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Popurrí de Noticias Falsas. Breve historia de la manipulación mediática estadounidense (Parte2)

- Por: helagone

por Christian Nader
@ExoSapiens
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Desde el comienzo de la Guerra Fría, Estados Unidos y los gobiernos del oeste europeo habían patrocinado a un gran número de mercenarios, pandillas y comandos que, bajo el más alto secretismo, sembraron el caos y el miedo en Europa cometiendo un gran número de atentados y ataques de Bandera Falsa para satanizar a los distintos partidos y movimientos comunistas del continente. El escenario perfecto para este tipo de incursiones fue Afganistán de finales de los setenta y principios de los ochenta: un país que, tras la revolución de abril del 78, logró establecer un gobierno socialista con fuertes vínculos soviéticos. Desde el triunfo de los revolucionarios, la CIA y el ISI paquistaní buscaron derrocar a un gobierno que se alejó rápidamente del la órbita occidental y que reducía aún más su influencia en una región dominada por la Unión Soviética y por la naciente República Islámica de Irán. La estrategia se basó en reclutar a la población local para que ésta enfrentara al gobierno y sus “aliados ateos”. Además, gracias al apoyo saudí, Estados Unidos reclutó a miles de combatientes procedentes de distintos países árabes dispuestos a llevar a cabo una yihad contra los marxistas afganos. Washington había calculado que la intervención de la CIA atraería al ejército soviético que socorrería al gobierno afgano, en pocas palabras EU le tendió una trampa al Kremlin que acabó empantanándose en tierras afganas de la misma manera en que EU lo había hecho en Vietnam. Al mismo tiempo, Washington creó a su grupo mercenario predilecto presentado por los medios occidentales como los salvadores de un pequeño y pobre país amenazado por los “invasores soviéticos”. El mundo tardó muchos años en enterarse que un oscuro asesor polaco estadounidense llamado Zbigniew Brzezinski había llegado antes que el Ejército Rojo y que éste iba acompañado por miles de yihadistas de diversas latitudes, entre ellos un antiguo playboy arrepentido perteneciente a una de las familias más ricas de la península arábiga: Osama Bin Laden, uno de los líderes de la yihad preferidos de Washington, que también lo presentó como un valiente prócer de la libertad no sólo en el campos de guerra al sur de Asia Central sino en diversos puntos donde Estados Unidos tenía pretensiones desestabilizadoras, desde el Cuerno Africano hasta los Balcanes y el Cáucaso.
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Conforme se acercaban los años noventa, Estados Unidos realizó diversas operaciones de guerra convencional en distintos puntos del planeta que sirvieron para demostrar lo sencillo que resulta desmemorizar a un pueblo como el estadounidense, que olvidó muy pronto los execrables actos de su gobierno contra el pueblo vietnamita. En 1983, Ronald Reagan anunciaba que la nueva víctima de militarismo estadounidense sería Granada, una pequeña isla caribeña. El pretexto que el reaganismo utilizó para realizar la operación “Furia Urgente” fue que el gobierno comunista isleño estaba construyendo una base cubano-soviética. Por supuesto los hechos presentados al público estaban totalmente distanciados de la realidad. Washington temía que el estado encabezado por Lawrence Bishop replicara los éxitos sociales de Cuba y que el comunismo soviético, o “Evil Empire” como lo popularizó el ex presidente y actor en la Casa Blanca, “infectara” a todo el Caribe, por ende Estados Unidos invadió la isla asesinando o encarcelando a los miembros del gobierno revolucionario y poniendo al país nuevamente bajo las órdenes de Washington. Increíblemente el público estadounidense apenas lo notó.
Pocos meses después del Golpe de Estado que provocó la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos le mostró al mundo que a partir de ese momento ellos serían la única superpotencia económica, política y militar del orbe. La primera invasión de Irak en 1991 por parte del ejército estadounidense y sus aliados tuvo como objetivo apabullar a cualquier nación que se resistiera al recién inaugurado dominio geopolítico estadounidense del mundo, ya que cualquier ejército poco o nada podría hacer frente al colosal potencial armamentista de Estados Unidos y la Alianza Atlántica. La operación “Tormenta del Desierto” prácticamente fue vista en todos los televisores del planeta, que mostraron cómo la infraestructura tanto civil como militar de Irak fue reducida a añicos en unas cuantas horas. El país de Saddam Hussein, presidente iraquí y antiguo aliado estadounidense, no resistió el embate de la maquinaría de guerra occidental que con cinismo y vulgaridad hollywoodense realizaron despiadados bombardeos nocturnos en las ciudades iraquíes. Fue una incursión breve y destructiva, planeada para ser un espectáculo televisivo. Así comenzaba un periodo de unipolaridad global que se prolongó durante casi dos décadas.
En plena ocupación estadounidense de Irak, los medios y el gobierno de George Bush Senior, apoyados en una supuesta investigación realizada por Amnistía Internacional, difundieron el testimonio de Nayirah al-Sabah, una joven enfermera kuwaití de tan solo 15 años quien aseguró que durante la invasión iraquí del estado tapón de Kuwait, los soldados iraquíes sacaron a recién nacidos de las incubadoras de los hospitales kuwaitíes, provocando la muerte de muchos bebés. Las palabras de esta adolescente sirvieron para legitimar la invasión multinacional del territorio iraquí, sin embargo, poco tiempo después la verdad salió a la luz. De los supuestos infanticidios no se encontró prueba alguna. La niña era nada más y nada menos que un miembro de la familia real kuwaití e hija de al-Saud al-Sabah, embajador de aquel país en Washington, un fiel amigo de las dinastías Bush y Saud (la petromonarquía saudí) los grandes instigadores de la guerra contra Irak. El público estadounidense tampoco sabía que el ejército iraquí de Sadam Hussein había sido armado por el propio gobierno estadounidense durante la ilegal agresión iraquí en contra de la República Islámica de Irán durante la década de los ochenta, una guerra en la que incluso se utilizaron armas químicas producidas con “ingredientes” estadounidenses en contra del pueblo y el ejército iraní.

