Postal 114. La bolsa del mandado

por Erika Arroyo
@_earroyo

Un melón, dos aguacates, cuatro manzanas, un poco de pan y un tarro de miel. Las compras del mercado se acomodan de acuerdo al peso y a la resistencia. No es que haya frutas más importantes que otras -aunque, si me lo preguntan, tengo mis preferidas, como todos-, pero quien ha tenido una bolsa en la mano para guardar esos deliciosos tesoros sabe el riesgo que corre un plátano debajo de una sandía.

Existe un acuerdo tácito entre vendedores y clientes respecto al acomodo de las cosas, hay quienes lo desafían o simplemente lo olvidan, en ambos casos, las consecuencias pueden ser catastróficas. A quién le gustan las peras abolladas.

Las bolsas son siempre fascinantes, resguardan insólitos tesoros, algunos más o menos azarosos que otros, algunos salados, otros dulces. Puro melao’.

Los kilos de carne, sangrante y fresca, de un marranito anónimo que un día sumiera su trompa en el lodazal de algún rancho, resplandecen aplanados bajo el plástico de la carnicería. Golpean con el cuero convertido en chicharrón que llenará deseosos tacos placeros.

De plástico, de yute, de tela, de piel, coloridas, pálidas, son grandes o pequeños contenedores de sensualidad. No hay quien se resista a una bolsa repleta de colores y texturas como las del mandado.

Como Noé en el arca, quien lleva la bolsa del mandado es el salvador. A veces hay diluvios, a veces alza de precios, pero ese depósito de maravillas siempre lleva algo dentro. Lo que el presupuesto permita o lo que se deslice suave e insospechadamente entre marchantes reclamando por cobros desmedidos y verduras maduras.

Bajo la sombra de un árbol se reúnen algunos visitantes de ese lugar de intercambios a seguir intercambiando, regularmente, consejos acerca de la calidad de los productos que bajo el rayo del sol sólo causarían dolores de cabeza. Las bolsas van más pesadas con el ir y venir, se van haciendo más apetitosas para los vagabundos, los niños traviesos y algunos perros callejeros que han aprendido unas que otras mañas.

Bolsa de jitomates, bolsa de papa, bolsa de cebolla, bolsa de bolsas, bolsas con ramitas de cilantro, una bolsa con aguamiel o pulque, más bolsas. Las bolsas mundo donde depositamos verdaderos materiales nuestra subsistencia de acuerdo a nuestros propios órdenes y desórdenes. Le invito a buscar las llaves bajo este colorido kit que se triturará y mezclará en el laboratorio culinario.

Las paradas en los sitios de hierbas donde los pasillos se convierten en sahumerios son obligadas.

Té de hierbabuena, té de tila, té de cola de caballo, té de limón, té de naranja, té de esto, té de lo otro, té de recitales de propiedades medicinales y afrodisiacas que alborotan aromas y hormonas con el repaso de la lista de tétététés. El yerbero es el ganador en esta batalla de merolicos en cuanto lanza su arma secreta: toloache reforzado, con lo que por supuesto, podrá usted aderezar la cena.

La sensación de vacío con la que se inicia el camino hacia la meca de las frutas y verduras, se desvanece en las canastas de los chiles secos, donde huele a mole, a hogar, a amor.

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