Yo no discrimino pero… ¡así es la discriminación en México!

Lo hemos escuchado mil veces. De nuestros papás, tías, abuelos, jefes, amigas, hermanos, en el transporte público, en la calle, de nuestros maestros e, incluso, de nosotros mismos. Yo no discrimino. Lo decimos cuando vemos alguna muestra de discriminación por parte de alguien más. Sin embargo, a menudo la frase viene acompañada de un pero…, y ésta siempre es seguida de un comentario que nos deja claro que la discriminación en México está más viva que nunca.

Alfabeto del racismo mexicano, de Federico Navarrete

Aunque nos cueste trabajo aceptarlo, México es uno de los países con más discriminación. Basta echarle un ojo al Alfabeto del racismo mexicano, de Federico Navarrete, o simplemente darse una vuelta por cualquier pleito en Twitter para darnos cuenta de que el respeto y la equidad no están dentro de nuestras prioridades como sociedad.

Lo anterior queda demostrado en la más reciente Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS), realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED). Correspondiente al año 2017, esta encuesta reúne la información de más de 39 mil viviendas en todas las entidades del país. Las preguntas se diseñaron con el objetivo de indagar tanto las experiencias de discriminación, como las relaciones entre exclusión y privilegio. Es decir, se consideró, por un lado, si sentimos que nuestros derechos son respetados. Y, por otro, los resultados permiten explicar que la desigualdad, el color de piel, el lugar en que vivimos, el género y la orientación sexual determinan qué tan respetados son esos derechos.

No hay buenos resultados

Los resultados que arroja la ENADIS 2017 son bastante desconsoladores. La cantidad de prejuicios y estigmas que llevan a la limitación o anulación de nuestros derechos indica que el problema de discriminación en México es sistémico y estructural. Van algunas cifras:

  • El 26.9% de las personas que viven con alguna discapacidad no sabe leer ni escribir. Si además vive en una zona no urbana, la cifra sube al 27.8%. Y si además, la persona habla una lengua indígena, el porcentaje aumenta a 36%.
  • 2.2 millones de adolescentes y 17.6 millones de jóvenes no asisten a la escuela. Las razones principales son que tienen que trabajar para contrbuir económicamente al hogar, no cuentan con recursos suficientes o que no se consideran con suficientes aptitudes.

  • Aunque las mujeres constituyen la mayor parte de la fuerza laboral, el 36% de ellas no recibe ninguna remuneración por el trabajo realizado.
  • 5.4 millones de personas entre 12 y 29 años no estudian ni trabajan. La mayoría de los hombres reportaron que están buscando, pero no hay empleos. Las mayoría de las mujeres indicaron que no trabajan porque tienen que cuidar a alguien.
  • El 59.8% de los hablantes de una lengua indígena trabaja en servicios personales, actividades de apoyo y agropecuarias. Únicamente el 1.1% ocupa puestos de funcionarios, directores o jefes. La cifra cae al 0.7% para las mujeres hablantes de una lengua originaria.

  • El 60% de los mexicanos se identifica con un color de piel intermedio, 30% con tonos claros y sólo 11% con tonos oscuros.
  • El 19.9% de jóvenes con tono de piel oscuro asiste a la escuela. En el caso de la población con piel clara, el porcentaje es de 44%.
  • Sólo el 2.8% de personas con tono de piel oscura ocupan puestos de funcionarios, directivos o jefes. También es menos probable que tengan un empleo con contrato.

El gran PERO…

Una aportación interesante de la ENADIS es que dedica una parte de sus resultados a analizar cómo percibimos la discriminación. Así, le preguntaron a la población mayor de 18 años qué opina y cómo actúa ante ciertas situaciones discriminatorias. Los resultados tampoco son buenos, y son más preocupantes.

La percepción de la discriminación nos permite ver actitudes, prejuicios y opiniones tan arraigadas en la sociedad que normaliza la violación de derechos de grupos históricamente discriminados. Y ya sabemos que no faltará quien empiece con la cantaleta de “Ya no se puede decir nada porque se ofenden” o a maldecir todo lo políticamente correcto. Pero lo cierto es que los resultados de esta encuesta son tan preocupantes porque consideran que las personas tienden a responder lo políticamente correcto. Es decir, estas respuestas ya pasaron un filtro, y aún así normalizan la discriminación. Estas respuestas son el PERO que siempre sigue al Yo no discrimino.

Por ejemplo: casi el 70% de la población reconoce que los derechos de la comunidad LGBT no son respetados, PERO…

  • Sólo el 40% están de acuerdo con que las parejas del mismo sexo adopten.
  • Más de la mitad no están de acuerdo con que una persona homosexual sea presidente.
  • El 43% rechazaría que sus hijos tuvieran una pareja del mismo sexo.
  • Más del 35% no le rentaría un cuarto a una persona de la comunidad LGBT.

Usos y costumbres

El resultado más alarmante de la encuesta es que los mexicanos permitimos y justificamos la discriminación de muchas formas. Desde hacer o aceptar burlas a un grupo vulnerable, hasta ser cómplices de la violación de derechos de esos grupos. A estos detalles debemos poner atención especial porque están tan arraigadas que casi son concebidas como usos y costumbres.

Otras conductas que los encuestados justificaron son:

  • El 6.5% burlarse de alguien en la calle por su tono de piel
  • El 10.3% que un hombre golpee a una mujer
  • Más del 22% negarle el empleo a una persona mayor
  • Casi el 25% pegarle a un niño si desobedece

Estos datos indican que hay conductas discriminatorias tan normalizadas que las personas ni siquiera son vistas como incorrectas en el discurso.

Ya no hay respeto

Finalmente, la ENADIS muestra que, en absolutamente todos los grupos sociales, existe un porcentaje de personas que siente que sus derechos no son respetados. Los actos discriminatorios más comunes son miradas incómodas, insultos o burlas y amenazas o empujones, y están motivados por el tono de piel, la manera de hablar, el peso o estatura, el arreglo personal, el nivel socioeconómico, el lugar donde se vive, las creencias religiosas, el género, la edad y la orientación sexual, entre otros.

En cuanto a los espacios, la mayor parte de los actos discriminatorios suceden en la calle, seguido del ámbito familiar y la escuela o trabajo.

Así es muchachos y muchachas, después de estas cifras piensen muy bien cada vez que quieran decir la frase Yo no discrimino, porque seguramente también están pensando en un PERO…

Pueden consultar todos los resultados de la encuesta AQUÍ.

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Seguir el Rastro. Las Chavas Banda de la Ciudad de México

 

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