Yo ya me cansé de pedir respeto

Me tiembla el cuerpo y la cabeza, como si millones de gritos se hubieran quedado encerrados y lo único que puedo hacer es llorar.

Estoy muy enojada, llena de rabia y asco. Me avergüenza vivir en un lugar donde es necesario justificar cada una de mis acciones, darle sentido a los demás, no poder decir sin más cuán cansadas estamos de vivir todos los días defendiendo nuestro cuerpo y nuestra vida.

Me agobia que no importa cuántos testimonios hagamos, cuántos hashtags se construyan, se repitan, no importa en cuántos puntos en el mundo se repliquen. Lo cierto es que parece que nadie entiende qué significa ser mujer en un país feminicida. A veces ni las mismas mujeres lo comprenden.

México: país feminicida

Todas las discusiones en las que me meto o provoco alrededor del feminismo y sus formas acaban mal bajo el entendido del “respeto”. Creo que yo crecí con la idea de que el respeto se gana. No sé cómo pero, eventualmente, entendí que no era así. El respeto debemos otorgarlo sin más, sin cuestionar. Porque la vida no es sólo de nosotros mismos sino del conjunto. Hay que estar muy atentos a esa relación todo el tiempo: cuándo yo dejo de ser yo y también soy los demás.

El respeto. El respeto al espacio público, a las instituciones, a los medios de comunicación, a las autoridades. Pero a lo otro no, a la rabia no, al hartazgo no, esos que se lo ganen. Y ellas, que somos nosotras, que lo pidan. Nosotras nos tenemos que ganar el respeto. A nosotras no nos lo otorgan.

En esta semana me enteré por distintas amigas que las medidas de seguridad de los automóviles están diseñadas de acuerdo a las medidas de los hombres, así que hay más probabilidades de salir heridas. También las medidas para dosificar medicamentos están valoradas a través de estudios donde la mayoría son hombres y, dentro del espectro de salud, al diagnosticar enfermedades o algún problema, se asume que las mujeres tienen mucho menor tolerancia al dolor, por lo que hay enfermedades que tardan años en diagnosticarse pues asumen que “el dolor no es tanto”.

A nosotras no nos duele tanto. No nos duele tanto menstruar, no nos duele tanto parir, no nos duele tanto el acoso, no nos duele que menosprecien cada espectro de nuestra vida. A nosotras no nos duele que nuestra vida y existencia no sea respetada. A nosotras no nos duele, porque nosotras exageramos, porque «ellas hacen drama». Históricamente las mujeres lloran, y yo creo que todas lloramos de rabia.

Columna de la Independencia

Así que es obvio, cuando gritamos juntas de dolor por nuestra vida y nuestro cuerpo “perdemos el respeto”, que nunca nos han dado. Yo ya me cansé de pedir respeto, ya sólo quiero que me lo den. Sólo quiero el derecho legítimo a permanecer viva.

Cuestiónense su dolor y su rabia. Y si nada les ha encendido tanto para destruirse aunque sea la voz por una noche, no se atrevan a señalar cuándo y cómo pedimos respeto. No se atrevan a creer que tienen mejor equilibrada la vara que lo mide, cuando lo único que cuestionan es quién se merece el suyo.

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Daniela Orlando – @danieltitlan

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