Ai Weiwei. ¿Puede ganar la Resistencia de Hong Kong?

Junio 29. Una mujer de 21 años escribe algo en la pared de una escalera de una unidad habitacional de Fanling, un suburbio de la clase trabajadora de Hong Kong:

Querido pueblo de Hong Kong: nuestra lucha está tomando tiempo, por lo tanto debemos cuidar que nuestra voluntad no ceda. Necesitamos insistir en que la iniciativa de ley sea completamente retirada, que el gobierno retire el título de disturbio a nuestras protestas, que los manifestantes detenidos sean liberados, que Carrie Lam se retire y que la policía sea castigada severamente. ¡Mi deseo es el de utilizar esta pequeña vida para apoyar estas demandas que vienen de dos millones de ustedes!

El mensaje está pintado en rojo por una mano temblorosa. Las líneas caen en sus finales, determinadas y exhaustas. La señorita Lo Hiu Yan se lanzó por las escaleras al terminar de escribirlo. Su deseo se cumplió.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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Un millón de personas

El 9 de junio, más o menos un millón de personas en Hong Kong se manifestaron contra la Ley de Extradición patrocinada por Beijing, ley que permitiría a ciudadanos de Hong Kong ser juzgados en la República Popular de China. El 16 de junio otra protesta atrajo un estimado de 2 millones de personas, lo que es más de un cuarto de la población de la ciudad entera. La mayoría de los asistentes fueron adolescentes, o comenzando sus veintes. El tamaño, los ideales y orden de la manifestación generaron admiración en todo el mundo. Pero al final la policía de Hong Kong utilizó gas, balas de goma y arrestos para dispersar a los manifestantes. El gobierno los llamó “matones”.

El primero de julio se dio otra manifestación. En esta ocasión se convocó a lamentar la entrega de Hong Kong a China 22 años atrás, y atrajo a más de cien mil manifestantes. Algunos de ellos irrumpieron en el edificio legislativo de la ciudad.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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Hong Kong y China

¿Debiéramos preguntarnos por qué los jóvenes de Hong Kong están haciendo estas cosas? Para el mundo, la entrega británica de Hong Kong a China podría significar una nota al calce de la historia. Pero para las juventudes de Hong Kong, el regreso a China lo significa todo.

¿Qué ven en la China actual? Una fábrica para el mundo, seguramente. Ahora China tiene mucha más riqueza e influencia que hace tres décadas. Su economía se conecta directamente con la del mundo y apunta a extenderse gracias a la ambiciosa Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda. Pero su riqueza fue construida sobre las espaldas de trabajadores que migraron del campo, mal pagados, sin ninguna garantía social o sindicato, sin libertad de prensa y desprotegidos por la ley.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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Maquinaria de gobierno

El poder político en China opera, en gran medida, como el mundo subterráneo de una ciudad. Las fortalezas del sistema son la velocidad y eficacia de su maquinaria de gobierno, bien aceitada por la corrupción, protegida por su sistema policial y sin ningún competidor. ¿Seres humanos? Simplemente los dientes de un engrane. Si un ser humano tiene otra necesidad o deseo, como el pensamiento crítico, la libertad de expresión o la felicidad personal; bueno, esas son cosas de nuestros rivales: las democracias de occidente. El modelo de producción occidental es menos eficiente que el nuestro. El nuestro tiene características chinas.

En su raíz, la confrontación con occidente no se trata de comercio. Se trata de dos sistemas políticos incompatibles, dos entendimientos de lo que una civilización moderna es. El modelo de gobierno chino, basado en el sacrificio humano al servicio de la riqueza y poder del estado y la súper oligarquía, invariablemente choca con los ideales democráticos. Los gobiernos occidentales y los negocios que cargan con el sistema de gobierno chino buscando su propio beneficio, debieran recordar: el saber que tus acciones lastiman la dignidad humana sin hacer nada al respecto es la esencia de la injusticia.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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Duro invierno

La juventud de Hong Kong, que ha crecido bien informada gracias a internet, está muy al tanto de las rígidas opciones que tienen de frente. Están acostumbrados a la libertad, a los derechos individuales y al acceso a la información. Saben lo que quieren, lo que están defendiendo y conocen la naturaleza del enemigo al que enfrentan. Han sido testigos de cómo las libertades de Hong Kong tanto en los medio, como en la educación, la vivienda, el comercio y todo lo demás, se han ido perdiendo, y también saben que el Partido Comunista no se detiene ante nada persiguiendo sus intereses.

