TIDAL o la nueva forma de venderte lo que ya tienes gratis

Apenas hace unos días se lanzó con bombo y platillo la plataforma TIDAL. Anunciado como el futuro de la música, o al menos un giro importante en la historia del pop, como una respuesta a portales como Spotify o YouTube, el detalle importante de TIDAL es que los dueños son los músicos y cantantes. Con el lema de «regresarle el poder a los artistas», la nueva plataforma pretende eliminar en la medida de lo posible los intermediarios entre los artistas y los usuarios.

TIDAL reúne a 16 músicos como accionistas: Madonna, Kanye West, Rihanna, Chris Martin (Coldplay), Alicia Keys, Beyoncé, Daft Punk, deadmouse, Usher, Nicky Minaj, Jay-Z, Jack White, Calvin Harris, Win Butler, Regina Chassange (Arcade Fire) y Jason Aldean, se asociaron con un par de empresarios neoyorkinos para ofrecer al usuario la mayor calidad de audio y video disponibles, eventos exclusivos, versiones únicas e interacción con el público.

El asunto con TIDAL es que no ofrece algo demasiado diferente a los portales que ya conocemos. Muy al contrario, la primera distinción va en contra del usuario: no hay versión gratuita, y, de hecho, hay que pagar casi 20 dólares por la versión de prueba. El paquete HD tiene un costo de 19.99 dólares al mes, y Jay-Z tuvo que invirtir 56 millones de dólares para que hubiera un paquete standar por 9.99. A lo anterior sumemos que para que la calidad que esté disponible llegue al usuario, éste debe contar también con los dispositivos adecuados, y nada baratos, para poder disfrutar de lo que ya pagó.

Por otro lado, otro argumento que se resaltó en el lanzamiento fue el de los derechos de autor. De nuevo predominó la idea de que el artista debe ser pagado por sus creaciones, y nada más lejos de la verdad. El asunto es que para un usuario común y corriente es complicado solidarizarse con los artistas, o ubicarlos como víctimas, cuando es él quien paga el precio de un boleto o de cualquier merchandise a un precio la mayoría de las veces excesivo. Hay que decirlo: si los artista sacan el argumento moral, habría que empezar a hablar de precios justos. TIDAL habla de que los artistas muevan su propio negocio, es obligado acotar que el negocio es de esos 16 artistas, sin especificar cuál será el trato con los otros músicos que no sean accionistas. De entrada, junto con TIDAL salió un músico a denunciar que la plataforma había utilizado sin autorización su música para el video promocional; además de que en la famosa firma, se usó una canción de Radiohead, una banda que se maneja con intereses comerciales bastante contrarios a la nueva empresa.

Un ejemplo (con muchos asegúnes) de cierta justicia puede verse en Netflix. Como dijo Kevin Spacey hace un tiempo, el canal ha demostrado que si se ofrece un producto de calidad a un precio justo, es más probable que el usuario pague por él a que lo robe. Y aún así, las series de Netflix están disponibles en todos lados, en la misma calidad, de manera gratuita. El argumento para pagar por la música, el cine o la televisión va más allá de si es un robo o no, se trata del avance tecnológico y de la adaptación de un modelo de negocios que está acostumbrado a ahorcar a los consumidores para ganar a toda costa.

Para muestra, basta observar el video del lanzamiento de TIDAL: 16 artistas llenos de opulencia, incómodos entre sí, hablando del deleite de la música, de ser uno con el público, pero a la vez ofreciendo exclusividades a las que sólo se accede con dinero. Si la mejor calidad está disponible para quien puede pagarla, la música en realidad queda en segundo plano. En fin, si TIDAL es, como lo anunciaron, el futuro, éste se ve como su presentación: acartonada, incómoda y llena de promesas al terminar el arcoiris verde de los dólares.

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