The End. El festival sin rostro

Por Takeshi López
@TakeshiLopez

El surgimiento de nuevos festivales independientes se está dando cada vez más por una necesidad de la escena, bandas que exigen ser escuchadas y que no han encontrado un gran apoyo por parte de las grandes productoras nacionales. Pero elaborar un festival es una labor que va más allá de tener bandas amigas y un espacio donde realizarlo, la logística y la producción van más allá: imagen, concepto, difusión y medios, área comercial, entre otros son elementos que llevarán al éxito a cualquier evento o festival por muy pequeño que parezca.

The End es un festival novato, el cual tenía un cartel modesto, con un headliner que es una muy buena banda pero que aún tiene poco público en nuestro país. Pero vayamos por partes. Al llegar al Foro Indie Rocks lo primero que noté es una falta de concepto o imagen del festival, no había nada que hiciera alusión a lo que estaba sucediendo en el lugar, nada de cartel, de horario, ni decoraciones que mostraran el concepto, ¿cómo la gente va a recordar el nombre del evento si no se ve por ningún lado? ¿cómo va a saber el público quién toca a qué hora si no hay al menos un letrero de los horarios? Sin duda una gran falta de personalidad era notoria, en el escenario sólo un decorado con unas series de luces navideñas formando algo parecido al logo que estaba en el cartel de Facebook. Algo que me pareció de una creatividad muy pobre, porque para tener una escenografía no necesitas mucho, sólo un poco más de imaginación.

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Sonaba Jack and The Ripper cuando ingresé, con unos buenos guitarrazos con distorsión y sintetizadores acidosos daban por iniciado este pequeño festival sin rostro, sin escancia. Con un mínimo de público, el lugar se veía vacío. Comprendo que como banda abridora tocarás para algunos de esos asistentes tempraneros que ya querían oír algo de música o de plano los amigos de la banda que no son más de diez. Pero para que eso no suceda, hay estrategias de difusión y logística que pueden hacer que el público llegue más temprano. Aun así esta banda mostraba el camino de lo que sería el festival. Con unas profundas voces oníricas y melodías sólidas, pasó de largo la presentación de este dueto que en su corta carrera ya llevan un SXSW a cuestas y una gira por California. Unos detalles en la cámara evitó llevarnos la foto del recuerdo, pero el sonido lo llevamos en la mente.

Para saber en que orden tocarían tuve que estar viendo la imagen publicada en el evento de Face cada rato. Los patrocinadores brillaron por su ausencia, ni una manta, un stand, que nos dijera quien había apoyado este proyecto. ¿Será este un verdadero festival independiente y lo estoy juzgando severamente, o en realidad estaba en una peda de bandas amigas y hipsters millenials mutantes? Salí al patio y poco a poco se veía el ingreso de la gente, parecía que esa falta de difusión en redes sería la culpable de la poca afluencia de personas. Llego el turno de Las pipas de la paz, un trío de jóvenes que querían rockear sin importar más nada, así que empezaron con su garage punk con influencias de rock and roll clásico que nos pusieron a mover la cabeza. Ser los típicos chicos que las morras no los pelan en la prepa por no ser cool (y creo que no los siguen pelando tanto) y pasar a ser rockeros de la escena mexicana independiente, es lo que nunca se imaginaron estos morros oriundos de la hermana republica de Ecatepunk. Aunque se les nota que su sonido debe aun cuajar machín, van por el camino adecuado que es el presentarse en la mayor parte de lugares posibles, no hay nada que curta más a una banda que eso.

