La mala costumbre de comer mal. De Sanborns a Wetherspoon

Hoy comí en Sanborns porque se me hizo fácil. Así, sin más: podría haber comido en otro sitio pero comí en Sanborns. Ahora, además de que la comida es malísima y ridículamente cara, me sorprendió que mientras me comía mis desabridos pepitos de filete me acordé de una cadena inglesa, muy similar al Sanborns, que se llama Wetherspoon. Los Wetherspoon son una serie de pubs que, a través del Reino Unido, poseen edificios preciosos. Dan pintas muy baratas y una comida de mierda, además de que siempre están más pringosos que sus propios comensales.

Me acordé entonces que, durante la campaña por el Brexit, la revista del Wetherspoon (edición mensual) promovía abiertamente el Leave. La verdad es que a mí no me sorprendía nada: todas las empresas muy británicas y sin presencia en el continente tomaron la misma postura que, so riesgo de caer en el lugar común de la denuncia tibia, apestaba a racismo y cerrazón. Y nada, comiéndome una papa que sabía más a aceite rancio que a tubérculo (o que te hacía pensar en que tú-ber-culo), pensé que si Slim fuera inglés probablemente hubiera apoyado el Brexit.

Los Slims del mundo

Luego de tan profundas reflexiones me acerqué a la caja a pagar. Quien haya ido a comer a un Sanborns sabrá que al lado de las cajas hay unos libros en los que los comensales pueden hacer comentarios. Leí algunos en lo que me cobraban, y me sorprendió ver que hubiera tantos comentarios tan recientes. No pude evitar preguntarme quién chingaos se toma el tiempo de dejar un comentario, que además de todo es positivo, del pinche Sanborns. Y aún más: todos los comentarios dejaban nombre completo, teléfono y dirección. Todos sus datos personales, botados ahí en una hoja a la vista de todo mundo, dentro de una sucursal del Wetherspoon mexicano.

Luego pensé que nunca entendí realmente el Brexit, pero siempre supuse que era por mexa. Pero luego también me cae el veinte que tampoco entiendo a los que dejan un “excelente comida” y su celular personal en Sanborns.

Por desgracia, claramente los Slims del mundo sí.

para Marisa Cortright, aunque igual no lo va a entender

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Joaquín Diez-Canedo Novelo@joaquindcn

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