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#BallenasBlancas. Carol Kaye, la genia anónima del rock

Carol Kaye

Le gustaba estar al fondo de la banda. Cuando la movieron hacia allá, encontró su lugar, su habitación propia. En 1963, Carol Kayes tenía 28 años, tres hijos, un divorcio, una respetada carrera como guitarrista en los clubes de jazz californianos, al menos cinco hits en las listas de popularidad y, por primera vez, un bajo entre las manos. El bajista no había llegado a la sesión en Capitol Records y le pidieron que cubriera el puesto. Carol dejó la guitarra, se movió al final de la sala y supo que el bajo era lo suyo: tenía sólo cuatro cuerdas, podía crear los sonidos que siempre había querido, no tenía que competir con los otros cinco guitarristas en el estudio, y había que cargar menos para ir al trabajo.

Más tarde, Carol Kayes diría que siempre tocó el bajo, aun cuando tocaba la guitarra. Irónicamente, Carol nunca aprendió a tocar el bajo, aunque su formación musical fue muy temprana gracias a sus padres, ambos músicos. A los trece años, su madre le regaló su primera guitarra. A los quince, Carol ya daba clases para ayudar a los gastos de la casa, después de que convenciera a su madre de abandonar al padre que se había vuelto violento con ellas. Tras un breve matrimonio y dos hijos, a los 21 años empezó a tocar en clubes de jazz para mantener a la familia.

El trabajo que pagaba las cuentas

A finales de los 50 no era común una mujer tocando jazz. Mucho menos en los clubes del circuito de Los Angeles. Pero Carol Kayes era una cara conocida que se había hecho de una buena fama en poco tiempo. Cuando le preguntan si era rechazada por ser mujer, ella responde: no, si podías tocar, eras bienvenida. Y yo era bienvenida. Su reputación pronto le consiguió una oferta para ser música de sesión. El rock and roll estaba tomando fuerza y a menudo los estudios recurrían a los músicos de jazz para las grabaciones. Sin embargo, la primera vez que Kayes participó en una grabación fue para un disco de Sam Cooke.

La buena reputación de Kayes la siguió a los estudios. Su formación en el jazz le permitía aprenderse rápidamente las secuencias. Eso, mezclada con la creatividad que podía aportar, pronto la convirtió en una de las guitarristas favoritas de los productores. La disciplina fue una de las principales características de Carol. Para ella la música siempre fue un trabajo, era la manera de ganarse la vida. Si lo hacía bien, podría trabajar más. Y ese fue una de las motivaciones para su creatividad.

Lo que la música necesita

Tras el disco con Sam Cooke, empezó a trabajar intensamente con artistas de rock and roll y pop. En esas colaboraciones, Carol sabía que el éxito de las canciones dependía en gran medida de lo que ellos pudieran aportar en el estudio: Yo sólo proveía lo que la música necesitaba… si no hubiéramos aportado líneas interesantes, las canciones habrían sido planas. A veces la música necesitaba ayuda, a veces los cantantes necesitaban ayuda. Pero también a veces, los grandes hits se sentían desde el estudio.

Ya completamente instalada como bajista, formó parte de los músicos de sesión estrella conocidos como The Wrecking Crew, aunque Carol asegura que los llamaban The Clique. Estos músicos, conocidos por tener una formación musical en el jazz o la música clásica, participaron en los grandes éxitos de los años 60. Aunque la nómina del grupo variaba, Carol Kayes es reconocida por ser la única mujer y uno de los miembros más respetados. Fue la bajista preferida de Phil Spector, y parte fudamental de su Wall of Sound.

Más tarde, Carol Kaye trabajaría muy de cerca con Brian Wilson en varios álbumes de los Beach Boys, incluído el mítico Pet Sounds, creando algunas de las líneas de bajo más populares del rock. Gracias a eso, Paul McCartney la reconocería como una clara influencia en su manera de tocar el bajo.

La lista de colaboraciones de Carol Kaye se extiende a artistas como Frank Sinatra, Simon and Garfunkel, Stevie Wonder, Barbra Streisand, The Supremes, The Temptations, the Four Tops, The Monkees, Frank Zappa, Glen Campbell, The Righteous Brothers, Nancy Sinatra, Neil Young, Joe Cocker, entre otros. También trabajó con artistas de bajo perfil, casi de culto como Dory Previn.

El dulce anonimato

En la época dorada del rock and roll, Carol Kaye llegó a tener tres sesiones diferentes al día. Sin embargo, conforme el rock evolucionó y las bandas se hicieron más complejas, el trabajo de los músicos de sesión se redujo. Aunque a veces le pedían que tocara en el estudio líneas de bajo que los miembros de las bandas no podían tocar como era necesario. Kaye empezó entonces a trabajar con un conocido productor de música para películas y televisión: Quincey Jones.

En esta faceta, Carol Kaye crearía algunos de los temas más conocidos de la cultura popular. Al mismo tiempo que la condenaban al anonimato más profundo. En la mayoría de las obras de la bajista, su nombre no aparece en los créditos. De hecho, a la fecha, Carol Kayes aún se sorprende de que alguien recuerde la música que ella compuso, pues nunca creyó que la música pop fuera a perdurar.

Durante los 70, además de grabar, escribió varios manuales y tutoriales para aprender a tocar el bajo. Por esa época empezó a dar clases para pasar más tiempo con sus hijos. Hollywood ya no era seguro, dijo alguna vez, refiriéndose al modo en que cambió la escena después de los crímenes de la familia Manson. No obstante, siguió trabajando en proyectos pequeños hasta finales de los años 90.

Carol Kaye ha sido reconocida con audios suyos introducidos en la Biblioteca del Congreso y el Museo del Grammy. Durante varios años, fans y músicos han pedido su entrada al Salón de la Fama del Rock. A sus 85 años sigue tocando el bajo y dando algunas entrevistas. Las más recientes las otorgó a propósito de la serie The Marvelous Mrs. Maisel, que integró un personaje inspirado en ella. Sin embargo, Carol Kayes rechazó el homenaje, así como antes había rechazado el status de rockstar que le había dado el documental sobre The Wrecking Crew. Es difícil, dijo Carol Kaye, ser vieja y ver que eso no tiene que ver contigo, pero se supone que “eres tú”. Yo no soy una caricatura. Yo soy una profesional, decir lo contrario, es humillante.


Gabriela Astorga – @Gastorgap

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