Un texto de Santiago Méndez Ramírez (colaborador de Sesiones con el Dr. Strangelove)
“Si el estado no quiere asumir la responsabilidad que le corresponde en cuanto a la defensa de los pueblos, nosotros vamos a seguir defendiéndonos, nosotros en ningún momento estamos asumiendo el gobierno del municipio o de la región, lo que sí estamos asumiendo es la responsabilidad de nuestra propia defensa, porque no la está cumpliendo ni el gobierno estatal ni el federal, lo que constitucionalmente les corresponde”.
Palabras del Doctor Míreles Valverde en una de las entrevistas disponibles, aquí les dejo el link:
http://www.youtube.com/watch?v=X9S1FMJ6NX8
Efectivamente, como dice el coordinador, era responsabilidad de las autoridades estatales y federales el mantener el orden; y, con base en la ineptitud de las autoridades, surge el movimiento de autodefensa de los pobladores de Michoacán. Me queda claro que entre el poder del Estado y los ciudadanos mexicanos existe un enorme vació. Y éste se debe a que las instituciones tienden a volverse virtuales. Con esto me refiero a que las instituciones se vuelven un juego de palabras, con discursos políticos prefabricados creados por lingüistas o comunicólogos especializados en discurso político. En constantes spots publicitarios se oyen cosas como que las instituciones están haciendo todo para la mejorar el país, mientras que para la opinión de la mayoría de la población. Lo anterior no solamente es una falacia, sino que las condiciones parecen ser cada vez más apremiantes. Esto se debe también a que las instituciones se vuelven viciosas, pues muchas veces la élite del poder se encuentra navegando en círculos y en las mismas aguas, alejándose cada vez más del diálogo con sus representados.
Este fenómeno en que la institución se vuelve virtual desemboca en que la relación dialógica con sus representados acaba por romperse y así, o surge un movimiento en busca de una renovación, o en su defecto, se queda en un reino de la sumisión, donde la relación es de amo/siervo. Al final del día, el mejor sistema político es aquel que se encuentra legislado por todos los ciudadanos, en cual todos los ciudadanos son partícipes del orden político. Los grupos de autodefensa constantemente les echan en cara a los federales que ellos no son los que necesitan ayuda, e irónicamente les dicen que los necesitados son los Caballeros templarios. Los grupos de autodefensa han logrado una organización basada en las voluntades. Así, Mireles Valverde enseña una lección de filosofía política a todos los que se encuentran en búsqueda de levantarse en contra de la opresión, pues les dice así a algunos de los hombres y mujeres de los municipios vecinos que fueron a pedirle ayuda para pelear en contra de los caballeros templarios: “Yo no necesito salir de mi municipio, la gente inconforme por la inseguridad que viven están tomando cartas en el asunto… El momento les va a llegar cuando ellos sumen sus propias voluntades. Podemos prestarles las armas, lo que no podemos prestarles son huevitos.”
Ya Rousseau había dicho que el mismo hecho de que algún pueblo se rebele ante su gobierno, demuestra su derecho de libertad, del cual había sido despojado. El gobierno también parece muchas veces ser algo natural, algo que se encuentra ya establecido y que en teoría debería de beneficiar a la mayoría, pero esto, es una falsedad. El gobierno, y mejor dicho el buen gobierno, es una lucha que hay que conquistar día con día y eso muchos de los pobladores de Michoacán lo han entendido. Sin embargo, los grupos de autodefensa no llegan a un extremo, pues ellos han aclarado que no tienen la intención de establecer un nuevo régimen político, lo que sí pretenden es protegerse hasta que el estado de derecho, del que tanto hablan los politólogos, se restablezca. Los grupos de autodefensa se encuentran en una batalla compleja, pero lo que me parece inapelable es su derecho a defenderse.
Nos vamos con esta reflexión que encuentro en el libro de filosofía de la liberación latinoamericana, de Horacio Cerutti Goldberg, escrita por Hugo Ortega. Siempre con la esperanza de que esta realidad cambie.
“La anormalidad política es la normalidad del latinoamericano. La taumaturgia, instalada como sistema de vida trastorna el sentido de todos los conceptos políticos. Democracia es el gobierno de las minorías sobre el pueblo. Republica es la res-privada inaccesible a la responsabilidad pública del ciudadano, independencia es el nombre con que se celebra la nueva dependencia. Revolución es el sustantivo utilizado para referirse al golpe de estado. Desarrollo sostenido es la denominación del programa económico que produce atraso creciente. No se trata de un juego semántico, sino de la racionalidad del sistema dominante cuyo poder de recuperación revierte el sentido de los signos que portan las consignas populares. Es decir, la manipulación política del pueblo desvirtúa los posibles instrumentos de una participación responsable y de un eventual acceso al poder de las masas latinoamericanas.”