{"id":13369,"date":"2015-09-03T10:00:00","date_gmt":"2015-09-03T15:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/nofm-radio.com\/?p=13369"},"modified":"2015-09-03T10:00:00","modified_gmt":"2015-09-03T15:00:00","slug":"trensuburbano-remesas","status":"publish","type":"archivo","link":"https:\/\/nofm-radio.com\/?archivo=trensuburbano-remesas","title":{"rendered":"#TrenSuburbano. Remesas"},"content":{"rendered":"<p>Por <strong>Aldo Rosales<\/strong><br \/>\n<a href=\"https:\/\/twitter.com\/AldoRosalesV\">@AldoRosalesV<\/a><br \/>\nDespu\u00e9s de tres meses (para mi madre: para m\u00ed han sido ocho) de no visitar a mi<strong> abuela<\/strong>, hoy, por fin, tomamos la combi, el cami\u00f3n y la segunda combi que se necesitan para llegar a su casa, en el municipio de <strong>Tlazala<\/strong>. Al bajar del tercer transporte, la segunda combi, lo primero que se puede ver es un <strong>deshuesadero<\/strong> enorme, que le gana terreno al monte; filas y filas de autos oxidados a medio devorar, a medio olvidar; a su lado, casas enormes, bellas, con una o dos trucks, <strong>american trucks<\/strong>, en el parking lot. Luego, enfrente, una enorme cuesta bordeada de maleza; al final, en la punta del cerro, la casa de mi abuela. La carretera es una frontera.<br \/>\nAgitados, con bolsas de despensa en la mano, tocamos a la puerta; las ocho cruces de metal, soldadas a la puerta en la parte superior \u2013que mi abuela mand\u00f3 forjar para bendecir la casa, su primera <strong>casa propia<\/strong> de toda la vida- vibran cuando golpe\u00f3 la puerta con el pu\u00f1o cerrado, tan fuerte como puedo. Luego de unos minutos, mi abuela, a gritos, pregunta qui\u00e9n est\u00e1 ah\u00ed. Mam\u00e1 responde, la puerta se abre y el rostro de mi abuela (del que el tiempo y un hombre hicieron una copia al carb\u00f3n: mi madre) se asoma; tambi\u00e9n es mi rostro: esto es, sin duda, un aviso del tiempo, asomarse a las aguas del <strong>futuro<\/strong>. Pasamos.<br \/>\n<a class=\"no-eff img-link lightbox\" href=\"http:\/\/nofm-radio.com\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Cruces3.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-13371\" src=\"http:\/\/nofm-radio.com\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Cruces3.jpeg\" alt=\"Cruces3\" width=\"640\" height=\"362\" \/><\/a><br \/>\nLleva una pa\u00f1oleta en la cabeza, la nubosidad en sus ojos anuncia s\u00f3lo siluetas con posibilidades de no volver a ver jam\u00e1s. Nos invita a sentarnos a la mesa del comedor, donde hay, invariablemente, nueces y cajas de medicina. Tras esa mesa, otra, donde hay una orograf\u00eda de la fe de mi abuela: <strong>santos<\/strong>, deidades, \u00e1ngeles, un <strong>ni\u00f1o Dios<\/strong> y una copia de m\u00e1s de un metro de <strong>La \u00faltima cena<\/strong>; las cosas que ha acumulado durante una vida de creer que Dios la vigila desde las alturas y no le ha permitido morir en m\u00e1s de 85 a\u00f1os.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s, abuela?, \u00bfya te tomaste la medicina?, \u00bfsigues yendo al doctor? Las preguntas que le hago parecen no importarle. Las paredes tienen manchas de humedad porque se niega a abrir las ventanas. La casa es un amasijo de rec\u00e1maras enormes, la mayor\u00eda abandonadas. El <strong>terreno<\/strong>, un pedazo de ladera, un pe\u00f1asco donde s\u00f3lo florecieron los hubieras, le cost\u00f3, al menos, diez veces m\u00e1s de lo que en realidad val\u00eda; otro tanto con la casa. Una mujer anciana, sola, que no sabe leer, y que durante m\u00e1s de diez a\u00f1os recibi\u00f3, cada mes, 12 mil pesos en <strong>remesas<\/strong>, enviadas por su hijo, es una amenaza de estafa. Sus vecinos, los alba\u00f1iles, los abogados, el municipio y los sacerdotes lo supieron ver. La <strong>fe<\/strong> s\u00f3lo tiene un due\u00f1o en esa casa: ella. A mi t\u00edo, cuando volvi\u00f3, s\u00f3lo para encontrarse que diez a\u00f1os de pulir pisos y lavar vajillas en un restaurante de <strong>Estados Unidos<\/strong> (Denver), hab\u00edan terminado as\u00ed, se le acab\u00f3.