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#BallenasBlancas. Nellie Bly, reportera encubierta

- Por: helagone

Nació el 5 de mayo de 1864, en un pequeño pueblo de Pennsylvania, Estados Unidos. Su nombre era Elizabeth Jane Cochran, y de cariño le apodaban Pink. Su familia gozaba de dinero y prestigio, pues su padre era un juez importante. Sin embargo, a los seis años de Elizabeth, su padre falleció sin dejar un testamento, por lo que su madre y hermanos quedaron sin nada. Al poco tiempo, la madre de Elizabeth Jane volvió a casarse con un hombre que abusivo. Unos años después, solicitó el divorcio. Elizabeth tuvo que trabajar desde entonces, en todos los oficios que eran aptos para damas. Pero ninguno de ellos les venía bien: institutriz, dama de limpieza, secretaria. 

Un día, a los 20 años de edad, escribió una carta a The Pittsburgh Dispatch para quejarse de una columna con comentarios misóginos sobre el futuro de las niñas en la sociedad. El editor vio potencial en el escrito de Elizabeth y la mandó llamar para entrevistarla. Así comenzó su relación con el periodismo. Como en el siglo XIX las mujeres solían usar seudónimos para publicar –no era un oficio bien visto para las señoritas–, su editor le sugirió el nombre de Nellie Bly, que hacía alusión a una canción de Stephen Foster, pero que con esa ortografía más bien la volvía tocaya de un caballo de carreras muy famoso en aquel entonces. 

Escribió sobre reformas necesarias para las leyes de matrimonio y divorcio, sobre las condiciones de trabajo para las mujeres en las fábricas de Pittsburgh, y pasó varios meses en México investigando las costumbres sociales y políticas del país. No es de sorprender que al gobierno mexicano no le pareció que la señorita Bly hiciera una nota sobre la persecución y censura que existía en la prensa de ese entonces, así que su investigación fue detenida y quedó inconclusa. 

Diez días en el manicomio

En ocasiones las costumbres de la época eran más fuertes que el espíritu temerario de Nellie, y le comisionaban artículos sobre jardinería, moda, música y belleza. En 1987 se mudó a Nueva York. Después de luchar contra enormes resistencias en más de una veintena de entrevistas, logró que The New York World la contratara. Su primer trabajo consistió en hacerse pasar por una enferma en el Asilo Psiquiátrico de la Isla Blackwell. Primero se registró en un refugio temporal para mujeres, donde fingió demencia con alguna treta sobre su equipaje. La llevaron a juicio rápidamente y en poco tiempo ya estaba internada. Una vez en el asilo, dejó de pretender y regresó a su comportamiento normal. Pero entre menos actuaba locura, más desconcertados estaban los médicos y las enfermeras de la institución.

Infiltrarse en hospitales psiquiátricos se volvió una práctica común en el siglo XX, muy utilizada por psicoanalistas y algunos miembros de la corriente de antipsiquiatría. Pero la hazaña de Bly es la primera que tenemos registrada de una mujer retando al sistema de esta manera, por lo menos 50 años antes de que se volviera un recurso de investigación o performance.

Ilustración del libro Diez días en el manicomio

La mirada pública

Pasó diez días internada hasta que sus editores la sacaron. Nellie se dio cuenta de que, aunque muchas mujeres sí mostraban síntomas de “locura”, un gran número de internas estaban ahí porque eran mujeres pobres que habían solicitado una pensión al gobierno. Las condiciones que vivían las pacientes eran precarias, por decir lo mejos. Al salir, Bly tuvo una sensación de libertad como nunca antes. Sin embargo, su mayor deseo era poder ayudar a esas mujeres “a través de la empatía y la presencia”. En sus propias palabras, que a mi parecer son los pilares del cuidado y la sororidad.

El artículo de Bly que retrataba la experiencia en el asilo a detalle fue publicado en octubre de 1887. El impacto fue tan grande que el gobierno de NY aumentó los fondos para esa institución por cincuenta mil dólares. Historias de este tipo me llevan a pensar en la diferencia que existe cuando nos presentamos la información como lectores y no como espectadores. Queda claro que un texto expuesto a los ojos de la sociedad era suficiente presión como para visibilizar dónde eran más necesarios los cambios, y aquellos en el poder quedaban a merced de esa posible mirada pública. Suena a una experiencia lejana, y un deseo cercano, que un texto leído sea rápidamente un texto llevado a cabo.

Primera plana de The New York World

Nellie Bly, reportera de truco

Mujeres como Nellie Bly, Winifred Mulcahey, Mary Mortimer Maxwell, Annie Laurie y Nora Marks fueron parteaguas para que las mujeres pasaran de las “páginas femeninas” a la primera plana. A este tipo de periodistas las llaman stunt reporters o reporteras de truco, pues adoptaban una identidad distinta para vivir la historia que contarían desde dentro. En su carrera, Bly se infiltró como trabajadora de la limpieza para investigar agencias de empleo. Se hizo pasar por campirana para exponer a un hombre que engañaba jovencitas y las metía a una red de prostitución. Investigó a un hombre muy poderoso que sobornaba a miembros de la cámara y el congreso para cambiar el curso de las leyes que serían aprobadas.

Uno de sus logros más conocidos fue dar la vuelta al mundo en 72 días. Sin chaperón y haciendo una pequeña parada para visitar a Julio Verne en París. Viajó solamente con el vestido que llevaba puesto, un abrigo y un pequeño neceser. Tras el viaje, se dedicó a contar lo que había visto.

Primera plana del Viaje al mundo en 72 días

Años más tarde se casó con un empresario. No tuvieron hijos y él murió pocos años después. Ella regresó a trabajar después de eso. Fue reportera de la Primera Guerra Mundial desde las trincheras. Se pronunció contra la pena capital y se entregó en cuerpo y alma a su visión de justicia y equidad. Murió a causa de una neumonía en 1922, a los 57 años de edad. Lynn Peryl, en el artículo dedicado a la memoria de Nellie en BUST Magazine en 2018, menciona que el mejor epitafio para Bly lo pronunció ella misma después de salir del Asilo de Blackwell: “Dije que podía y lo haría. Y lo hice”.

Nelly Bly percibió todas las grietas del sistema y las volvió fracturas, consciente de que la visibilidad era una herramienta potente, y la escritura de la experiencia vivida era su propia trinchera. 

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Ana Martínez de Buen – @Anamdb

http://nofm-radio.com/recomendaciones/ballenasblancas-hedy-lamarr-inventora-y-actriz/