Que vuelva el Hombre de la Zanfona: el inmenso legado de Donovan Leitch

Por Christopher Nilton Arredondo

Comprar en una tienda un disco de Donovan, tarea arcaica y con tintes de barbarie para los que consumen música a través de descargas electrónicas, hoy en día es imposible sin recurrir a los pedidos especiales. Luego de que Citigroup vendiera el sello discográfico EMI en 2011, títulos como los de Donovan se volvieron escasos en las tiendas ya escasas de CDs. También es cierto que antes de eso, y a pesar de las reediciones extendidas de los discos sesenteros del autor, ya era difícil hallar a Donovan en la conocida tienda que está en la calle de Génova, en la Zona Rosa; con algo de suerte, se podía hallar a mitad de la década pasada algún Essential o un Greatest Hits.

El consumidor de Rock-Pop promedio, quizá respondiendo a un reclamo generacional que atrae su atención hacia ofertas nuevas, ha prescindido de Donovan. Este olvido tal vez se originó por la poca atención que el irlandés recibió durante la década de los 70, así como el agotamiento del movimiento hippy con el que se asocia a Donovan frecuentemente. Incluso en plenos 60 hubo un sector de la crítica especializada que desestimó el trabajo de Donovan, además de una tendencia a etiquetarlo crudamente como el “Dylan británico”.

Sin embargo, el derrotero que Donovan trazó desde su incursión folk hasta contribuir de manera determinante en esa vanguardia de la juventud proletaria que es el Rock-Pop, aunque parecido al de Dylan y posiblemente influenciado por éste, es mucho más breve y más rico en matices y experimentaciones sonoras que el de Zimmerman.

Compré por medio de un pedido especial mi copia del Hurdy Gurdy Man, el LP que Donovan lanzó hacia el final del crucial año de 1968; un álbum que, aunque no condensa todas las facetas de un artista tan versátil como lo es el irlandés, sí representa la cumbre de sus especulaciones artísticas. Pionero de la psicodelia en boga y uno de los rostros emblemáticos de aquella época, es simplemente uno de los artistas más influyentes de un momento histórico plagado de grandes talentos que aún marcan la pauta luego de casi 50 años.
En aquel Hurdy Gurdy Man, Donovan deja de lado la música popular norteamericana que había sido el punto de comparación con Dylan; la única influencia norteamericana que predomina en algunos temas es el jazz, tanto en su versión más progresiva y de improvisación (“Get Thy Bearings”) como en los temas alegres del vodevil (“As I Recall It”).

A diferencia de Dylan, que aún practicaba la música de vaqueros en su John Wesley Harding, con su tradicional punteo con el pulgar y rasgueo con el resto de la diestra (gemelo anglosajón del chun-ta-ta de nuestras canciones rancheras), Donovan siempre contó con el arpegio o fingerpicking, técnica que delataba preparación académica. Ese arpegio, común en las piezas musicales del folklor medieval europeo, emparenta a Donovan con multitud de grupos británicos que homenajean sus raíces celtas. Pero más sobresaliente quizá sea la influencia del fingerpicking de Donovan en las piezas acústicas y semi acústicas del The Beatles, álbum doble del Cuarteto de Liverpool; temas como “Julia”, “Blackbird”, o el arpegio de “Dear Prudence” le deben a Donovan el encanto de las notas consecutivas de sus acordes.

Donovan cubrió cabal y magistralmente cada aspecto de las tendencias musicales de su época, por lo que se convirtió en un artista de talla internacional durante los 60: su incursión temprana en la psicodelia, así como las letras profundas, de corte filosófico o cargadas de referencias literarias, fueron parte de su oferta al público en más de un álbum. Dentro del Hurdy Gurdy Man una buena porción de piezas presentan instrumentaciones inusuales, como “Tangier” o “West Indian Lady”, dos ejemplos de exotismo en el álbum. En estas piezas Donovan se muestra ajeno al folk norteamericano y a la canción protesta occidental.

En cuanto a las letras, las interpretaciones del Maharishi Mahesh Yogy sobre el Bhagavad Gita están presentes en la pieza que da título al álbum; sin embargo, muchas de las letras de Donovan, menos comprometidas con una lección filosófica, poseen una plástica sobresaliente. “Tangier” (compuesta por Donovan en coautoría con su amigo Gypsy Dave), con su instrumentación deliberadamente oriental y su vertiginosa percusión que dibuja breves figuras rítmicas (presumiblemente cuatro dieciseisavos por tempo), denuncia un problema social a través de imágenes que construyen una estampa de la pobreza. Esa lírica plástica de Donovan, que invita a la imaginación de objetos y situaciones, tiene una función primordial en el apartado especial que el músico dedicó a los hijos de su generación dentro del álbum doble, A Gift From a Flower to a Garden, con el que incursionó también en la canción infantil.

Por último, en este disco “redondo” (úsese como sinónimo de perfecto), Donovan incursiona tanto en el rock pesado (“Hurdy Gurdy Man”) como en otra tendencia de su época: piezas con elementos aristocratizantes, que usan arreglos para un grupo de cámara. “Hi Its Been a Long Time” y la popular “Jennifer Juniper” transmiten la mesura de un “neoclasicismo” contemporáneo, y se inscriben en un grupo de canciones encabezadas por la prototípica “Penny Lane”.

Un solo álbum, que podría exhibirse en las tiendas como “Música del Mundo”, agotó casi todos los hallazgos del incipiente Rock de la segunda mitad de los 60, cuando en muchos casos esos elementos se encuentran de manera aislada en uno u otro artista. Era una época llena de personalidades que hoy consideramos leyendas, pero muchas de esas leyendas, que hoy perviven en los hábitos de consumo, nunca fueron tan representativas de su momento histórico como el Donovan del Hurdy Gurdy Man, el mismo artista que recibió los 70 con su Open Road, un disco distinto a su trabajo sesentero; más eléctrico, con una crítica ácida y con temas que van del Country a la Bossa Nova.

No se pierda el especial de Donovan, el sábado en Fosa de Clavados a las 2 pm.

Pionero, virtuoso, multifacético, incluso visionario; Donovan perteneció a ese grupo reducido, igual que los Beatles y el corrosivo Frank Zappa, que pudieron ver a su generación tanto dentro como fuera de ella. Al igual que los Beatles, el Donovan del Hurdy Gurdy Man había superado el uso de drogas para alterar positivamente su percepción artística y, aunque tal vez le faltó el cinismo de Zappa para prever el fracaso de la cultura hippy, reconoció la participación de la juventud en la vida pública como un hecho sin precedentes. Eso debió motivarlo a componer un repertorio For Little Ones, para la primera generación nacida en un mundo que se antojaba nuevo.

Por eso me sobrecoge que Donovan Leitch no esté en el iPod de los jóvenes hoy día, porque no es uno de esos imitadores de los Beatles que se contaban por montones en los 60, sino que fue una de las figuras a la vanguardia del momento más vanguardista de la música popular. En las primeras filas del ejército que instauró el Rock-Pop como el género popular predominante en Occidente, cuando esa música del demonio no tenía manual de usuario (ventaja con la que cuentan todos y cada uno de los rock-poperos desde aproximadamente la segunda mitad de los 70 hasta hoy), ahí estaba Donovan; con menos poder quizá que los mencionados Cuatro Fantásticos, pero sí con la fuerza que sólo el auténtico Superman tiene: el Sunshine Superman.

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