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Janet Stephens o un peinado puede cambiar la historia

Tocados Romanos

Hace unos días empezó a circular en redes sociales la historia de Janet Stephens, la mujer que tiró un mito de la Antigua Roma. Más allá del título puntilloso para no perderse en los mares del Internet, la historia es de llamar la atención. Stephens es una estilista estadounidense que, tras una investigación, demostró que los tocados y peinados clásicos no eran pelucas, sino el cabello real que de algún modo las mujeres lograban fijar de ciertas formas. De primera mano, el descubrimiento no parece demasiado relevante. De hecho parece banal. Sin embargo, lo relevante de la historia es cómo Janet Stephens llegó a su hallazgo y lo mucho que modificó en lo que sabemos de la cultura romana.

La investigación

Janet Stephens relata que su interés en los peinados romanos surgió alrededor de 2001. Estaba esperando a que su hija saliera de una clase de música. Para matar el tiempo, entró al Walter Art Museum en Baltimore y se entretuvo viendo bustos de la colección griega y romana. Al notar los peinados, pensó en que algunos de ellos podrían ser opciones para novias y otras clientas. Al regresar a su casa, intentó replicar algunos de los peinados que había visto y no pudo. Empezó a investigar para tratar de saber cómo se hacían los tocados. Así encontró información sobre cómo se representaba el movimiento o los tejidos del cabello en la escultura, las costumbres, la moda, las herramientas disponibles, los materiales usados y los rituales en los que estaba involucrado el cabello.

El detalle que dio con su gran hallazgo fue la traducción de una palabra. Los textos clásicos mencionaban que los peinados se sostenían con una herramienta llamada acus. Las fuentes académicas traducían esa palabra como horquilla (o pasador, en buen mexicano). Tenía sentido, si sostenía el pelo, era un pasador. Pero si eran pasadores, no tenía sentido que Janet no pudiera replicar los peinados. Fue tras una investigación de las herramientas y los objetos de uso cotidiano de la época que Janet descubrió que acus no era horquilla, sino aguja. Y que los peinados se sostenían porque las mujeres romanas se cosían el cabello con hilo y aguja, o lo sostenían con una pequeña aguja más parecida a una tachuela..

Cae el mito

El hallazgo de Stephens fue tan importante porque evidenció una mala traducción. Y con ello cambio la manera de nombrar lo referente a los peinados y su relación con el ámbito cotidiano del mundo romano. En 2008, tras dos años de trabajo, Janet Stephens publicó sus teorías en Journal of Roman Archaeology. Janet reconoce que hacer el ensayo fue difícil porque ella es estilista, no escritora, pero sabía lo que había encontrado era importante.

A partir de sus estudios sobre el cabello, Stephens fue develando otros detalles que amplían lo que conocemos de la antigüedad. La relación entre el cabello y el status social de las mujeres, las costumbres de vestido y peinado de las mujeres (por ejemplo hay peinados que es imposible que una persona se haga a sí misma, lo que implicaba la presencia de un equipo de styling), así como la fabricación de objetos de uso cotidiano y la simbología del cabello en rituales de la sociedad romana pudieron conocerse gracias a Janet.

Los señores que nombran

A pesar de quedar claro que el aporte de Janet Stephens no sólo se trata del cabello, las personas que insisten en subestimarlo abundan. Académicos e investigadores ignoran su teoría, y mantienen la idea de las pelucas. Usuarios de redes sociales afirman con desdén que el cabello no cambia nada y que ella qué va a saber si sólo es una peluquera. Los hay, por otro lado, que afirman que Stephens es arqueóloga acreditada, como si su profesión no la calificara para realizar la investigación que hizo. Al final, ese mismo desdén sobre el hallazgo de Janet es la razón por la que su investigación fue necesaria.

La equivocación sobre los peinados romanos surgió de un error de traducción, pero se perpetuó porque el poder de nombrar las cosas se mantiene en un grupo reducido de personas. Los académicos, en su mayoría hombres, probablemente no repararon, ya no digamos en la diferencia entre un pasador y una aguja, sino en que las personas echamos mano de objetos de lo cotidiano para distintos fines. Y no repararon porque saber ese tipo de detalles, ya sea ahora en 2021 o en la Antigua Roma, no es sofisticado. A pesar de que los estudios históricos se han volcado cada vez más a la llamada pequeña historia, la de la vida común, el mundo doméstico (asociado tradicionalmente a lo femenino) se mantiene como algo no relevante.

Si al poco interés por estudiar esos espacios de lo doméstico le sumamos la falta de mujeres estudiosas de la arqueología, terminamos con análisis que carecen de referentes y que pueden caer en errores de interpretación o traducción. En este hilo, pueden encontrar, además de la historia de Janet Stephens, otros ejemplos de mujeres que develaron misterios y tiraron mitos. Es decir, no sólo importa qué elegimos nombrar, sino quién tiene posibilidad de nombrar.

Todo lo que dice el cabello

La historia de Janet Stephens confirma que lo doméstico, tan desdeñado por trivial, es lo que al final sostiene y ha sostenido la vida de la sociedades a lo largo de la historia. Las relaciones sociales, los ritos, la política se construyen también en los espacios privados. Basta echarle un ojo al canal de videos de Stephens para conocer los imbricados lazos entre el cabello y la historia de la cultura de distintas épocas.

Y es que, tras presentar uno de sus trabajos en el Instituto Americano de Arqueología, Stephens se ha dedicado a estudiar los peinados en distintos periodos. Mientras, sigue trabajando en su salón en Baltimore, donde dice que, a la fecha, nadie se ha interesado en hacerse un peinado romano. Los videos de Janet Stephens muestran también que los estudios rigurosos y bien documentados no necesariamente surgen de la academia, aunque sigan necesitando su validación. Janet es una mujer que, dentro de su rutina, tuvo un tiempo para reparar en algo que nunca había visto antes (¿qué más podrían hacer las mujeres si tuvieran tiempo?), vio algo que podía funcionar para su vida diaria, encontró un problema y, a través del estudio, halló la solución. Así se construye conocimiento que puede cambiar nuestra manera de ver el mundo, la historia, y a lo mejor el día de una novia.


Gabriela Astorga – @Gastorgap


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