#RuidosaFestCDMX. Mujeres que hacen ruido

por Paulina Moreno
@wabisabe

fotos de Édgar Baudilio Matute
@esematute

Organizar un espacio que busca promover y visibilizar proyectos liderados por mujeres es el objetivo de Ruidosa, festival  que apenas nació este año, con su primera emisión chilena a principios de marzo, y ahora acá en la Ciudad de México. Creo que fue todo un éxito en su realización, el Espacio X del Centro Cultural de España tiene una acústica ideal, todos los actos se escucharon excelente y el personal fue siempre amable. Fue una experiencia muy buena que además se enriqueció bastante con la presencia de diversas organizaciones feministas como el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, AC que llevaba información sobre los temas que trabajan como son los derechos sexuales, participación política, mujeres indígenas y justicia social. También nos enteramos de la colaboración que tienen con el 17, Instituto de Estudios Críticos para el Seminario de Estudios Críticos del Género que se escucha genial y aquí pueden consultar.  El tema de la justicia estuvo además abordado desde la perspectiva legal con EQUIS que llevaba información sobre las propuestas de reforma en las que trabajan como en casos de mujeres encarceladas por delitos de drogas en México bajo el lema #EsJustoQueSepasDeJusticia. El Grupo de Información en Reproducción Elegida GIRE también tuvo un espacio donde nos regalaron muchos condones y había una mesa de divulgación de su trabajo al que pueden apoyar en sus redes sociales @GIRE_mx.

El sábado hubo además dos charlas que ocurrieron antes de los conciertos, la primera estuvo titulada “Desde la música”y contócon la participación de Mon Laferte, Jessy Bulbo y Teri Gender Bender. La siguiente charla, “Desde la Industria”, contó con la participación de Moni Saldaña (NRML), Val Aznaldo (Thump), Mariana Uribe  (supervisora musical), Larissa Carpinteyro (Sony Music) y Olga Straffon (Arts & Crafts México) donde hablaron de forma muy cálida y cercana sobre su papel como mujeres en la industria de la música en México. Disfruté mucho escuchar sus perspectivas y consejos para otras mujeres, se habló de sororidad y me encantó escuchar sus voces como morras que escuchan, trabajan y visibilizan a otras morras de la industria musical.

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Ximena Sariñana fue la primera en subir al escenario, se veía muy contenta y cómoda, nos platicó entre canciones que disfrutaba mucho tocar en este tipo de set acústico, ella sola con el piano, su conversación interna y nosotros ahí. Escuché muchas voces cantando a mi alrededor sus canciones, en especial, aquellas que tocaban temas de ruptura y desamor. Una chica que había visto haciendo cola para entrar al Centro Cultural España un par de horas antes en el pleno rayo del sol, se paró junto a mí y me dijo “es muy bonita” con un tono de voz tan lleno de admiración y sorpresa que me conmovió enormemente, había muchos fans esperándola.

Confieso que he escuchado poco su música pero cantó una canción de su primer disco Mediocre que ya había oído alguna vez en el radio y ahí sonando bastante bien en vivo me lanzó en un espiral de malviaje.

Y qué felicidad hacerte la cena
Y qué seguridad saber que me esperas
y el tiempo pasará, el sol se apagará y todo lo que sentiste fue normal

Ximena, me angustió muchísimo tu canción. Me resulta muy cercana y siniestra esa sensación que describes pero la recuerdo desde mi experiencia de fracaso amoroso. Me llegó mucho y raro, creo que yo también andaba en esas allá en el lejano 2007 en fin, el amor romántico mata, mi postura ahorita: solterrorismo.

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Daniela Spalla fue la siguiente, es una cantante argentina que ahora vive en México. Según leí en una entrevista, la decisión de vivir y trabajar en nuestro país fue motivada porque, en su opinión, es un país donde (a diferencia de Argentina) el público es más abierto a las cantautoras de rock, ella dice que las morras aquí sí escuchamos a otras morras y nos identificamos con su música. Me gustó mucho su acto en vivo, se muestra ligera, sensual y confiada, a veces bailando mientras toca el piano como un gatito masajeando rítmicamente las notas o se cuelga la guitarra, como en una sesión en vivo muy buena que me encontré en Youtube grabada por allá en mi alma máter con canciones que formarán parte de su segundo disco que por lo menos yo, ya quiero escuchar.

