Yo acuso: del antisemitismo militar al #JeSuisCharlie. A 117 años del caso Dreyfus

El atentado de la semana pasada al semanario Charlie Hebdo ha despertado amplias movilizaciones tanto en redes sociales como en las calles. La histórica manifestación del domingo pasado, con la cúpula del poder europeo a la cabeza pero a la vez sin mezclarse con la masa ciudadana, entonando La Marsellesa junto con gritos de libertad y el Je Suis Charlie, contrasta con varios artículos que resaltan la profunda xenofobia mostrada por las ilustraciones del semanario francés bajo el lema “Yo no soy Charlie“.

La presencia incómoda del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el apoyo del fiscal estadounidense Eric Holder, las manifestaciones alemanas con un claro sentido anti islámico, el endurecimiento de las medidas antiterroristas basadas en la apariencia y destino de los viajeros, y las movilización de 10 mil militares en toda Francia, parecen acrecentar el conflicto nacido de la desgracia.

Las muestras de rechazo, el insulto gratuito con que algunas muestras de solidaridad pretenden reivindicar el trabajo del semanario francés como muestras de irrevocable libertad de expresión, hacen de este concepto una extraña tierra movediza entre credos religiosos y poderes políticos.

En este contexto, hoy recordamos la publicación del artículo Yo acuso, de Émile Zola. Este 13 de enero, se cumplen 117 años de la publicación de la defensa de Alfred Dreyfus, un oficial judío del ejército francés acusado de ser espía para los alemanes sin ninguna prueba ni testimonio. El caso Dreyfus evidenció únicamente el profundo antisemitismo entre las filas galas y le costó el exilio vitalicio al oficial. Émile Zola publicaría en el diario L’Aurore, cuatro años después de la sentencia, una carta al presidente francés que sería, en muchos sentidos, no sólo una denuncia, sino un llamado a la libertad de expresión. Pero una libertad de expresión que sería sinónimo de verdad y de justicia, lejana, muy lejana, a los clamores que hoy criminalizan a todo un credo en voz de los que una vez fueron acribillados.

A continuación les dejamos un pasaje de Yo acuso. Pueden leer el discurso completo y más sobre el caso Dreyfus aquí.


¿Dónde está el gabinete auténticamente fuerte y de prudente patriotismo que se atreva a refundirlo y a renovarlo todo? ¡Conozco a tanta gente que, ante la posibilidad de una guerra, tiembla acongojada al saber en qué manos se halla la defensa nacional! ¡Y en qué nido de ruines intrigas, de comadreos y dilapidaciones se ha convertido ese asilo sagrado donde se decide la suerte de la patria! ¡Da pánico enfrentarse a la terrible luz que acaba de provocar el caso Dreyfus, ese sacrificio humano de un infeliz, de un «cochino judío»! ¡Ah!, cuánta agitación de necios y dementes, cuántas imaginaciones desbordadas, prácticas de policía barata, de inquisición y tiranía, el capricho de unos cuantos con galones que aplastan con sus botas a la nación, haciéndole tragar su grito de verdad y de justicia bajo el falaz y sacrílego pretexto de la razón de Estado.

También es un crimen haberse apoyado en la prensa inmunda, haberse dejado defender por toda la chusma de París, que triunfa, insolente, al venirse abajo el derecho y la simple honestidad. Es un crimen haber acusado de perturbar a Francia a quienes la desean generosa, a la cabeza de las naciones libres y justas, cuando precisamente en su interior se urde el impúdico complot para imponer el error ante el mundo entero. Es un crimen
desorientar a la opinión pública, utilizar para una campaña mortal a esa opinión pública que han pervertido hasta lograr que delirara. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, enardecer las pasiones reaccionarias a intolerantes que se ocultan tras ese odioso antisemitismo que provocará la muerte de la gran Francia liberal de los derechos del hombre, si antes no la curan. Es un crimen explotar el patriotismo para fomentar el odio y, en fin, es un crimen hacer del sable el Dios moderno cuando toda la ciencia humana trabaja para la obra venidera de verdad y justicia.

Esa verdad, esa justicia que con tanta pasión deseamos, ¡qué desaliento ver cómo las abofetean hasta desfigurarlas y alienarlas!

Solo anhelo una cosa, y es que se haga la luz en nombre de la humanidad que tanto ha sufrido y que tiene derecho a la felicidad. Mi ardiente protesta no es sino un grito que me surge del alma. ¡Que se atrevan, pues, a llevarme ante los tribunales y que la investigación tenga lugar a plena luz del día!

Entretanto, espero.

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