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NoFM en Televisión

- Por: hellagone

El viernes pasado, como algunos de ustedes ya saben, por algunas cuantas horas esta estación se convirtió en NoFM Radio Televisión Interactiva. Les dejamos aquí un texto conjunto en el que Emilio Revolver y Diego Avellana relatan su versión de la historia.

– Emilio Revolver
Para los que conocen con Chat Roulete, Omegle les sonará familiar. Te conectas, en el recuadro de abajo estás tú, en este caso el Cácaro con audífonos y micrófono, y en el de arriba empiezas a buscar gente.
Ahora, ¿qué pasa si empiezas a buscar gente y le dices que tienes una estación de radio por internet, qué manden un saludo, que se la dejen de jalar por un momento, que estaría padre que se conectaran a nofm-radio.com y comenzaran a escuchar la canción que han pedido? Nos queda absolutamente claro que tener una cámara en la que puedes ver a quien está transmitiendo un programa de radio es una pésima idea a menos que: 1) seas Aristegui o 2) si tienes un invitado famoso y quieres que la gente te crea. Pero con lo que hicimos el viernes descubrimos 3) la gente puede hacer conjuntamente el playlist de una estación de radio junto con el locutor, decide si la canción debe irse a fade out si no está muy buena, o, qué mejor, tocar ellos mismos una versión personal o una canción propia de lo que quieren oír; 4) se pueden hacer enlaces desde cualquier parte del mundo en cuestión de minutos, pasar de Santiago a Nápoles a Melbourne; ¿qué tal un programa sobre música del mundo, presentado en vivo con locutores que residan en el lugar donde esa música se haya creado? ¿Por qué no algo como “Buenos Días Tokyo, programa que se transmite en vivo en NoFM a las 2 de la tarde de México”? y sobre todo 5) es divertido ver a la gente y que te vean. La radio durante toda su historia ha protegido la idea de que es “mágica”, de que la voz del locutor y la música crean atmósferas, ponen a trabajar a la imaginación, recrean o construyen lugares en el que nadie está, o simplemente que no existen.
Pero qué tal, además de eso, poder ver las casas de todos ustedes como el Big Brother o que todos ustedes hagan con nosotros radio independiente; ver exactamente cómo es una casa en China; construir un lugar (¿radio?) cuya base sea la interacción y que que las palabras y música se extiendan con imágenes. Lo que hicimos el viernes fue algo muy sencillo, lleno de dificultades, desde que las voces de la bocinas de la compu fallaban para hacer enlaces o que no nos podía encontrar la gente cuando nos buscaban o que el 90% de las personas en Omegle se la estaban jalando o desparecían en cuanto veían a un par de tipos con audífonos y micrófonos, o, simplemente, que nos pedían canciones de Daddy Yanke y los Jonás Broders; pero bueno. Si el deber de la radio es transmitir información y recrear mundos posibles e imposibles, ¿por qué no, el de la radio por internet, extender la idea de la radio en busca de una radio-televisión interactiva? ¿Se aventaría con nosotros a cristalizar este experimento, o les dará miedo?
– Diego Avellana
La verdad es que yo no los culparía, el escenario no era el mejor de todos: viernes pasada la media noche, tan solos en sus respectivas recámaras, tan acompañados en la infinidad de usuarios; claro que me estaría enseñando mi miembro a personas desconocidas en Omegle. Esa era la situación de la mayoría de gente conectada a esta página el viernes pasado.
Y con una frase que parece sacada de alguna canción de Arjona: ¿Qué hacen dos locutores en una cabina de radio pasada la media noche? La respuesta es sencilla, buscar radioescuchas. Teníamos más de 20,000 usuarios frente a nosotros, alguno de ellos tendría que dejar de jalársela para pedir una canción. Fue en ese momento cuando el señor Revolver y su servilleta, nos dimos a la tarea de buscar a esas personas dispuestas a dejar por una lado su pasión por la apodysofilia y decidieron darle chance a la melomanía.
Entonces comenzó uno de los viajes más cabrones y divertidos que he experimentado en mi corta vida de locutor, una experiencia marcada por una excelente compañía en cabina, varias cajetillas de cigarros, latas y latas de cervezas y un chingo de desconocidos al otro lado de la pantalla.
La idea se era tratar de romper esta pared que hay entre un locutor y un radioescucha, tratar de hacer esto más interactivo, dejar que los espectadores experimentaran de cierta forma estar en la cabina y los pendejos que estamos del otro lado pudiéramos ver sus reacciones al escuchar las canciones que nos pedían, sin importar cual fuera.
Las personas aparecían y desaparecían, muchos de ellos sólo estaban cazando un rostro femenino para poder alcanzar el orgasmo, gran decepción que se llevaban cuando se topaban a un par de locutores ebrios gritándoles que se dejaran de “tocar” y que pidieran una canción. Pero de pronto un rostro miraba extrañado, acercaba su cara a la pantalla intentando dar forma a lo que veía, sonreían nerviosos y nos preguntaban qué hacíamos.
Fueron ellos los que alimentaron el playlist de esa larga noche de viernes, quienes comenzaron a seguir a NoFm, los nuevos radioescuchas interactivos de nuestra querida estación. Fue así como nos pasamos más de 4 horas platicando, poniendo canciones, bebiendo y haciendo una nueva versión de radio, todo gracias a los desconocidos que se dejaron llevar por una noche de experimentos radiofónicos, para todos ellos es este artículo. Gracias banda, gracias internet. ¡Son la mamada!