Después de dos bandas claramente tocadas por el espíritu del rock, empezaba a dar esa típica sed de viernes, y la logística del evento no contemplaba un trago de chela para este melómano empedernido que sólo estaba haciendo su chamba. Ya con chela en mano y con un poco más de gente, empezó a reventar el lugar The Broccolis. La elegancia de estos chicos con smoking, nos hacía pensar que sería más fresa el pedo, pero cuando las guitarras psicodélicas y las distorsiones sonaron, toda mi idea se fue al carajo, una banda con un sonido más logrado, sólido, con imaginación y melodía, sin duda combinaron a la perfección con mi chela y las chicas guapas que fueron llegando para volverse el momento del festival. Entre el humo se veía a una triada de músicos con actitud e imagen que vale la pena seguirles el rastro. Provenientes de la misma disquera que los aclamados The Risin´Sun, Toga record más que una disquera son un colectivo de buenas bandas que para todo se apoyan. Su última rola “Diablo” dejó a todos satanizados por el mismísimo poder del rock más psicodélico que se oyó esta noche.

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Más de una cerveza se fue con la presentación de The Broccolis, pero no tanto como para obnubilar nuestra apreciación musical. Es difícil decir esto pero “la verdad nos hará libres”: la peor presentación corrió a cargo de los Headaches, banda de jóvenes posers, a los que en definitiva se les notaba su falta de ensayo, incluso de interés por el rock. Con una pose prefabricada de rebeldía, dieron un show que se vio mermado por la falta de concordancia de los integrantes, varios errores, una serie de malos chistes que nadie entendía, las varias veces que el guitarrista pidió una plumilla al público porque se le perdía. Su música con reminiscencias al rock noventero, con voces rasposas al estilo The Vines (que me perdonen los australianos por la comparación) hoy en día no sorprenden a nadie. Creo que la confusión de estos chavos de lo que es el rock, los llevó a tener ese sonido tan gastado hace dos décadas y creer que esto se trata de un “x somos chavos” y en eso se concretaba su punk rock.  Ahora sí que como dice su rola “¡ay, qué horror!”.

¿Qué haríamos sin las bandas malas en un “festival”? ¿Dónde estaría el sabor de esta nota? Pero bueno, para eso llegan las buenas propuestas para decirnos “no todo está perdido, el rock no ha muerto”. Y con una destacada presentación Has a Shadow, banda salida de la mismísima oscuridad, esa que los acompañó durante toda su presentación, porque las luces se limitaron a sólo dejar en penumbras el escenario (claramente una solicitud de la banda), nos demostró que en la escena hay mucho que oír. Un rock experimental, con sonidos electrónicos, texturas oscuras, nos fueron elevando hacia un estado exaltado, donde bien notábamos que aunque hay búsqueda de sonido, esta banda sabe a que y como quieren sonar. Algo que no todas las bandas que se presentaron pueden decir. Las voces que acompañaban estas melodías bien hacían honor al nombre, porque parecían salidas de las sombras, así como ellos que tocaban entre el escenario nebuloso llevando el ambiente aun estado denso y bien prendido. Su sonido, bien lo han definido ellos “garage psychedelic darkgaze” daba tintes de sus influencias como The Crams, Spectrum, The Chameleons. Una banda que demostraba su solidez a través de su música, y sin tanta parafernalia, dominaban el escenario con presencia y desenvoltura.

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El plato fuerte se aproximaba. The Shivas aparecía ya entrada la medianoche en el escenario a la hora prometida porque el set de Has a shadow fue corto (sí, es una queja). Ya con cuatro discos bajo el brazo, los oriundos de Portland empezaron a pudrir nuestros oídos con un excelente rock and roll. Ya con un poco más de aforo, aunque nunca se llenó (se ve que el públicos sólo quería ver a esta banda), demostraron porque eran el plato fuerte con riffs duros y una baterista chingona que llenaba de gritos y coros las rolas. La psicodelia llenó cada espacio del foro, el público cumplió con su parte de conectarse con la banda y no falto el que se animó a volar sobre la gente que se juntó frente al escenario. Fue un buen cierre, porque la banda era buena, conta experiencia de varias giras y festivales locales.

Pero si hubiera dependido de la organización, el evento dejó mucho que desear. Si hablamos de generalidades, a este festival le falta mucha personalidad y trabajo, empezando por la interacción con el público. El festival The End más bien parecía un toquín más en este foro de la Roma.

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