Una flor a la flor de Bibi Gaytán

Por Benjamín E. Morales (cuando era niño)
@tuministro

Como cualquier texto que implique cierta entrega personal, esta nota va firmada. Pero si buscáramos la corrección, no lo está, o de una manera lejana. Esta nota la escribe el que fui, y si Antoine de Saint-Exupéry le dedicó su famoso libro al amigo que fue cuando era un niño, me doy la libertad de imprimirle a estas letras una ligera mancha de inocencia, pues estas son las palabras del que fui cuando niño.

littleben

Ahí estoy, lleno de optimismo. Y con muchas ganas de aprender. O enseñar, aparentemente, sobre el burro. Un animal de bello carácter y pocas miras. Mi madre debe conservar esa cartulina, como ha de conservar cada una de esas pequeñitas muestras de capacidad cerebral. Cosa de madre. Sin embargo, ese pequeñín, a parte de una vocación pedagógica notable, tiene un secreto. Y lo llamo secreto ahora, porque los secretos no son tales hasta que se ha perdido toda inocencia, pero así lo nombro por razones prácticas. Y el secreto, que no lo es tanto, pero lo es, resulta de una relevancia notable. Este niño está enamorado, o eso piensa. ¿Y de quién? Pues muy sencillo. De ella:

bibi

Bibi Gaytán o Silvia Viviana Gaytán Barragán, nacida un maravilloso 27 de enero de 1972 en Tapachula, Chiapas. Cantante, actriz, esposa y madre, pero ante todo, la raíz de todos los problemas que vendrían para el niño que ama a los burros.

bibi1

Parte en algún momento de Timbiriche, después de Muñecos de Papel, para saltar a una carrera solista frágil a la par de un meteórica ascenso como actriz de telenovela truncado por el matrimonio, los hijos y, si nos queremos ver misteriosos, el silencio, apenas interrumpido de vez en cuando. Bibi Gaytan, lo sé de facto, fue el arquetipo de mujer para toda una generación.

No necesitaba estar al frente.

No necesitaba cantar bien.

No necesitaba actuar.

Como el Gran Cañón o las Cataratas de Iguazú, Bibi no necesitaba nada, simplemente existir. Y el pequeño Benjamín lo supo en el primer instante en que la vio. Y aquí es donde la cosa se pone rara, y uno comienza a pensar que los niños no son tan bonitos como la mayoría piensa, pues mi primer encuentro con Bibi, el definitivo, lleva el signo de la violación. Así es. Fue una tarde en casa de una tía, viendo la televisión, en particular una telenovela, que no se si recuerdan o conocen, pero que me es fundamental: Baila Conmigo.

Este extraño drama rockanrollero ubicado en el México de los cincuentas, tenía por protagonistas a la mujer referida y a Eduardo Capetillo, pronto a ser su esposo y carcelero, y en el mismo, la señorita Gaytán sufría del abuso sexual al que la sometía un bandolero cuyo nombre no recuerdo pero que, esto sí lo recuerdo bien, muere de manera horrenda y bien merecida en un incendio (o eso creo, ¿sobrevivió para la vengaza? Alguien tendrá que decirme). En fin, el pequeño Benjamín vio la escena y no comprendió nada. ¿Por qué alguien lastimaría a esa muchacha tan bella? Y aquí la cosa: ¿por qué le robarían su flor? Y es que, perversamente, el director de dicho drama decidió que, tras el crimen, Bibi corriera por un descampado con la ropa hecha girones gritando: me quitó mi flor.

bibi11

¿Qué flor? ¿Dónde la guardaba? ¿Por qué no podía recuperarla? ¿La conoceríamos en algúm momento? ¿Por qué a Bibi? ¿¿Por qué?? Esas eran preguntas que me asaltaban de manera pesadillesca en mis albores infantiles. Y la amé más por eso. Ahora que había perdido su flor, tal vez yo pudiera encontrarla y guardarla para ella, como en El Principito, ¿recuerdan? La flor de Bibi Gaytan en una pequeña urna de cristal, y yo su eterno guardia. Esta idea me obsesionó durante años. Hasta que me enteré de qué se trataba eso de la flor, y mi flor perdió el último de sus pétalos. A partir de ese punto todo es cuesta abajo.

bibi1111

Pero, a pesar de los retorcidos caminos de la sexualidad, de Bibi conservo ese primer amor, no puedo evitarlo, y se extiende a su vida y sus modos raros del ahora (incluso amo a Capetillo). No es que la siga, ni que me haya convertido en un violador para tratar de repetir ese primer impulso. No. Todo lo contrario. Tal vez, por ella, aún tengo un poco de lo que fui. Tan sólo vislumbrar que quise conservar su flor, me hace un poquito más fragil, y eso se tiene que agradecer. Incluso, al pensarlo me convierto en eso que soñé. De alguna manera encontré la flor de Bibi y la riego y mantengo fresca en la medida de mis posibilidades. Como en cualquier gran amor, la imaginación es lo que cuenta.

bibi122

Así que estas palabras son del niño que fui para Bibi Gaytán. Y sé que si él le pudiera decir algo sería: Bibi, ya no llores, yo cuido tu flor.

Comments

comments