Todxs somos policías. Sobre las críticas a las pintas

Por BMO

De repente nos brota, todos somos guardianes o policías de algo. Del monumento, del antimonumento, del respeto, de la memoria, de los muertos, de los símbolos, del patriarcado, de la banqueta, del status quo… Que a la gente le importen todas esas cosas pues está bien, cada quien sus importancias, pero cuando creen que le tienen que importar a otrx es cuando nos transformamos en policías, y a veces ni sabemos de qué prisión.

Muchas veces nos hacemos policías de la misma prisión que a nosotrxs nos jode. Es bien triste, bien común, y bien fácil de no ver. De hecho, esas prisiones se construyen para eso, para ser invisibles y para vivir calientitas y cómodas dentro de los cuerpos.

Veo muchas críticas de la pinta (una pinta solita, hay que recalcar) en el antimonumento +43. La pinta dice “nosotras no somos Ayotzinapa”, y lo hicieron unas morras a las que Ayotzinapa no las representa, evidentemente. ¿Por qué no las representa? Habrá que indagar. Pero lo que veo son un chingo de reacciones que van desde, con mayúsculas “TAMBIÉN SON SUS MUERTOS” (ok, gracias por mansplicarles sus lutos), hasta los muy previsibles “falta de respeto” (whatever that means), “me duele ver que cancelan otras luchas”, “oh dios mío cuchillada a mi corazón progre”.

Para esas personas indignadas con la pinta (que no es lo mismo que dolidas) tengo algunas reflexiones. La primera es si todxs tenemos que ser Ayotzinapa. La segunda es que se profanó un símbolo, supongo que lo que les indigna y duele entonces es lo que significa ese símbolo. Así como a Carlos Marín le duele que pinten la banqueta con “todos somos Ayotzinapa”, porque la banqueta debe significarle algo bien importante (supongamos que es el “civismo”), y pues sí, lo están vejando con su aerosol. La banqueta y el antimonumento son, entonces, ambos símbolos. Con uno, oh progres míos, sí están de acuerdo, con el otro no.

Aquí hay algo que quiero hacer notar: tanto la banqueta como el antimonumento cargan con más significados que sólo los más evidentes. Ni la banqueta profanada es exclusivamente el civismo ni el antimonumento es exclusivamente los 43. O al menos no cuando alguien quieren que signifiquen algo para alguien más.

Y ahora les tengo una cita de Emilio Gamboa:

Al pedir que se fortalezcan instituciones del país como el Ejército, Gamboa Patrón señaló que el Gobierno Federal respeta la libertad de expresión y de manifestación de las víctimas del delito, en especial de los padres de los estudiantes desaparecidos.

Nuestras fuerzas armadas son instituciones sólidas que han sabido estar a la altura de los desafíos del país y contribuido a afianzar nuestro régimen democrático, con respeto a los derechos humanos. Su apertura y disposición debe ser correspondida con respeto y responsabilidad de todos, por lo que no deben ser objeto de provocaciones vandálicas encubiertas en justos reclamos”, insistió.

http://www.noticiasmvs.com/#!/noticias/pide-gamboa-a-padres-de-ayotzinapa-no-vandalizar-instalaciones-militares-72

Más allá de la emoción que causa el que le falten al respeto a tu símbolo, o que la gente no comparta tus ideales (que por definición una considera nobles, y por lo tanto sí duele), creo que se puede analizar qué efectos tienen las diversas acciones. Esto es algo que gente como Aguilar Camín suele decidir ignorar, pues este señor, que me parece bien detestable, la verdad es que no dice mentiras cuando enumera los crímenes que han cometido los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Pero nosotrxs sabemos que los efectos de esos crímenes, a pesar de ser los mismos crímenes que los que comete el narco, tienen diferentes efectos. Así que con esto de los efectos me gustaría preguntarles, ¿qué efecto creen que tendrá esa pinta de “nosotras no somos Ayotzinapa”? Más allá, claro, de los sentimientos personales de los que estaba hablando. ¿Lo verá Peña Nieto y se sentirá identificado porque él tampoco es Ayotzinapa? ¿Se retrasarán las investigaciones sobre la noche de Iguala? ¿Habrá quejas desbordadas por la pinta?

http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/Ayotzinapa-impunidad_18_635516468.html

Este último efecto ya está ocurriendo. ¿Y qué efectos tendrá la queja desbordada por la pinta? Aquí es donde entran los otros significados no evidentes de la banqueta y del antimonumento. Les invito a remitirse a las quejas desbordadas de su reaccionario favorito (Luis González de Alba, Carlos Marín, you name it), y ver los comentarios de la gente. Esos son algunos de los efectos de esas quejas desbordadas: material jugoso para desvirtuar cualquier tipo de movimiento social, espejos donde lucen súper relucientes quienes buscan cualquier argumento para señalar que tienen razón, que el status quo siempre tiene la razón. Ojos que se alejan de las dudas, ¿por qué los normalistas de Ayotzinapa secuestran autobuses? ¿Por qué los indignados por los 43 rayan banquetas? ¿Por qué esas morras no son Ayotzinapa?

Creo que otro efecto de estas críticas y quejas desbordadas, muy muy útil, pero que se pasa por alto, es que también puede servir para ver de qué eres policía, en dónde tienes puesta tu vigilia, qué prisión estás resguardando, lo sepas o no. Es decir, qué otra cosa significa la profanación de tu símbolo. A mí ya me quedó más o menos claro cuál es la prisión que resguardan esas críticas por la pinta.

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