
Fabián Avenarius Lloyd – conocido bajo el pseudónimo Arthur Cravan – fue uno de esos artistas polifacéticos del siglo XX. Poeta y boxeador, el suizo fue considerado uno de los precursores del dadaísmo a pesar de nunca afiliarse a semejante movimiento. Aunque su obra poética continúa sin ser merecidamente reconocida, su estilo de vida inspiró a varios artistas del siglo XX. Es decir, más allá de su labor literaria y su desempeño como boxeador, Cravan hizo de su vida en general una obra de arte que dejó huella en sus espectadores incluso años después de su desaparición.
El suizo pasó gran parte de su vida eludiendo la Primera Guerra Mundial. Ese miedo a la muerte lo llevó a recorrer el mundo accidental y bruscamente. Ante sus incesantes traslados, el suizo tuvo que recurrir al boxeo como medio para ganar un poco de dinero. Sin embargo, sus constantes derrotas y su vagabundeo lo orilló a volverse ladrón de joyas y falsificador de documentos con el fin de sobrevivir a sus circunstancias.
Ahora bien, esa forma de vida bohemia terminó por conducirlo hasta México en 1918. Ahí se casó con la poeta norteamericana Mina Loy, a quién había conocido mientras vagabundeaba por Nueva York. En ese entonces, la pareja recién casada planeaba un viaje a Buenos Aires que no cumpliría con las expectativas. Aunque su esposa llegó al destino sin problemas, Cravan desapareció misteriosamente durante su traslado hacia la ciudad argentina.

Un poeta confrontativo
Arthur Cravan nació en Suiza en 1887 y fue hijo de una pareja acomodada económicamente. Su tía, de nombre Constance Mary Lloyd, se casó con Oscar Wilde en 1884. Ahora bien, aunque el escritor norteamericano plantaría la primera semilla poética en la mente de Cravan, su poeta favorito terminaría volviéndose el francés Arthur Rimbaud.
Ya en su adultez, su amor por las letras lo conduce a fundar y editar una revista literaria llamada Maintenant. En ella, Cravan trasladó su espíritu boxista del cuadrilátero hasta la página. Es decir, la revista Maintenant se concentraba más en cuestionar arte que en analizarlo: ahí, el poeta suizo insultaba al canon y agraviaba a los artistas más famosos del momento con suma lucidez. Su objetivo – más allá de ser crítico y analítico – se concentraba en ser incisivo como un gancho directo a la yugular. La revista llegó a llamar la atención de varios artistas vanguardistas que abogaron por una revolución artística (tales como Matisse y Duchamp) e incluso provocó que André Bretón la alabara como una propulsora del pensamiento dadaísta.

En términos generales, podría decirse que Arthur Cravan emuló la vida del poeta maldito inaugurado por su ídolo Rimbaud. Tanto su poesía como su personalidad parecían engendrar ese espíritu subversivo y esa rebeldía que tanto defendió el poeta francés. Es decir, Cravan no era un desconocido del desastre ni mucho menos del desenfreno: en varias ocasiones se le vio desnudarse en plena conferencia e incluso llegó a promover unas de sus peleas bajo la promesa de que ésta terminaría con su suicidio.
Ahora bien, aunque su obra poética no agitó al público cómo le hubiera gustado al suizo, su forma de vida siempre generó controversia, revuelo y – sobre todo – admiración. En una conferencia sobre artistas independientes llevada a cabo por Francis Picabia y Marcel Duchamp – por ejemplo – Cravan asistió al evento borracho y empezó a desnudarse frente al público. Su subversión era aclamada como performance por lo espectacular que resultaba su presencia. Por ello, su verdadero arte – más allá de su poesía y sus performances – residió completamente en su personalidad.
Un boxeador performático
En 1915, Arthur Cravan se despide de Francia en plena Primera Guerra Mundial y viaja por Europa con pasaportes falsificados. Al pasar por Barcelona en 1916, el suizo con espíritu de poeta maldito decide dedicarse al boxeo. Aunque sus dos metros de estatura podían llegar a intimidar a sus contrincantes, lo cierto es que su destreza se expresaba mejor con una pluma en la mano que con el puño cerrado. Sin embargo, el suizo compensaba su ausencia de técnica con estilo y espectáculo.
A pesar de las constantes derrotas del poeta suizo, su ímpetu nunca se doblegó ante nadie. Ya en Barcelona, por ejemplo, se enfrentó en la Plaza Monumental al campeón del mundo de peso completo Jack Johnson. Lo curioso es que el campeón norteamericano decidió esperar el knock-out de Cravan hasta el sexto round para cubrir con la duración mínima estipulada de una filmación que se estaba realizando sobre la pelea. Aunque el suizo terminó perdiendo la pelea, el dinero que ganó por participar en ella le sirvió para salir de Europa y escapar de la guerra.

Sin embargo, Cravan subiría de nuevo al cuadrilátero en junio de ese mismo año. En esa ocasión, el poeta pseudo boxeador se enfrentó con el francés Franck Hotche en la Plaza Condal. Para la decepción del público, el combate solo duraría unos minutos, pues la borrachera con la que había llegado Cravan le impidió pelear. Más adelante conoce a Mina Loy en Nueva York, pero escapa de Estados Unidos después de ser arrestado por exhibicionismo. En ese entonces Cravan no lo sabía, pero el destino terminaría por dirigirlo hasta tierras mexicanas.
Ya en 1918, Cravan se casa con Loy en la Basílica de Guadalupe y queda encinta rápidamente. Todavía en México, el poeta suizo tuvo su última pelea en plaza Toreo contra el jamaiquino Jimmy Smith. Harto de las derrotas y las heridas, Cravan terminó por alejarse del boxeo profesional para volverse profesor de educación física en la Academia Atlética de México.
Naufragio y desaparición
Arthur Cravan fue un poeta maldito con espíritu boxeador, pero también fue mucho más que eso. El suizo fue también ladrón de joyas, vagabundo en Nueva York, recolector de naranjas en California, marinero y profesor de educación física. En escasos treinta años, Cravan logró hacer de su persona todo un espectáculo: escandalizó a la sociedad con su estilo de vida, retó a la comunidad artística con sus pensamientos subversivos, peleó contra un campeón de peso pesado y, finalmente, desapareció del mundo sin dejar huella.

Sin embargo, me parece un tanto contradictorio que un artista que insistió tanto en el potencial que yace detrás de una confrontación haya pasado tanto tiempo huyendo del conflicto bélico. Es decir, resulta bastante irónico que todos sus intentos por escapar de la Primera Guerra Mundial lo hayan conducido hasta una sospechosa desaparición. Al final del día, Cravan murió misteriosamente en el único viaje que no tenía el propósito de refugiarse de la muerte y escapar de la guerra.
Desafortunadamente – a más de un siglo de su ausencia – las razones de su desaparición permanecen desconocidas. Algunas hipótesis afirman que Cravan naufragó en el Golfo de México mientras se trasladaba en velero. Por otro lado, otras versiones apuntan a que el poeta y boxeador suizo fue asesinado durante la revolución mexicana. Hoy en día – aunque siguen saliendo testimonios sospechosos a la superficie – el misterio de su desaparición sigue sin resolverse pero su impacto prevalece.
Tomás Lujambio / @tlujambiot