Postal 128. La espuma de la higiene personal

por Erika Arroyo
@e_arroyo

Justo en este momento, los animales nocturnos se escurren entre las ramas de los jardínes, escapan de la luz artificial de los faroles y los zapatos de suela de cuero que golpean el pavimento. Bajo los autos estacionados se esconden los gatos que escuchan los sonidos de los motores a punto de dormir. Al interior de un baño, la llave del agua caliente gira reprochando falta de lubricación. Los peces azulados de los mosaicos avejentados, poco a poco, parecen agitar sus aletas.

Que el vapor con aroma a jabón de hierbas emane ahora mismo y los envuelva, queridos radioescuchas. Bienvenidos a Postales.

La sirena que sonríe adherida al espejo se acomoda el largo cabello y saluda a los turistas de ducha, cuyos reflejos se desvanecen con el pasar de los segundos. Eso que se escucha al fondo es una gaviota picando en la espuma de la higiene personal.

Contra las puertas corredizas rompe el agua, humedeciendo las siluetas de imaginarias olas. El olor a coco se cuela irremediablemente en esta marina de bañera con moluscos de zacate.

Las conchas del tapete abren y cierran cantando al compás, una balada romántica para un par de cangrejos que giran en el remolino que se va por el desagüe de la regadera.

El sol es un foco amarilento, sostenido por un cable recubierto de cinta con motivos tropicales, que alumbra el paraíso con 40 watts y un zumbido que dialoga con el oleaje infinito.

El viento suave ocasionado por el cuerpo al sacudirse baña con su brisa el piso de cerámica opaca color arena. El susurro de las casi 9 de la noche anuncia el ocaso con vista al mar. Si usted prestó oídos esta noche, sabrá que basta escuchar un caracol para desatar la inmensidad.

Postal 127. Lugares desolados

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