#NationalGeograffiti 28: Teoría del cover 2, andarse por las ramificaciones del cover

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

En una entrega pasada del National Geograffiti traté algunos puntos sobre el surgimiento del cover en la industria de la música pop(ular). Retomando ese episodio, me parece conveniente dar un nuevo paso hacia lo que llamé de forma rimbombante, mamona, “teoría del cover”, una serie de conocimientos de bolsillo para apreciar un cover según sus elementos básicos, tanto estructurales como contextuales.

Nuestros pasos preliminares nos llevaron a pensar en un origen multifactorial del cover en la industria (así como a limitar su definición): el cover cubre la necesidad del autor de tocar la música que le gusta, así como de declararse seguidor o transgresor de una tradición; también ayuda al músico y a la industria a posicionarse entre ciertos consumidores que pueden hallar en el cover cierta satisfacción por la novedad que implica otra versión de un tema conocido.

¿Pero estos factores se presentan en la misma medida en todos los covers?, mi sospecha es que no. Los factores tratan de opacarse unos a otros en cada cover que existe, por lo que suponemos (de hecho no suponemos nada, el público empíricamente lo sabe) que no todos los covers son iguales; o sea, hay de covers a covers.

Intentemos algo aún menos sistemático de lo que he venido haciendo; ubiquemos covers de naturaleza diferente entre sí y les damos nombre. Suena divertido, ¿verdad? Empecemos:

Cover tradicional o de conservación: el primero que me viene a la mente es el cover más simple y básico, un cover en el que lo único que cambia de una versión a otra son los nombres de los ejecutantes y la fecha de ejecución. El cover en el que la instrumentación, la melodía, los acordes o los tempos cambian muy ligeramente es el cover tradicional o de conservación. Seguramente los músicos tocan este tipo de covers al inicio de su carrera, queriendo sonar igualitos al disco del que proviene la versión original. Como dije antes, puede haber una variación simple, muy ligera (usar una flauta donde hay un clarinete en la original, subir o bajar la tonalidad para ajustarla a la voz del nuevo cantante, etc.), pero el tema es fácilmente reconocible por el público. A este tipo de cover pertenece, por ejemplo, la versión del MTV Unplugged de “The man who sold the world”, de Nirvana, donde los cambios a la versión de Bowie son mínimos.

Cover intergénero: la multitud de géneros de la música popular permite que un tema pueda ser interpretado de maneras novedosas cada que sale del terruño genérico. Este experimento suele traer resultados sorpresivos, puesto que muchos géneros populares están vinculados con cierto público específico que, en ocasiones, rechaza otros géneros distintos.

Ejemplos hay muchos; recientemente conocí a Adán Romero, intérprete de Roberto Carlos con estilo de banda sinaloense. Otro caso célebre dentro de una tendencia del mercado (el disco-tributo) es el Tropical Tribute to The Beatles, ejecutado por personalidades de la salsa como Tito Puente, Celia Cruz y Oscar D´León.

Cover de autor: existen autores de relevancia superior a la del resto; pueden no gustarnos algunos músicos que son considerados importantes para el desarrollo de la industria, del género, de la cultura, etc., sin embargo allí están y conocerlos es ineludible. Cuando estos autores destacados realizan covers, las expectativas que se generan son completamente distintas a la de un cover tradicional. Muchas veces esperamos que estos autores, de estilo distintivo y célebre visión del mundo, impriman sus peculiaridades personales a una canción conocida, renovándola, deformándola, poniéndola bajo otra insospechada luz. Aquí el acto de conservación del cover tradicional no es lo importante sino la serie de modificaciones estilísticas que se hagan; tampoco se trata del paso de un género a otro, ya que el autor del cover puede ser parte del mismo género o de un género emparentado con el de la versión original. A la mente me viene como ejemplo el cover a “Peggy Sue” de Buddy Holly, realizado por Lou Reed para un disco tributo en 2011.

Cover paródico o burlesco: afirmar o transgredir una tradición es una posibilidad del cover. Cuando el autor busca la ruptura o la distancia de una tradición puede recurrir a la burla o la parodia. Incluso, entre los músicos famosos por su sentido del humor, este recurso puede tratarse de un homenaje velado; “Rap, Soda y Bohemia” (del Tributo a Queen) de Molotov puede ser un ejemplo de este fenómeno.

Con la mención de Molotov me vinieron a la mente otros nombres de “tipos” de covers como el cover interlengua, así como el cover de actualización que, por razones de espacio y complejidad, deberemos abordar en otro episodio. Mientras, usted, estimado lector, también puede pensar en algunos tipos de covers y compartirlos; no se los guarde que el conocimiento superfluo no se construye solo.

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