La autonomía legal de Hong Kong, que se vulnera con la Ley de Extradiciones, puede parecer, para ellos, la última hoja en su árbol otoñal, antes de que se instale un duro invierno. Ellos saben cómo es ese invierno: arrestos arbitrarios, detenciones secretas y desprecio por los hechos, la igualdad y la justicia. Ellos sienten que perder la batalla presente significa perderlo todo. Si pierden, como el pueblo del Tibet, Xinjian y otras iniciativas democráticas, vivirán bajo la persecución y el ataque sin poder corregir el rumbo.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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Un laboratorio del mundo

La juventud de Hong Kong, también, está al tanto de que su lucha no es solamente local. Ellos saben que Hong Kong, con sus acostumbradas libertades civiles heredadas por el control británico y su confrontación con la dictadura china, es un laboratorio del mundo. ¿Una población que desea permanecer libre, puede, o debe, aceptar la anexión a una máquina autoritaria? Ese precedente sería una pesadilla para el mundo. O, tal vez, un punto de quiebre.

Presionados hasta el límite que no podían prever, Lo Hiu Yan, y por lo menos otros tres jóvenes ciudadanos, se han quitado la vida.

Si las reciente protestas hubieran tenido lugar en Shenzhen, Shanghai o Beijing, el régimen hubiera utilizado fuerza letal, como lo hizo hace 30 años en Beijing, cuando tropas con tanques y ametralladoras masacraron manifestantes pro democracia armados con nada más que rocas, ladrillo y su propio coraje. Por ahora el programa de “un país, dos sistemas” sigue marcando la diferencia en Hong Kong. Pero el Ministro chino de asuntos exteriores ha sido tajante al advertirle a Inglaterra que se mantenga al margen. Hong Kong no es tu problema, dice. Somos soberanos. Hacemos lo que nos parece conveniente.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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En un profundo hoyo negro

China no es la única que espera evitar “problemas” con Hong Kong. Muchos actores en gobiernos y negocios occidentales, que generan ganancias del sistema chino de opresión, están de acuerdo. Hong Kong es una pieza en este sistema en donde todos pierden si su papel es modificado, o desaparece.

Una de las razones por las cuales empatizo con el pueblo de Hong Kong es que he sido sujeto a las mismas tácticas que ellos temen. En 2011, policías chinos uniformados, actuando fuera de la ley, me tomaron, vendaron mis ojos y me llevaron a una locación secreta. No podía contactar a mi familia (que no fue notificada de mi captura), y no tenía abogado. Sentí una repentina pérdida de confianza y auto respeto, una atemorizante sensación de aislamiento y pérdida de fe en la sociedad. En resumen, me sentí como si hubiera caído en un profundo hoyo negro. Lo que viniera después lo sufriría yo. Solo.

Fui secuestrado porque estaba planteando incómodas preguntas con mi arte. Estaba preguntando, por ejemplo, cuántos niños habían muerto en el terremoto de Wenchun del 2008 cuando sus débiles escuelas colapsaron. ¿Qué había en sus mochilas y mentes cuando murieron? Para un régimen celoso de su poder, preguntas como éstas son subversivas. La consecuencia para mí fue una golpiza que casi me cuesta la vida.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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No pueden perder

Siento el deber de hablar porque los jóvenes de Hong Kong necesitan saber que sus miedos sobre un invasivo y autoritario estado Chino están bien fundados. Los funcionarios designados por Beijing en Hong Kong venderán todas las preciosas libertades de la región en el momento que se les ordene hacerlo. Ciento de disidentes encarcelados en China les dirían lo mismo si pudieran. A ellos no los pueden silenciar.

Algunos se están preguntando, ¿pueden ganar los manifestantes de Hong Kong? Mi respuesta es que si persisten, no pueden perder. Esta es una batalla por valores humanos como la libertad, la justicia y la dignidad, y en ese terreno el pueblo de Hong Kong ya ha ganado. Sí, si se rinden la maquinaria se apoderará de todo. Pero, aunque una dictadura brutal se imponga, nunca podrá “ganar”. Es parte de la naturaleza humana el tener ideales y ponerlos en acción. Una dictadura no puede cambiar este hecho. Su derrota simplemente es cuestión de tiempo.

Hong Kong protestas Ai Weiwei
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Texto publicado originalmente el 12 de julio del 2019 en The New York Times.

Traducido del chino al inglés por Perry Link.

Traducido del inglés al español por Benjamín E. Morales.


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