NAICM, lo realmente incosteable

El próximo fin de semana tendrá lugar en todo el país la consulta respecto a la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, NAICM, asunto en gran medida trascendental para el país. Lo expuesto a continuación no pretende ser exhaustivo, pues hay muchos aspectos que escapan a mi conocimiento y que también deberán ser tomados en cuenta. Este análisis se hace con base en mi experiencia profesional de 20 años en la construcción de obras de infraestructura, es estrictamente personal y no pretende influenciar la decisión que cada quien habrá de tomar en la citada consulta, sino aportar elementos de análisis desde la óptica de mi experiencia.

La Ciudad de México necesita un nuevo aeropuerto. La saturación del Benito Juárez va más allá de las incomodidades de los usuarios, está ya siendo un obstáculo para el transporte de carga y el desarrollo de negocios que generan empleos. Y ya están pagando los usuarios un incremento en el precio de los boletos por los costos que ya provisionan las aerolíneas tomando en cuenta cancelación de vuelos, retrasos, tiempos muertos, aumento de costos operacionales, entre otros.

Sería más caro que hacer un aeropuerto

El terreno donde se está construyendo el NAICM no es el mejor para un aeropuerto, lo mismo que no lo era para el aeropuerto actual, ni lo es, para una ciudad de 25 millones de habitantes, agravado por el factor sísmico. Pero son los retos que la ingeniería mexicana ha tenido que enfrentar para poder tener metro subterráneo, edificios de más de 60 pisos, drenaje profundo, etcétera. Por eso tenemos los mejores ingenieros en mecánica de suelos del mundo, que tienen la capacidad de resolver el reto del nuevo aeropuerto, como lo han hecho con otros más complejos.

Uno de los temas más importantes a tomar en cuenta son las implicaciones hidráulicas en el oriente del Valle de México. La zona federal del Lago de Texcoco no funciona como vaso regulador desde hace décadas. El sistema hídrico del oriente del Valle contempla algunos otros cuerpos artificiales como el lago Nabor Carrillo, el bordo de Xochiaca y el vaso regulador El Cristo. Las excedencias, así como el drenaje de la zona oriente, van al Túnel Emisor Oriente (TEO; de 80 km de longitud para llegar a la planta de tratamiento de aguas residuales de Atotonilco, Hidalgo), de hecho en el NAICM se están construyendo los colectores y túneles para conectar con el TEO. En la zona federal de Texcoco, donde se está construyendo el aeropuerto, no hay Lago desde principios del s.XX. Mi experiencia no me permite vislumbrar cómo podría construirse o recuperarse un lago en esas 4,600 hectáreas, pero probablemente sería más caro que hacer un aeropuerto.

No sabríamos realmente cuánto cuesta Santa Lucía

No existen estudios que permitan valorar económicamente la alternativa de Santa Lucía. Entre estudios de geotecnia, impacto ambiental, aeronáuticos, de conexión intermodal; mecánica de suelos, proyecto ejecutivo, procesos licitatorios, etc., no sabríamos realmente cuánto cuesta esa alternativa antes de un plazo de por lo menos 2 años. Si bien es cierto que Santa Lucía y el Aeropuerto Benito Juárez podrían convivir, también lo es que las capacidades de las pistas estarían determinadas por la convivencia de espacios aéreos, aunado a que en el Benito Juárez la distancia entre sus 2 pistas no permite aterrizajes y/o despegues simultáneos.

Es deseable por supuesto pensar en una red de aeropuertos regionales, como sucede en otras grandes urbes del mundo. Pero todas esas redes están también ancladas en un Hub (Heathrow, JFK, Charles de Gaule) de capacidad muy superior al Benito Juárez. Para que eso fuera medianamente funcional habría que construir también cientos de kilómetros de trenes, lo que con la orografía del Valle de México y la inexistencia de derechos de vía, se antoja complejo y muy oneroso.

Una dinámica económica y social transformadora

El NAICM en su primera etapa tendrá una capacidad con 3 pistas de 70 millones de pasajeros por año (MDPA; la capacidad actual ya sobresaturada del Benito Juárez es de 34 MDPA); en su segunda etapa el NAICM alcanzará con 6 pistas hasta 120 MDPA, número al que sería casi imposible llegar con cualquier combinación de aeropuertos, con la complejidad añadida del transporte terrestre para conectarlos. La capacidad de ese sistema de aeropuertos nos colocaría en el mejor de los casos en la de la Etapa 1 del NAICM, y muy probablemente en una condición de saturación similar a la de ahora en un plazo de unos 15 o 20 años, cuando tendría que replantearse la inversión necesaria para solucionarla –quizás un nuevo aeropuerto–. Esto sin tomar en cuenta que en los municipios en la cercanía del NAICM viven 1.7 M de personas en condiciones de pobreza. De completarse el proyecto y la infraestructura adicional que implicaría (hoteles, restaurantes, centros comerciales, etc.), se calcula que se generarían miles de puestos permanentes de trabajo, lo que puede generar una dinámica económica y social transformadora en una de las zonas más deprimidas del Valle de México.

110,000 MDP sí serían con cargo al erario

Hay más de 60,000 millones de pesos (MDP) invertidos ya en el NAICM, y su cancelación implicaría costos hundidos (obra en proceso, materiales adquiridos, indemnizaciones a inversionistas y constructoras con contratos firmados) por al menos otros 50,000 MDP. El proyecto puede financiarse al 100% con recursos privados, sea vía concesión o colocación de bonos como se ha hecho hasta ahora. El proyecto es bancable dada la fuente segura de repago: el TUA (impuesto aeroportuario) de los viajes futuros, así se financian en todo el mundo las construcciones nuevas, ampliaciones, mejoras y mantenimiento de los aeropuertos. La obra se puede financiar sin dinero público; las consecuencias de detenerla no, esos 110,000 MDP sí serían con cargo al erario.

Texcoco puede no ser una solución ideal desde muchos puntos de vista, pero sí la única posible para tener la interconectividad que requiere una ciudad como la nuestra. Pudo seguramente hacerse mejor y más barato, pero lo que hoy sí es incosteable para el país es detenerlo.

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Ing. Rodrigo Morales Mújica

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