#Voto18. “La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos”. Entrevista a Daniel Nudelman

El proceso electoral del 2018 ya empezó, y en torno él, la opinión pública y los contendientes hacen diversas lecturas. Para algunos, la elección del próximo año debe de dar pie a la continuación de un proyecto de nación, y para otros, debe de ser un punto de inflexión. En una arena electoral plagada de actores con agendas políticas radicalmente diferentes, las elecciones del próximo año transcurrirán entre dudas y desconfianza, mientras la viabilidad de la democracia en México es puesta en tela de juicio por la ciudadanía. Ante esta coyuntura, #Voto18 es un proyecto que busca llamar a la reflexión acerca de cómo nos aproximamos a las elecciones del siguiente año, para abrir la discusión hacia sectores jóvenes que por primera vez votarán en las presidenciales, y también hacia grupos de la sociedad absolutamente desencantados de la política. Así entrevistaremos a diversas personas con disímiles perfiles, corrientes ideológicas y edades, con el fin de arrojar algo de luz al respecto de lo que ocurrirá el próximo año y en los venideros.

“La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos”
Entrevista a Daniel Nudelman

por Ximena Ramos
@Xime_Rms

Alan Plata
@AlanPlata_97

Miriam Silva Taylor y

Katia Rodríguez

 

Alan Plata: Para comenzar quisiéramos que tú nos dijeras cuál consideras que sería la trascendencia de las elecciones del 2018. Es decir, la importancia histórica, coyuntural que tendrían estas elecciones para el país.

Daniel Nudelman: Creo que todas las elecciones en México son coyunturas de cambio en las que se abren oportunidades. El país lleva ya cerca de cuarenta años implementando un modelo económico neoliberal que se ha traducido en una aguda concentración de la riqueza, en una seria polarización social y en la medida que otras modalidades de transformación política están excluidas –o no tienen suficientes adherentes– creo que es sólo mediante elecciones que se puede elevar otro proyecto de nación al poder. Esa es la oportunidad entrañada por las elecciones del 2018, aunque sea una oportunidad estrecha, porque como todos sabemos nuestra democracia electoral es muy incompleta, las elecciones son muy sucias, las autoridades son sesgadas y facciosas, pero si se consigue un resultado lo bastante decisivo, probablemente se consiga una alternancia en el poder. Creo que esa es la importancia de las elecciones el 2018, como fue la importancia de las elecciones de 2012 y de 2006.

Ximena Ramos: Sobre esto que mencionas de cómo es que se dan las elecciones en México, además del proceso electoral en sí, ¿consideras que México tiene las condiciones económicas y sociales necesarias para llevar a cabo la democracia?

DN: Yo creo que la respuesta a esa pregunta depende de la definición que uno haga de democracia. Una definición comprensiva, una definición amplia que entiende a la democracia no nada más como procedimientos políticos o libertad de asociacionismo y de registrar partidos y de que las autoridades se sucedan mediante voto, etcétera, evidentemente en México no existe. No existen ni las condiciones objetivas por esta polarización de la riqueza y de clases que existe, ni las subjetivas porque no hay educación, ni cultura cívica, ni cultura política, ni movilización, ni participación suficiente. México evidentemente no es una democracia en la acepción económica o social del término.

La mayoría de los analistas utilizan una definición más estrecha de democracia, la definición procedimental, que establece como requisito únicamente la verificación de elecciones competitivas. Pero aún en ese caso creo que en México no hay una democracia procedimental, porque los votos no son contados con transparencia, las campañas no se desarrollan en un terreno nivelado, predominan prácticas corruptas de compra del voto y clientelares de movilización de las bases.

México no es una democracia independientemente de si aplicamos una definición social y amplia económica del término, o una más estrecha y de carácter procedimental. Pienso, sin embargo, que si la participación es lo suficientemente elevada y una opción anti-neoliberal capta suficientes votos, existe una muy estrecha posibilidad de alternancia en el poder, y que el impulso de un proyecto de nación distinto avance hacia la creación de esas condiciones objetivas y subjetivas para que haya una mayor democracia, en términos tendenciales, que no absolutos, porque en último análisis yo pienso que capitalismo y democracia son mutuamente excluyentes.

Miriam Silva Taylor: ¿Qué responsabilidad crees que tienen los partidos políticos en cuanto a las fallas democráticas que tiene el país?

DN: Los partidos son parte del problema en México. La mayoría son muy verticalistas, no cumplen con las tareas que Lenin definió como las responsabilidades del partido entre las masas, de educar al electorado, hacer agitación omnímoda, crear conciencia, crear las condiciones subjetivas a las que me refería hace un momento. Justo muchos rasgos de nuestro sistema político, que define a nuestros partidos como entidades de interés público con derecho a presupuesto, los ha alienado de las masas, los ha alejado del electorado y ha creado un personal político completamente enajenado que ve más por sus intereses de grupo que por los sectores de la población que aspira a representar. Entonces, los partidos son parte del problema, unos más otros menos. Pero no están cumpliendo con su responsabilidad en materia de crear cultura cívica para crear condiciones de una democracia auténtica.