Esta no fue ni la primera ni la última gran mentira de la administración Bush para involucrar a los Estados Unidos en una guerra. Pocos meses antes el ex vicepresidente y ex director de la Agencia Central de Inteligencia había iniciado su mandato presidencial con una invasión a Panamá, una nación creada por los deseos estadounidenses de mantener el control absoluto del tráfico marítimo interoceánico y probablemente el país que en más ocasiones ha sido invadido y ocupado por las tropas estadounidenses. La excusa utilizada por el gobierno estadounidense para llevar a cabo la operación “Causa Justa” fue el asesinato de un soldado estadounidense por fuerzas panameñas. Tanto la invasión de Irak como la de Panamá tuvieron propósitos más oscuros, entre ellos silenciar y deshacerse de gobiernos y personajes incómodos para el gobierno estadounidense. Sadam Hussein fue, durante años, el hombre fuerte de Estados Unidos en el Máshrek, el cual sirvió para frenar la expansión de la influencia iraní en los países vecinos, comenzando con Irak cuya población chií en los años ochenta se acercaba al 50%. Hussein fungió como el aliado secular árabe para detener el islamismo militante persa chií que pudo haber influenciado al islamismo árabe suní; además, al haberse aliado con el gobierno iraquí, Washington provocó un profundo cisma entre los partidos Baaz de Irak y Siria, ya que este último era profundamente antiestadounidense y muy cercano a Moscú. El caso de Panamá es similar. Manuel Noriega fue un títere de los intereses estadounidenses ya que desde muy temprana edad fue reclutado y adiestrado en la Escuela de las Américas; más tarde se convertiría en el jefe de la inteligencia panameña puesto con el que amasó un inmenso poder y fortuna con el beneplácito de Washington. Noriega forjó una de las más poderosas redes de narcotráfico, cuyas ganancias fueron utilizadas por Estados Unidos vía la DEA para patrocinar a los contras en Nicaragua y en otros países centroamericanos. Por ende, con la llegada de “Big Bush” a la presidencia se planeó el derribó inmediato de dos gobiernos que pudieron haberse tornado en contra de sus creadores.
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SIGUE A PARTE 3