¿Ver o no ver el video del tiroteo en Monterrey? Algunas propuestas de reflexión

Lo que sucedió hoy en la mañana en el Colegio Americano del Noreste de  Monterrey es simple, claro y contundente: un chico de 15 años entró a su salón de clases armado con una pistola calibre .22, y disparó a su maestra, a tres compañeros y después a él mismo. No hay mucho más. Las razones por las que el estudiante decidió hacer tal barbaridad, la seguridad en las escuelas, el contexto social que propicia un hecho así, las consecuencias que habrá en las escuelas, el control de armas en nuestro país, e incluso las preguntas sobre la crianza de los niños en este mundo que nos tocó vivir, son reflexiones que se detonan a partir de ese acontecimiento terrible. Sin embargo, parece que en realidad todo gira alrededor de la difusión del video que documentó ese hecho simple y llanamente trágico.

Difundir o no el video del chico disparando, o las fotos de los heridos, parece ser una cuestión fácil de responder, pero no lo es tanto. ¿Por qué vemos ese video? Y sobre todo ¿para qué lo compartimos? La discusión sobre este tema toca aristas que van desde la libertad de expresión, hasta la protección de las víctimas o la empatía por el dolor ajeno. Y quizá lo único cierto es que esta discusión debe tenerse porque forma parte de entender cómo nos afectan acontecimientos como éste. A continuación presentamos algunos argumentos que hemos recuperado y que nos parecen importantes sobre el tema.

* Libertad de expresión

Este es el tema que más rápidamente sale a relucir en momentos como éste, y tiene especial peso cuando se refiere a contenido que se difunde en Internet. No obstante, es también el que se banaliza. Sí, todos tenemos derecho a decir lo que se nos dé la gana, a publicarlo y compartirlo. No vamos a caer en la tentación de decir que la libertad debe tener un límite, pero tampoco podemos decir que no hay consecuencias. Todo derecho inalienable es complejo y merece ser pensado en su justa dimensión: las palabras no son inocuas, están hechas para generar una reacción, y sea ésta positiva o negativa, va encaminada a generar un diálogo. Cuando la libertad de palabra implica una cerrazón a una respuesta, no se ejerce un derecho, simplemente se dicen cosas.

* La postura editorial

El tema va, evidentemente, dirigido a los medios de comunicación, pero también a lo que nosotros como espectadores exigimos de ellos. Mucho se cuestionó que los medios difundieran el video, al asumirlo como una forma alevosa de generar tráfico. Este argumento choca directamente con la postura de los medios de comunicación de ofrecer la totalidad de la información disponible sobre un caso. El peligro de apelar a la autocensura de los editores y periodistas es quedar a merced de que alguien más decida qué debemos o no saber. Sin embargo, si la publicación de un documento como el video del tiroteo no está respaldada por una línea editorial sólida, que busque propiciar una reflexión en los espectadores, resulta gratuita y contribuye más a la revictimización de los involucrados que al derecho a la información.

* Todo en su justa dimensión

Una postura compleja y muy debatible es la de ver las imágenes para tratar de entenderlas en su justa dimensión. Sobreanalizar algo a veces también da la oportunidad de encontrar el detalle en que nos permite darle sentido a un acontecimiento que parece no tenerlo. Ver una imagen una y otra vez puede ayudar a aceptar que, lo que creíamos inconcebible, sucedió, que es es parte de nuestra realidad. Aceptar que un tiroteo como el de Monterrey no es ajeno a nosotros puede llevar a tomar medidas para que no suceda de nuevo. La empatía no siempre consiste en ponerse en los zapatos del otro, sino en asumir que nunca quisieras estar en ellos.

Cabe decir que bajo esta perspectiva no cabe la difusión del video, pues implica únicamente una exposición personal a un hecho irracional que nos rebasa.

cartuchos

* El fenómeno estético a partir de la reproducción 

Una postura aún más compleja que la anterior es ver el video desde una perspectiva estética. Un video es al final un documento proclive a lecturas que van mucho más allá del hecho que documentan. Las distintas lecturas que los espectadores pueden darle son otra manera de entender los hechos. Por ejemplo, la masacre de Tiananmen no tendría la misma potencia histórica sin la difusión del video del hombre arrasado por el tanque. Es a lo que se refería el compositor Karlheinz Stockhausen cuando calificó el atentado a las Torres Gemelas como la mayor obra de arte de la historia. No sólo se trata de ver la belleza del terror, sino de asumir una distancia crítica y ver qué dice un acto violento como el tiroteo de Monterrey  sobre nosotros como humanidad. La objeción a esta postura es, evidentemente, que se ve a las personas que aparecen en el video como objetos, como algo presente para ser contemplado. Al igual que el argumento anterior, es una experiencia personal que, en el momento, no hace las paces con el hecho. Igualmente, lo importante de esta experiencia es ser conscientes de cómo nos cambia exponernos a un documento así, en qué nos convierte.

Tiananmen

* El morbo, la nota roja y la cruda realidad

La principal objeción a ver y compartir el video es la gratuidad, el hacerlo sólo por morbo. En ese sentido es la discusión eterna sobre la nota roja. Países como Cuba o Venezuela han prohibido ese tipo de publicaciones porque elimina la empatía por el otro y normaliza actos violentos y los vende como mero entretenimiento. Por otro lado, cabe recordar al difunto director del Alarma!, que sostenía que nadie daba las noticias de manera tan verídica como la nota roja, pues exponían los hechos sin ningún tipo de maquillaje. Ahora que las noticias corren más por las redes que por el papel, ese efecto de “cruda realidad” queda en segundo plano: pareciera que lo que rola por las redes perteneciera a un espacio que no es el mundo tridimensional que todos habitamos. Así, se pueden exponer a sus “amigos” y contactos a videos e imágenes con la idea de “compartir”, como si de alguna manera eso sustituyera la empatía. Comparto como doy un like , no importa si la imagen es un tiroteo o un gato, y si ese gato está muerto o en adopción.

* Una imagen no vale más que mil palabras

Una de las discusiones más nutridas sobre el tema del video implicaba que era válido, incluso necesario, verlo para conocer el hecho. Bajo el argumento de “una imagen vale más que mil palabras”, el video se presenta como la única opción real de percibir el tiroteo. Parece que el lenguaje ha perdido su capacidad de comunicar, la narración de los hechos no basta para informar algo, la descripción del horror es incapaz de apelarnos, es necesario verlo, como si eso lo hiciera real. Que alguien te cuente ya no es válido, necesitamos testificar todo, y la imagen los da la ilusión de estar presentes, de meternos en la narración de los hechos. Los importante en las redes sociales en un punto ya ni siquiera era compartir el video, sino decir que lo habíamos visto; meternos en el relato y expresar qué sentimos al verlo. Ya no basta con conmoverse, asquearse o indignarse, alguien más tiene que saberlo para validarlo. El tiroteo y las víctimas pasan a segundo plano, eso que no nos bastó con escucharlo, ahora es un simple pretexto para producir nuestros propios espectadores.

Luto

Así es, muchachos y muchachas, siempre resultará complicado decidir qué hacer con la tragedia. Lo único que nos queda proponer la discusión. Esperamos que, después de leer, al menos sepan qué harán con esto:

https://www.youtube.com/watch?v=LJrpFs2l3ow

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