La mayoría además son cada vez más indistinguibles unos de otros, así se explica uno que puedan formar alianzas coyunturales. Todos están cada vez más de acuerdo en un modelo económico neoliberal, la diferencias entre uno y otro son de grado y no de clase. Aunque sí existen algunos sustantivamente distintos, pese a que no tengan prácticas internas democráticas.

AP: Es interesante pensar que las candidaturas de los presidenciables, por parte de los partidos, tienden a no ser democráticas.

DN: No, no refiero estrictamente a la designación de los candidatos. Yo creo que los partidos necesitan autonomía interna, y funcionar como mejor quieran. No son democráticos en el sentido de que no crean cultura política, no crean conciencia, no movilizan −a no ser mediante prácticas clientelares de reparto de tinacos, despensas y tarjetas de Soriana−, no crean una base informada e ideológicamente comprometida con su programa. Es decir, son partidos que no crean sociedad civil, sino que más bien medran de la sociedad, la expolian para imponer sus intereses de grupo en tanto personal político.

AP: ¿Tú cómo considerarías las propuestas de los proyectos de nación? ¿Hay proyectos de nación que vayan hacia otro rumbo, que no planteen la continuidad, o todos van orientados hacia la continuidad del neoliberalismo en México?

DN: Existe una opción antineoliberal, que no anticapitalista ni revolucionaria. Existe una opción antineoliberal y reformista, representada por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). López Obrador en el transcurso de los últimos doce años ya ha demostrado que tiene un proyecto alternativo, que si bien tiene limitaciones serias en muchos renglones, sí es por lo menos antineoliberal, y está comprometido con una agenda de desarrollo capitalista nacional, y también de redistribución del ingreso mediante una política social de una envergadura y de una profundidad que no tiene paralelo en las plataformas de los otros partidos. Cosas como las que implementó en el Distrito Federal, que, aunque sean también asistencialistas, sí apuntan a una redistribución del ingreso, a una reactivación del mercado interno, a un crecimiento de la economía orientado al interior y no al exterior, a una acumulación del capital en la esfera nacional, en lugar de la succión de nuestra riqueza hacia los centros. Por eso pienso que representaría una diferencia importante, aunque haya otros aspectos en los que MORENA se parece a otros partidos.

Vemos a MORENA reciclando políticos con trayectorias muy lamentables, como el propio Monreal, yo no sé porque no lo dejan irse y san se acabó, López Obrador insiste en retenerlo dentro de MORENA, junto con otros muchos oportunistas cuyas bases políticas son de carácter clientelar. Aunque MORENA es igual a los otros partidos en muchas cosas es sustantivamente distinto en otras, lo bastante para constituir una alternativa, y este aspecto me parece importante. Es cierto que todos los partidos son iguales y son igual de horribles, hay unos menos iguales que otros y la diferencia es lo suficientemente importante en materia del futuro para el país como para que sea importante votar por ellos.

AP: Decías al inicio de tu comentario que no había una opción anti-capitalista, ¿entonces tú no consideras como una opción al Concejo Indígena de Gobierno y a la vocera Marichuy como una opción viable?

DN: Yo creo que Marichuy sí es anticapitalista, pero no es una opción. No hay ningún escenario en el que sea creíble como apuesta al poder, sencillamente Marichuy no puede ganar. Me cae bien Marichuy y aplaudo y celebro la lucha que hace el EZLN, pero el registro de una candidata ciudadana independiente me parece lo que Lenin denominaría “aventurerismo político”, no tiene posibilidades de triunfo en ningún escenario y lo único que hace es fragmentar el voto anti-neoliberal, comprometiendo las posibilidades de triunfo de opciones que sí las tienen, como López Obrador. Me encantaría que viviéramos en un país en el que Marichuy pudiera realmente ganar una elección e impulsar un modelo de sociedad distinto desde el poder, pero no vivimos en ese país. En la medida en que su propuesta no es realista y es políticamente inviable es irresponsable y aventurera. Si todos los candidatos fueran iguales, entonces podríamos votar por Marichuy en un acto político testimonial, pero sí existen opciones, entonces votar para hacer un testimonio de oposición sin viabilidad alguna me parece que no es la opción. Las elecciones son para ganarse, no para poner temas a discusión sobre la mesa, ni para visibilizar grupos. Insisto, las diferencias entre candidatos que sí pueden ganar son lo bastante importantes como para que uno no se neutralice políticamente votando por alguien que sencillamente no puede ganar. Insisto en que hago este comentario con el más reverente respeto por la lucha y la trayectoria del EZLN y de la propia Marichuy, contra quien no tengo nada.

XR: Regresando a la crítica que tú haces a los partidos políticos, ya que evidentemente no eres el único, ¿qué opinas de las acciones que se están tomando para resolver estos problemas, es decir, las candidaturas de independientes y la reducción del dinero público que se le otorgaría a los partidos?