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El acto de Vanesa Zamora continuó, ella es originaria de Tijuana y se presentó en el escenario con su guitarra a tocar canciones pop. Entre ellas llamó mi atención una canción llamada «Colores» que dedicó a su mamá por ser una chingona, y un cover a «Amor Eterno«, canción que me parte el alma porque siempre me recuerdo cantándola en el panteón el día que enterramos a mi abuela. En parte agradezco que no mucha gente del público la cantó porque habría sido demasiado sobrecogedor. También tiene una sesión en vivo en el Claustro donde toca la guitarra acompañada con piano y suena muy bien.

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Francisca Valenzuela fue la única que se presentó con su banda, dando un show muy bueno en el que tocó canciones de sus tres discos: brincó y nos hizo bailar a todos. Me parece una oportunidad muy especial presenciar su acto en vivo justo en el marco del Ruidosa, festival en el cual ella misma encabezó la iniciativa que lo hizo existir. Es un esfuerzo muy bello el que se ha hecho, me gusta mucho ser testigo de propuestas que buscan incidir en situaciones reales que son muy injustas como la falta de espacios, difusión, escucha y visibilización hacia el trabajo artístico de mujeres especialmente latinoamericanas.

Llegamos a mi momento favorito de la noche: Le Butcherettes. Absolutamente brutal, maravillosa y dionisiaca. No sé de verdad por qué me odio tanto y no la había visto en vivo. Entró al escenario dando gritos con su guitarra y ya nada volvió a ser igual para los que presenciamos aquel performance delirante. Desde la primera fila clavé mi mirada en los movimientos de su cuerpo, que se disloca y se reconstruye continuamente, abriendo las piernas y pegándole bien recio a la guitarra. Gritos, gruñidos y el golpe seco de los tacones estrellándose contra el suelo, que se tuercen y que casi quisieras que se rompieran para tener algún alivio de esa carnicería atrapante que genera la maravillosa Teri Gender Bender frente al público. Ya no es la que cantaba con cabezas de cerdos y mandiles salpicados de sangre de sus inicios con Le Butcherettes, ahora lleva la metáfora a lugares distintos con otros significados en su cuerpo sin dejar de lado la sensualidad y la fuerza de sus letras que exploran situaciones que hablan de enojo, violencia y ser mujer en cualquier lugar pero también en México.

Al terminar de cantar sus rolas desconectó su guitarra y se bajó del escenario, se metió entre el público que la empezó a rodear y tomó el espacio, lo hizo suyo, se revolcó, se agachó haciendo ruidos y luego gateó de vuelta, saltó la valla y se despidió. Me quedé temblando, sólo pude gritar “eres chingona, Teresa.”

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Siguió Planta Carnivora, la rapera chilena que subió al escenario a soltar rimas en las que hablaba de temas de violencia de género como la violación, el asco a la menstruación y acompañó su acto con breakdance, muchas referencias pachecas y vaginas dentadas, disfruté mucho su acto pero me quedé con ganas de escuchar «Playa Salvaje«.

Para este momento de la tarde noche ya nos encontrábamos un poco sedientos porque en todo el festival no hubo venta de bebidas, ni agua. Además sentimos la ansiedad provocada por el tintineo de botellas en la parte de la terraza del VIP que estaba justo arriba. (No sean así, si no van a regalarnos a todos una chelita, al menos vendan.)

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Ya decididos a conseguir un poco de líquido vital a como diera lugar, nos colamos a la terraza y ¡oh sorpresa!, ahí estaba Teresa Suárez contestando súper amablemente preguntas de todos los que se acercaron. Habló de la fuerza que imprime en sus canciones y de cómo las pérdidas, la muerte y el enojo que ella ha sentido es similar al que cualquiera de nosotros ha sentido, son experiencias que nos conectan y en ellas yace la inspiración de lo que crea como artista. Habló de cómo, al igual que ella, podemos hacer visible cada vez más el trabajo de mujeres en la música, escucharnos y validarnos a nosotras mismas. Me sentí idiota, no pude pensar en ninguna pregunta que hacerle en ese momento nublada por mi fanatismo, sólo le dije que la admiraba mucho y que se ha convertido en mi ídolo personal, me dio un abrazo que sentí sincero y cálido.

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Zemmoa se encargó de cerrar el festival en un momento que se sintió muy íntimo, organizadores, invitados y asistentes terminamos bailando juntos esas últimas canciones que sonaron en Ruidosa para además también ir calentando los ánimos para el after que fue en un lugar de la Juárez.

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