“Si tienes más de 20 ya sabes que nada es ligero. Por eso el yoga.” Armar a un personaje

por Joaquín Diez-Canedo Novelo
@joaquindcn

El problema del personaje no es uno de características sino de densidades. No nos interesa una lista de cosas de lo que “es” sino el testimonio de la existencia de una mónada en problemas. Y el problema es uno de proyección: mientras que una lista homologa la experiencia -volviendo a las características tipo “yo prefiero el negro que el rojo” en pedazos que ante un vacío interno se antojan superficies intercambiables-, la lectura monádica nos habla de la experiencia de ver la superficie que nosotros vemos por fuera pero desde ese vacío. A mí lector no me interesa si te gusta mucho el café o no; me interesa por qué esa pregunta te resultaría importante.

La densidad de la forma

Esto que vengo de explicar es algo que funciona para adolescentes. A mí me cagaba que mi papá me dijera que algún texto lo entendería después: yo los agarraba y me iba a leer, qué me iba a decir ese güey de qué entiendo o no. Pero ahora que le doy clases a adolescentes veo bien a lo que se refería. Y es que hay sutilezas que sólo se entienden con la edad. Yo me acuerdo que de morro veía las caritas de la comedia y la tragedia y decía qué mamada, pinche banda cursi. Pero luego me pasaron diez años y un día de tanta tristeza sonreí. Y luego estaba leyéndole un cuento a mi sobrino y le digo a mi hermana, cómo me gustaría tener tres años, güey. Dormir así, sin ningún pedo. Y me contesta bien sabia y mamá, güey, también la pasa pésimo. Está dando vueltas y diciendo cosas de los colores y los números. Y claro, es que hay densidades.

Por esto quiero decir que no creo que lo que dije arriba de las listas sea necesariamente cierto. Lo sé porque hace poco estaba en la reunión de inicio de año de la escuela de los adolescentes, con prácticamente toda la planta decente. Es una situación un poco incómoda, porque claramente no todos conocen a todos; está esa cosa de no querer desentonar, está lo de “trabajar en equipo” una clase que sólo das tú, está que vas a dar clases y no a reunirte con extraños, que no mamen: es martes.

Pues resulta que había una nueva directora, entonces todo mundo a la expectativa, y de las primeras cosas que nos dice -es joven aunque no menor que yo- es que vamos hacernos un avatar. Y nos da una dirección de Internet. Y yo volteo y veo a la pobre Marcela, que es una señora que claramente no sabe lo que es un avatar, y pienso qué mamada. Obviamente la terminé ayudando y ella encantada. Ay, ¿se puede cambiar el color del pelo?!

Pero eso no es todo. Viene después que nos presentemos con tres características que no todos conozcan. En la madre, pienso. Puta, pus qué. A ver, no puedo decir que me la jalo, que neta me encanta el culito de mi novia; nada. No sé qué me describe. Me cagan estas cosas porque qué: un día quieres mariscos y al siguiente barbacoa. Estoy como a la mitad y ya sospecho de todos, pinche banda que piensa en categorías. Y entonces empiezan. Y la primera dice un par de cosas que no me acuerdo y luego que no le gusta el café. Y entonces hay risas. Y luego el segundo dice que a él sí le gusta el café porque es el de cómputo. Y obviamente hay más risas. Porque claro que tiene sentido que si vives enfrente de una compu pues tomas café. Y total que se vuelve una de las características que todo mundo dice: su puta relación con el café. Y entonces yo ya más relajado, dándome cuenta que todos estamos en lo mismo, digo –no strings attached– que me dan pánico los alacranes, que soy fan de Cuernavaca, y que eso es, evidentemente, un problema. Y hay un leve silencio de “eso estuvo cagado“, y entonces suelto la bomba.

Por suerte, eso se cura con café, que me fascina.

Y todo mundo se caga de risa.

No sé muy bien por qué, en realidad, pero supongo que porque en ese momento nadie quiere realmente pensar en algo serio, lo serio luego es muy serio como para andarlo sacando ahí en martes en la mañana. (Pero algo ligero es un poco una mamada porque si tienes más de 20 ya sabes que nada es ligero. Por eso el yoga.) Entonces es perfecto porque todo mundo se relaciona con el café, y ya nomás tienes que pensar en otros dos.

Y luego está, claro, que en realidad lo interesante no son las cosas de la lista, sino cómo está expuesta. Hay el que revela que jugó fútbol profesional pero que luego decidió abandonarlo porque le gustaban más la foto y el cine, y a sus cuarenta y pocos es la materia que da; hay la que después de decir que a ella sí le gusta el café, se atreve a confesar que detesta el aguacate; y finalmente la que dice que le encanta pasar las tardes con sus hijos, y luego le ves las ojeras y casi puedes ver todas esas tardes.

Hay una manera en la que la lista lo dice todo.

Y supongo que ese es el reto para enseñarles a los adolescentes a describir un personaje. Pero también supongo que es una cosa que más bien y, a pesar de todo, descubres con la edad.

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