Una lección de economía para el ciudadano común. Branko Milanovic en la CDMX

por Gabriela Astorga
@Gastorgap

para Diego Castañeda

“No soy economista, yo estudié literatura”. Esa fue la frase con la que empecé mi corta conversación con Branko Milanovic, después de prometerle que sólo le haría dos preguntas. Él, un tanto cansado tras dos entrevistas relativamente largas (esas sí sobre economía) y una conferencia de casi dos horas sobre desigualdad global, accedió con una sonrisa incrédula. La sonrisa creció con mi confesión inicial.

Empecé a leer y a interesarme sobre el tema de la desigualdad hace más o menos un año por un proyecto de trabajo. También por trabajo, y por disciplina, había decidido leer y hacer lo posible por entender las noticias de economía. Y, más que eso, quería entender por qué la gente se interesa casi nada en un tema que le afecta de tantas maneras, sobre todo en un país con un número tan ominoso de personas en pobreza como el nuestro. Después de muchas charlas y un par de clases de un buen amigo, y a punto de entrar a un curso sobre desigualdad del que pensé entendería muy poco, llegué a Los que tienen y los que no. Una breve y singular historia de la desigualdad global, de Branko Milanovic, y todo se volvió más claro: el libro incluye una serie de viñetas en que el autor explica y ejemplifica algunas nociones de economía a partir de cuestiones de la vida cotidiana, urbanismo, historia y literatura. Entonces la clave se hizo obvia: la economía, como casi todo lo que el ser humano ha intentado entender en el mundo, necesita ser narrado.Branko2

Branko Milanovic es un economista serbio estadounidense, uno de los más importantes especialistas en temas de desigualdad en el mundo y profesor de la Universidad de Nueva York, que estuvo un par de días en México para presentar su más reciente libro, Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización, publicado en español por el Fondo de Cultura Económica. Como parte de su visita, Milanovic dictó una conferencia magistral en la Cámara de Diputados el pasado lunes 4 de diciembre. En un auditorio lleno, en su mayoría por presumibles estudiantes, políticos, especialistas, un par de periodistas y varios fans del profesor, la conferencia comenzó con la frase que me había atrapado de Milanovic: hay que establecer una narrativa para explicar los hechos. Si asumimos, en una noción bastante arbitraria, que la narrativa es una construcción de unidades que se relacionan entre sí, por medio de un narrador, de un mundo de acción e interacción humanas, el trabajo de Milanovic, en este libro (y en otros textos, de su blog, particularmente) muestra cómo la economía va determinando ese mundo de acción y el modo en que se relacionan los seres humanos: ¿quiénes tienen y quiénes no? ¿Quiénes ganan con la globalización y quiénes no? ¿Cómo aumenta o disminuye la desigualdad a lo largo de la historia? ¿Cuáles son las “fuerzas” que favorecen o impiden quer unos tengan más que otros?

Cuando le pregunté a Milanovic en qué le ayudaba la narrativa literaria para explicar la economía, de entrada me dijo que no creía que la lectura aportara algo por sí misma, pero sí contribuía en la facilidad de contar una historia. Leer y escuchar a Branko Milanovic es establecer de los vínculos con la Historia y con las historias de las relaciones humanas. El autor utiliza algunas novelas, en especial del siglo XIX, para construir esta narrativa pues, dice Branko, “hablan mucho de dinero, de salarios, de la riqueza, de herencias. Hablan mucho más de cuestiones sociales, y así tratamos de la economía y del dinero“. Así, podemos entender que no sólo hablamos de abstractas nociones económicas, sino de cómo formamos las sociedades. Entonces las preguntas por la desigualdad también pueden ser ¿en qué me beneficia o perjudica el lugar en que nací? ¿Cómo determina mi nacionalidad, el ingreso de mis padres y el lugar donde vivo, el tipo de personas con quienes haré amistad, la escuela a la que asistiré o el tipo de trabajo que tendré, entre tantas otras cosas?Branko3

Discutir acerca de dinero no es sólo hablar de si lo tenemos o no, o de cuánto tenemos, sino también de la manera en que se van configurando las sociedades y vamos tomando decisiones que creemos que no dependen exclusivamente del dinero. Indagar en cómo funciona la economía es una manera más de narrar, y de explicar, cómo funciona el mundo en que actuamos e interactuamos; es conocer un diseño del tablero que nos ayuda a tomar decisiones. De una extraña manera, solemos creer que para entender mejor el mundo en que vivimos debemos conocer de historia, de cultura, de política, pero cuando llegamos al tema de la ecnomía nos parece o una decisión más personal o una circunstancia a la que estamos sujetos pero en la que no tenemos demasiada injerencia. Al focalizarnos en lo personal, perdemos perspectiva. Milanovic dice que no utiliza novelas modernas para ilustrar algunos nociones de economía, pues “se concentran en lo interno, y ahí el dinero no juega un papel”. Pero si invertimos la relación, podemos notar la influencia de esas nociones de la economía no como algo aislado, sino como elementos que delinean desde políticas públicas, pago de impuestos, índices de violencia, niveles de bienestar, hasta el modo en que convertimos nuestras relaciones personales en relaciones públicas, las amistades en sociedades, directorios en redes de contactos, etcétera.

Trabajos como el de Branko Milanovic nos ayudan a entender que, al igual que otras áreas del conocimiento, la economía no es una cosa fija, sino que ha cambiado a lo largo de la historia de la mano del cambio de las sociedades, que hay diferentes maneras de aproximarse a ella, y que hay formas de narrarla para hallar sentido en algunas cuestiones de nuestra vida cotidiana, y sobre todo de nuestra vida en sociedad. Cuando le pregunté a Milanovic de qué modo el ciudadano común podía acercarse más a temas tan importantes como la desigualdad, me respondió que esperaba que a partir de libros como el suyo, pero que sabía que su libro era “para un ciudadano informado, no especialista, pero con ciertos conocimientos de historia, de política y de economía”. Honestamente, me quedé pensando si ese era un ciudadano común, al menos en México. Luego pensé en el uso de la palabra “común”, que mal usamos para referirnos a algo que hemos normalizado, pero que si vamos a la raíz etimológica, viene del prefijo latino cum (junto, cerca) y la palabra munis (que cumple una función), y se relaciona con la raíz mei (cambiar o mover). En una traducción libre, “común” sería lo que cumple una función y cambia en conjunto. Y en este momento de nuestro país, cabe trabajar no sólo para defender nuestro derecho a estar informados, a saber, a decidir, sino también a cambiar y a movernos juntos.

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Al final, después de su repuesta, y pensando que no soy economista y que estudié literatura, me vino a la mente que en muchos sentidos la economía puede parecerse más a cierta poesía: nos parece compleja de entrada, no es literal, implica ciertos conocimientos técnicos para entenderla del todo, pero al final expresa mucho más de nosotros de que lo creemos. Eso ya no se lo dije porque le prometí que sólo serían dos preguntas. Al despedirnos, me dijo que en realidad habían sido tres, pero que podíamos seguir hablando por twitter. Yo sonreí, como él sonrió al inicio, porque no fueron tres preguntas, en realidad fueron cuatro.

Crucé el Palacio de San Lázaro para salir, crucé el metrobús, crucé dos líneas del metro, crucé la ciudad de centro a sur, hice el viaje común al trabajo común de un ciudadano común. Me moví junto con otros, más cerca de unos que de otros. Y el dinero sí que importa, el dinero nos narra, y de muchas formas.

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