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Datarock en el Indie Rocks! Dolor de cuello seguro

- Por: hellagone

Uniformados de negro hasta los tenis, Datarock se presentó en el Foro Indie Rocks! para promocionar A fool at forty is a fool indeed, su más reciente producción. Entre gritos y saltos de admiradores que habían esperado su regreso por siete años, el rock electrónico de la banda noruega creó un ambiente de agradecimiento mutuo que pocas veces podemos alcanzar.

En seguida se abrieron las puertas, el público comenzó a entrar. Pasarían dos horas hasta que llegara el momento esperado en el cual Datarock entrara al escenario. Mientras tanto, el lugar se musicalizó con mezclas exquisitas. El ambiente ya estaba lleno de emoción. El público movía sutilmente el cuerpo, esperando lo que no ocurría en México hace mucho.

Acompañantes de buenos días en FIFA (2008 y 2010), Datarock es símbolo de nostalgia por la juventud. Mucho hielo seco y luces verdes con violeta acompañaban e iluminaban los rostros emocionados e impacientes de su audiencia. Sin mucho dramatismo al entrar, comenzaría un par de horas de felicidad pasajera.

Con el espacio suficiente y el calor recurrente de estos días, el público mexicano, al igual que la banda, pasó la mayor parte del concierto saltando y aplaudiendo. Ambas partes se percibieron emocionadas por su regreso.  I feel great to be back, resumió Fredrik Saroe al micrófono.

Como rara vez lo hacen bandas consolidadas, Datarock tocó canciones de su primer álbum; canciones como “Bulldozer”, “The new song”, “Sex me up” y “Computer camp love” se convirtieron en el sueño cumplido de muchos ansiosos asistentes, quienes, por cierto, eran bastantes.

Como salidos de un videojuego: enormes lentes oscuros, guitarras estilo Guitar Hero y uniformes con “DATAROCK” escrito repetidas veces y mucha música por entregar, los músicos sonrieron, grabaron con sus celulares y agradecieron el caluroso recibimiento. Así lo hicieron en cada cambio de canción.

La interacción con los asistentes fue muy cercana. No sólo porque la valla entre uno y otro es muy estrecha, sino porque los músicos verdaderamente se percibían emocionados de ver a su público entregarse a cada canción. Las ganas de verlos y escucharlos se habían acumulado por más de un lustro; era de esperarse que los asistentes explotaran.

La mitad de la banda se halló en la necesidad de bajarse a tocar a aquellas personas que gritaban tan fuerte sus letras. Øyvind Solheim, baterista, navegó sobre las manos de ellos, para luego casi caer hasta el suelo. Intacto, al parecer, no dejó de sonreír mientras todos le ayudaban a volver al escenario. Por otro lado, Stig Narve Brunstad, tecladista, sólo los abrazó y saltó. De igual manera: siempre sonriente.

Apenas a mitad del concierto, la mayoría ya se encontraba empadado en sudor que salpicaba cuando su cabeza se movía al ritmo de la música. “Lavergarock”, les gritaban.  Quizás deberían cambiar su nombre.

Canción tras canción, el ambiente se volvía cada vez más energético y emocionante. Apenas comenzaba un riff y la primera fila ya sabía cómo y cuándo aplaudir, qué y cómo cantar. Personas entregadas, tanto arriba como abajo del escenario; igual de felices, igual de emocionadas. Dolor de garganta y cuello seguro.

No cabe duda que los miembros de Datarock estuvieron contentos de volver. Ni se diga de su público, encantados por la dicha de haber escuchado canciones del primer hasta el último álbum. Ojalá que, tras esta agradable y calurosa experiencia, contemplen volver más seguido. O no. Pero será igual de especial cuando lo hagan.

El concierto terminó con 2/4 integrantes sin playera, muchas emociones y dolores por tanto movimiento. Así vuelvan el próximo año o en siete más, la emoción por verlos se estará acumulando.

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Daniela Martínez – @_danyjm

Fotos de Christian Martínez – @Bender_Levee 

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