no la seguridad), es la que congrega a otros movimientos ciudadanos además del #24A, como el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad o Ayotzinapa. Los congrega en el espacio público y en la escucha mediática, aunque no necesariamente en un mismo movimiento.

Sobre las distinciones y gestos de la #24A con otros movimientos, hablaré un poco más en la siguiente entrega, por lo pronto habría que tener presente ciertos tipos de violencia para hacer notar que el problema se juega en un amplio espectro de variables, tantas como las hay a una sociedad moderna. Para ello habría que precisar que la violencia es una fuerza que se ejerce para fines privados, lucrativos o donde no hay beneficios mutuos. Asimismo puede haber ejercicio de fuerza sin que necesariamente sea violenta, en casos como la defensa y preservación de la vida o la comunidad o en el cumplimiento de las leyes legítimamente aprobadas y ejercidas.

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De esta manera, y frente a la fuerza, la violencia tiene propósitos que bien pueden organizarse como sigue: 1. Violencia aniquilatoria, 2. Tortura (en sus distintas formas que van del sufrimiento físico al psicológico), 3. Despojo, 4. Explotación (por ejemplo, con mayor tiempo labora, un salario menor, acoso laboral), 5. Violencia simbólica (en la que se ejerce, según Pierre Bourdieu, un sometimiento a través de procesos inconscientes, construcciones cognitivas, significaciones lingüísticas, etc.), 6. Violencia moral (de acuerdo con tradiciones, costumbres, supuestos culturales, familiares o espirituales que dan como resultado un sometimiento “por las buenas” o por filiación) y 7. Violencia de la calma (desarrollado por Vivian Forester y que consiste en la indiferencia, el silencio y la pasividad frente al abuso). El ensañamiento contra las mujeres en todos los niveles de violencia merece un análisis detenido y una sensibilidad atenta, más allá de la mera opinión o la respuesta machista y reaccionaria.

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