Sacrificios Humanos

Por Óscar Muciño
@opmucino

Los pueblos que habitaron la gran extensión del valle de México sorprendieron a los conquistadores españoles a su llegada, por la suntuosidad de sus construcciones y la abundancia de metales preciosos; los recién llegados en su misión de salvación y conquista poco repararon en la organización social, en la religión o en las artes que se practicaban dentro de estas culturas.

No obstante, algunos frailes intentaron rescatar, en la medida de sus posibilidades, la cultura que irremediablemente se perdería con la llegada del cristianismo a tierras americanas.

En los códices que sobrevivieron a la conquista y en los distintos testimonios que los frailes evangelizadores, como Fray Bernardino de Sahagún, recabaron de informantes nativos se conserva la respuesta prehispánica a las interrogantes comunes en toda cultura: el origen de la humanidad, su papel en el mundo y un orden del cosmos y el medio geográfico.

Los pueblos prehispánicos, por obvias razones y como todas las culturas antiguas, no tenían una concepción separada de la historia o de los fenómenos artísticos; en muchas ocasiones los límites de ambas disciplinas desaparecen. En sus códices la historia se mezcla con la fantasía “… no se reproducen hechos, sino la concepción de ellos…” . No es claro si los personajes que aparecen en ellos saltaron de la historia a la mitología o viceversa.

Códices1

Los códices no sólo pueden ser estudiados desde la perspectiva histórica, sino también como fueron pensados en su origen: materiales literarios/poéticos. En ellos no sólo se narraban los hechos, existía una reinterpretación del hecho a través de la propia mirada religiosa y cosmogónica.

Los símbolos de sus códices son la narración misma, la palabra náhuatl que expresa nuestra idea de lectura es pohua, que representa tanto el verbo narrar como el verbo enumerar; los sacerdotes o cuicanime descifraban las imágenes del códice, narrando la historia. En parte se trataba de un ejercicio nemotécnico, en el que la música y el metro eran fundamentales, y en parte era un acto de improvisación; un rito religioso-poético parecido al griego, que terminaba con un sacrificio humano a los dioses.

En los testimonios guardados en los códices encontramos la explicación mítico-religiosa de los sacrificios humanos, práctica que debió causar más asombró que los palacios a Cortés y sus hombres.

Cuenta un mito que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, despedazan a Tlaltecutli “Señor de la Tierra”, y muerto éste los demás dioses “en recompensa le dieron que de sus carnes saliera cuanto el hombre necesita para sustentarse y vivir sobre el mundo”. Pero este dios para proveer al ser humano del alimento exige comer corazones humanos “y no quiere producir frutos si no es regada con sangre humana”.

Otro narra cómo Quetzalcóatl, “Serpiente Emplumada”, rescata del Mictlán, “el lugar de la muerte”, los huesos desechados de los antiguos muertos, para después sacrificarse y regarlos con su sangre para que de ellos nacieran los hombres.

Códices2

En estos dos mitos observamos que la sangre del ser humano pertenecía a los dioses del mundo azteca, ellos dieron la suya al crear el mundo y debía de restituírseles en su honor, además entregaban a la humanidad lo necesario para subsistir. Morir sacrificado aseguraba la vida en el paraíso junto a ellos; si no deberían peregrinar cuatro años al Mictlán, atravesar sus nueve infiernos para al final desaparecer.

En los códices se encuentra todo un legado de mitos que narran desde el origen de la Tierra, la creación del sol y la luna hasta el nacimiento del pulque. Con la lectura de estas historias conocemos las respuestas milenarias que los antiguos mexicanos encontraron al interpretar aquello que los circundaba.

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