“Soy un bebé en mi universo. Viviré por siempre”. Dibujos rotos para Daniel Johnston

Una vez una persona que ya no frecuento me pidió que le ayudara a hacer la lista de canciones que iban a sonar en su funeral. Recuerdo que esa persona estaba deprimida, pero yo no estaba en estos momentos en que entiendo la vulnerabilidad como lo que es, como una fortaleza además de un lugar de la fragilidad. Encontré, entre muchas otras canciones, “Funeral home”. Y me asusté porque esa persona me hizo prometer que le ayudaría a suicidarse. Por suerte para todos, eso no pasó, y 1990 de Daniel Johnston fue de los álbumes que más escuchaba entonces, entre la música que me vuelve adolescente sin edad.  Johnston se quedó por ahí, empolvándose en algún rincón de la memoria, hasta que en mi educación artística universitaria lo re-conocí en sus dibujos.

Estar loco nunca ha sido un halago. Quien piense que es “la enfermedad de los genios”, y nunca ha vivido de cerca un diagnóstico real, puede callarse el hocico -puedo decirlo hoy, con un poco de autoridad. La locura no es algo que se desee de verdad. La locura es correr por un laberinto en un túnel oscuro hacia lo desconocido, y uno no sabe de qué manera va a salir al otro lado, de qué color será la luz al final o si en algún momento va a salir. A veces también es correr con el mismo ímpetu pero en una escalera en espiral hacia arriba, sonriendo.

Daniel Johnston, se sabe, usaba el arte para salir de ahí. O a lo mejor para que el tránsito en ese laberinto no fuera tan culero. En realidad, parafraseando a Tom Zé, la tristeza no tiene fin, la felicidad sí. Nadie está exento de la melancolía, todo mundo puede entender qué se siente estar insatisfecho, cómo duele el pecho con la angustia, qué pasa cuando se es inmensamente feliz. Pero también muchas de nuestras maneras de experimentar los sentires no escapan del capitalismo y sus formas de consumo. No sólo existen maneras específicas de ser físicamente en este puto mundo, también hay una idea muy clara de la normatividad de los afectos.

Dinujo: Daniel Johnston

Los artistas y los locos no son la misma cosa. Pero para ser artista o estar loco, hay que ser honesto. Daniel Johnston era brutalmente honesto.

Yo nunca lo vi en vivo. Ni cuando vino. Y ahora que está muerto, sentí como cuando se rompe la punta de un lápiz que trae rota la mina de grafito. Por eso hoy quise dibujarle dibujos pinches, dedicados (junto con Luli, Rodrigo y David ) a toda la gente triste que le duele la muerte de gente triste que hace obra triste, ante la carajísima desolación de esta noticia y en una última ronda por la glorificación y la explotación de la esquizofrenia y la maniacodepresión como esencia del “autor».

Pueden escuchar una cápsula pequeña con la voz de Daniel en el programa de Mary Anne Hobbs, aquí. También les recomiendo escuchar a Kimya Dawson, que era su cuata y está muy, muy triste. Y estos dibujos que me salieron hoy. Y ya.

Dibujo: Emiliana Perdomo
Dibujo: Emiliana Perdomo

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Emiliana Perdomo – @emilianita

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