Robando como siempre. De cuando Alemania le agandalló una piedra a Venezuela

La tragedia sucedida en el Museo Nacional de Brasil ha traído una serie de discusiones importantes sobre la idea de resguardo, de patrimonio y del museo en sí mismo. La centralización de la cultura, el despojo de los pueblos originarios, las políticas culturales, y la falta de presupusto son temas sobre los que tenemos que reflexionar continuamente para evitar desastres como el incendio en Brasil, pero también la repetición de historias como la de la Piedra Kueka en Venezuela.

En 1998, el gobierno venezolano de Rafael Caldera decidió planear, junto con el encargado de negocios de la embajada alemana, la entrega de la Piedra Kueka, una roca de gran tamaño que representa a una de las abuelas sagradas del pueblo pemón. La intención del regalo era que la Kueka Abuela formara parte de la colección Global Stone, proyecto personal del científico y artista alemán Wolfgang Kraker von Schwarzenfeld, quien pretendía reunir piedras sagradas de cada uno de los cinco continentes y así “activar las energías para la paz del mundo”. Así, si considerar en nada al pueblo pemón, la Piedra Kueka fue trasladada de la Gran Sabana a Berlín.

Durante años, el pueblo pemón, con el apoyo de distintos gobiernos venezolanos, intentaron recuperar la piedra. Con el tiempo, el proyecto Global Stone fracasó, aunque para ese momento, Wolfgang Kraker von Schwarzenfeld ya había tallado parte de la Piedra Kueka, inlcuida la inscripción de la palabra “amor“. En el año 2000, el alemán declaró que su proyecto había fallado en atraer amor y que la Piedra Kueka ya no tenía ningún valor sagrado para él, aunque sí tenía un valor artístico por lo que esperaba una oferta monetaria del gobierno venezolano para devolverla.

El gobierno de Hugo Chávez se negó a comprar la piedra e inició negociaciones con el gobierno alemán para la devolución al pueblo pemón. Sin embargo, pasarían dos décadas para que la Kueka Abuela volviera a la Gran Sabana. Para ese momento, el científico alemán había cambiado su versión de la historia que ya no daba peso a Global Stone, y argumentaba que nunca creyó en la sacralidad de Kueka, que era sólo una roca arenisca convertida en monumento nacional y “en un tipo de premio de consolación por las heridas sufridas por los indígenas instrumentalizados, los cuales prostestaron sin éxito contra el trasvase”.

Sin aclarar cuál fue el trato final, ni si hubo un pago monetario de por medio, en mayo de 2018, miembros de la comunidad pemón viajaron a Berlín para realizar un ritual de sanación de la piedra antes de repatriarla. De esta manera, se cerró un capítulo más de eurocentrismo y despojo.

Así que cada vez que visitemos un museo, tratemos de reflexionar de dónde vienen esas piezas y qué otras estructuras de poder operan para que las huellas de nuestra historia estén en riesgo.

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