¿Todo menos miedo? Cómo sobrellevar la ansiedad

por Daniela Orlando
@danieltitlán

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Ansiedad 1.3

“En nuestras mentes reina la confusión; todo cambia a nuestro alrededor, cada día se produce
un nuevo cataclismo y las viejas creencias se transforman en aire y vacío. He aquí el dilema,
por un lado queremos sobrevivir, adaptarnos, aceptar las cosas tal cual están; pero, por otro lado,
llegar a esto implica destruir todas aquellas cosas que alguna vez nos hicieron sentir humanos”.
-Paul Auster

How can it feel, this wrong

La permanencia de la ansiedad es el fantasma que acecha cada momento reflexivo de nuestra intimidad. No siempre la vemos, pero sabemos que está ahí y que tarde o temprano volverá a acompañarnos, pues es la antesala a nuestros miedos constantes y conocidos. El miedo es la zona de dolor emocional de nuestra historia personal, aunque conscientemente intentemos mantener esa zona alejada de nuestra cotidianidad, la ansiedad nos señala que es parte de nosotros.

Quizá lo único que aprendimos con Harry Potter fue cuando se enfrenta a sus miedos más profundos y sabiamente se da cuenta que el suyo es el miedo mismo. El miedo desencadena distintos procesos corporales para salvar nuestra vida, sin embargo lo maravilloso de esto es que sólo reacciona a la sorpresa, a lo intempestivo y lo que no podemos prever, por ello tiene múltiples formas de expresarse. Cada una de sus reacciones responderá a la situación específica: ya sea correr, esconderse, paralizarse, llorar, etcétera, lo que engloba a estas reacciones es la respuesta a la pérdida de control. Harry, como buen millennial, le temía a no saber responder a todo lo que tarde o temprano iba a suceder, temía perderse a sí mismo.

Así como hablamos de la educación que nos convence de que nuestro futuro está en nuestras manos y esto sólo sucede en la ininterrumpible cadena de acciones para “hacer más”, no nos permite explorar la zona de lo incómodo , ahí donde decimos “no puedo”, “no quiero”, “tengo miedo”, pues son respuestas que no caben en la idea de productividad.

El éxito está asociado a la calma, la paz, la felicidad como si se tratara de una zona positiva a partir de cero. Por debajo del cero está la zona de emociones “negativas”, es decir el terreno de lo que nadie quiere ver ni presenciar, es más, es la zona que decidimos ignorar para darle tiempo al éxito. Polarizar las emociones es sólo una forma más de permitir la violencia hacia nuestro sentir, es quitarle valor al dolor y a la crisis. Las emociones no son negativas ni positivas, lo que las diferencia es la forma en cómo las confrontamos.

Permitirnos conocer el dolor y atender nuestros miedos es aceptar que no podemos saber ni prever todos los futuros posibles, pero que eso no significa que dejaremos de intentar. Por el contrario, conocer las “zonas de dolor” nos da mayor información de quién somos y cómo queremos construirnos.

Gravity’s just a habit that you’re really sure you can’t break

A la modernidad le gusta mucho hablar del equilibrio, de ese punto de estabilidad emocional que curiosamente se para en la alegría, porque queremos ser eternamente felices. Queremos el control como si fuera una gran línea recta que hay que seguir. La estabilidad en los principios de movimiento corporal se encuentran en el centro de gravedad y el punto de fuga, de tal forma que va mutando conforme el sujeto se mueve. En estos términos, una persona en movimiento siempre será más estable que alguien parado en un punto buscando equilibrio, entenderemos eso al avanzar y entenderemos también sus fronteras en la caída y recuperación.

Perder el control no es romper el equilibrio, sino reajustarlo según sean las posibilidades de cada situación. El mapa emocional nos ayuda a hacer y dejar de hacer en su totalidad, porque eso necesita el equilibrio (ya lo dijo Thanos).
Mientras creamos que la vida positiva es sólo aquella que vale la pena hacer pública para medir nuestro éxito, no podemos hacer colectivas nuestras emociones vulnerables, no podemos hacernos responsables de lo que se esconde.
Una vez más, mostrar nuestros miedos es darle razones al “enemigo” para hacernos daño (como si FB no supiera ya todo de nosotros) pero además de ser necesario, el miedo es también el espectro de lo posible, el otro lado de lo que no vemos.

With every mistake we must surely be learning

Si el equilibrio emocional existe, sin duda se construye a partir de la vulnerabilidad. A través de ésta podemos reconocer nuestras necesidades y entonces generar cambios. La vulnerabilidad es un estado al que sólo podemos llegar sin muros, es la parte más íntima de nuestra emocionalidad. Hemos asociado esta palabra con debilidad porque involucra desarmarse. Habitarla es ceder a la verdad propia, a un encuentro de total sinceridad con uno mismo, reconociendo incluso que hay mucho de nosotros que no sabemos. Reconocer lo que sentimos y nombrarlo nos permite empezar a darle orden al tejido emocional, ser vulnerables es ser por un momento espectador de nuestras sensaciones, recobrar el sentido y significado de cada acción.

Cuando enfrentamos el miedo desde la vulnerabilidad, vemos los alcances de nuestras acciones y la voluntad que ejercemos con ellas, es decir, el miedo nos muestra lo importante, las razones detrás del hacer o dejar de hacer.

One is the loneliest number

La resiliencia es la capacidad de afrontar y transformar sucesos traumáticos o dolorosos. Es importante aprender a sobrellevar la ansiedad porque detrás de ella está el miedo y ahí la respuesta a lo que necesitamos. Buscamos suprimir el dolor en cuanto lo sentimos, pero crecer y aprender es confiar en que a pesar de volver a la zona conocida, sabremos responder de manera diferente, aún sin saber a qué ni cómo.

El primer gran paso para vencer la ansiedad y el miedo es tener paciencia. Entendernos como seres mutables nos ayuda a entender que así como tardamos tiempo en aprender a hablar, todo cambio requiere tiempo de asimilación. El segundo paso es autocuidado. Tomar responsabilidad de nuestras necesidades y estados emocionales contemplando que no estamos solos y está bien pedir ayuda. Permitirnos conocer la vulnerabilidad, aceptar que también somos caóticos y erráticos. La socialización del dolor es un camino que podemos abrir para pensar en nuevas soluciones en conjunto a las necesidades y miedos compartidos.

Por último aprender y tomar acción. El miedo exige cambios, los patrones de pensamiento forman conexiones sinápticas que se refuerzan con la insistencia hasta ser automáticos, salir de ellos involucra reconocer que no sabemos todo y que necesitamos de los otros para salir del constante reflejo de nosotros mismos y nuestra historia.

Darle tiempo y espacio al miedo desde la vulnerabilidad es abrazar la posibilidad de equivocarnos y aún así intentarlo.

SIGUE A Habitar nuestro cuerpo es combatir, pelear y dignificar lo que nos pertenece. Ansiedad 1.4

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