DN: La reducción del dinero público me parece bien. México, en sus condiciones de desarrollo económico, no se puede permitir el lujo de tener una democracia tan cara, despilfarrando tanto dinero en partidos que le devuelven tan poco. Son partidos que no crean vida pública, que no crean espacio público, son partidos que no constituyen verdaderas alternativas, gastar dinero de los impuestos en ellos es como tirarlo a la basura. Estas campañas costosísimas en las que se tapizan ciudades enteras con retratos favorecedores de gente sin ninguna trayectoria ni ningún programa, ni ninguna ideología es tirar dinero a la basura. Lo apropiado sería que se crearan espacios públicos para el debate de programas, gratis, imponiéndoselos a las televisoras mediante la ley. Después de todo, si aprovechan nuestro espectro radioeléctrico, muy bien podrían pagar ese favor que les hace la sociedad creando espacios gratuitos para la discusión de programas en lugar de que se gasten millones en partidos clientelares y corruptos.

Gastar una fortuna en candidatos ciudadanos independientes –78 eran en un primer momento– me parece que es saltar de la sartén al fuego, es echarle más dinero bueno al malo. Estos candidatos ni son independientes, ni son más ni menos ciudadanos que los otros, todos los políticos son ciudadanos y todos los candidatos ciudadanos son políticos, entonces no son una diferencia, no comportan un cambio. ¿Por qué habría de ser más representativa gente que no pertenece a una asociación, que no pertenece a un grupo político con trayectoria? Vemos de nuevo a una manga de oportunistas abominables aprovechándose de este espacio abierto por la ley electoral para medrar. No he escuchado de un sólo candidato ciudadano que se plantee como una verdadera alternativa a la miseria política que estamos observando; no han enriquecido en nada nuestro espectro político y de nuevo nos están costando una fortuna.

AP: Claramente los candidatos y los partidos políticos son actores fundamentales, pero el otro actor importante es el Instituto Nacional Electoral. ¿Cuál sería tu balance del Instituto y cuál crees que es el papel de dicho órgano en las elecciones?

DN: Considero que la existencia de una autoridad electoral inatacable, que pueda jugar un auténtico papel imparcial y arbitral es muy importante en una democracia electoral, sobre todo atendiendo a la historia del régimen político mexicano cuando las elecciones fueron organizadas por ramos del gobierno como la Secretaría de Gobernación, que eran increíblemente sesgadas, parciales y facciosas. Por lo tanto, sería importante tener una autoridad electoral que garantizara unos comicios limpios y un respeto a las reglas del juego convenidas por todos. Sin embargo, el INE ni el IFE han sido nunca eso, al contrario, han sido parte del problema. Ha demostrado su incapacidad en el pasado, y de forma lamentable es monstruosamente caro y de nuevo es dinero tirado a la basura porque no está cumpliendo con sus funciones. Además, a veces se excede en sus atribuciones, convirtiéndose en un freno a la movilización política, estableciendo unos tiempos ridículos para las campañas o silenciando gente que habla fuera de turno, cuando ellos establecen los turnos de forma unilateral, atendiendo a criterios absurdos. Así, el INE es parte del problema, no parte de la solución, aunque insisto que en principio sí me parecería necesario un órgano descentralizado y público, pero independiente del gobierno que realizara las elecciones.

Katia Rodríguez: ¿Cuál crees que es el papel de la ciudadanía, especialmente el sector más joven?

DN: Lo que me molesta es que se establezca esta dicotomía entre políticos y ciudadanos. En una democracia saludable no debería existir tal dicotomía entre políticos y sociedad civil que llevara estas deformaciones del discurso de hablar de políticos y ciudadanos, ya que la política debería ser de todos. La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos, por lo que creo que nuestra responsabilidad es participar de forma informada. En tanto vaya ocurriendo eso, vamos a tener otros partidos y otro país. Creo que marginarse en el proceso no es una opción porque en último análisis somos sujetos de la autoridad del Estado. Ser apolítico es una imbecilidad, es nada más hacerle el juego a la reacción y al elemento conservador, dejándolos hacer lo que quieran. Es hacerle el juego a esa alienación de la política, a ese Estado a espaldas del pueblo. Hay que estar involucrado e informado, al igual que participar y movilizarse. Especialmente a los jóvenes, a los que les queda más tiempo por vivir en este país espantoso, por lo que deben ser los más urgentemente interesados en cambiar. Aunque suene muy trillado, sí son el futuro de este país y tienen que involucrarse, al igual que todos.

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Daniel Nudelman es egresado de la licenciatura de Relaciones Internacionales y la maestría en Estudios Políticos y Sociales de la UNAM. Es simpatizante de López Obrador y de MORENA, ha participado en cursos de formación política para cuadros de MORENA dando conferencias. Es profesor de bachillerato en el Colegio Madrid y actualmente imparte una asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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