<br \/>\nMucha gente en este <strong>municipio<\/strong> tiene familia en los <strong>Estados Unidos<\/strong>; as\u00ed han construido sus casas. Hay <strong>colonias<\/strong> completas llenas de casas enormes, bellas, hechas a la usanza de las ciudades de Estados Unidos; nadie las habita en ocasiones, s\u00f3lo est\u00e1n all\u00ed, como un <strong>mausoleo<\/strong> a los que est\u00e1n muertos de distancia y a veces de <strong>olvido<\/strong>. Hombres que se fueron una madrugada, con un escapulario al cuello \u2013mordi\u00e9ndoles la manzana de Ad\u00e1n como una serpiente de tela y cabeza rectangular- y una bendici\u00f3n entre los ojos y la frente. Hombres que tuvieron miedo, hambre y sed, y luego de algunos meses lograron sacudirse el yo me llamo para rellenarlo con un I am, luego mandar <strong>d\u00f3lares<\/strong> a la mujer y los hijos que se quedaron en una tierra que, como a su familia, aman con mayor intensidad cuando est\u00e1n lejos.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-13373\" src=\"http:\/\/nofm-radio.com\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Cruces5.jpg\" alt=\"Cruces5\" width=\"640\" height=\"480\" \/><br \/>\n-Deber\u00edas ir al doctor a que te revisen, siquiera deja que te lleve \u2013mam\u00e1 trata de convencer a mi abuela de algo que, sabe, no cambiar\u00e1: su peque\u00f1a lucha de madre e hija,<strong> batalla<\/strong> perdida de antemano.<br \/>\nMi t\u00edo no est\u00e1 en casa; trabaja, otra vez, como <strong>panadero<\/strong>, el oficio que aprendi\u00f3 desde ni\u00f1o. Trabaja diez horas, por las que recibe un sueldo equivalente al de una hora en Estados Unidos; nada po\u00e9tico en el pan, ni en su elaboraci\u00f3n, como lo quiere hallar <strong>Cristina Pacheco<\/strong> en su programa. S\u00f3lo manos entumidas, u\u00f1as llenas de harina y antebrazos como troncos. Un sueldo bajo, nostalgia por una segunda tierra que se hizo la primera.<br \/>\nOtros hombres parten y a\u00f1os despu\u00e9s, cuando est\u00e1n asentados, cuando hay un poco de <strong>seguridad<\/strong>, mandan por sus hijos. Las nubes se van al <strong>Norte<\/strong>, el viento las lleva de la mano, y con ellas el agua; tambi\u00e9n las familias, a veces, as\u00ed se van. Luego, a\u00f1os despu\u00e9s, vuelven, s\u00f3lo para descubrir que ya no encajan, que <strong>M\u00e9xico<\/strong> es una palabra sin traducci\u00f3n fiel al ingl\u00e9s que ahora hablan o creen hablar; se van de nuevo en pocos d\u00edas, dejan atr\u00e1s las casas, las remesas, y una foto suya con sombra de veladora.<br \/>\nMi abuela nos dice que la ayudemos a bajar las peras, que el \u00e1rbol est\u00e1 cargado y nadie la ha ayudado a bajarlas. Tomo una escalera vieja, de madera podrida, y luego de subir un par de escalones arrojo, como puedo, las frutas que mi madre y mi abuela reciben con una s\u00e1bana extendida. Regresamos a la sala a escoger las podridas y las que a\u00fan sirven; separar las buenas <strong>mies<\/strong> de las malas. Mi mam\u00e1 y mi abuela conversan, con las peras en las manos, como mediadoras.<br \/>\n-V\u00e1monos para la casa, no puedes estar sola.<br \/>\n-Tu hermano llega en la noche, no estoy sola; adem\u00e1s, mis santos me cuidan.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-13372\" src=\"http:\/\/nofm-radio.com\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Cruces4.jpg\" alt=\"Cruces4\" width=\"500\" height=\"383\" \/><br \/>\nDel cielo tambi\u00e9n le llegan remesas a mi abuela, cantidades peque\u00f1as de vida, en forma de d\u00edas; la moneda corriente entre todos nosotros, los humanos. La <strong>moneda cat\u00f3lica<\/strong>, la fe en la <strong>Virgen Mar\u00eda<\/strong> y en<strong> Jesucristo<\/strong>, est\u00e1 devaluada para mi t\u00edo Javier: durante su estancia en Estados Unidos cambi\u00f3 de religi\u00f3n, varias veces intent\u00f3 convencer a mi abuela de cambiarse a esa otra doctrina: como mudarse de casa porque la actual tiene goteras, humedad, cosas sucias. Mi abuela morir\u00e1 en esta casa, instalada en esa fe, y ya nada la har\u00e1 cambiar de opini\u00f3n.<br \/>\nLuego de separar las peras, mi abuela se levanta y saca del ropero una caja llena de discos compactos: muchos son de <strong>Los tigres del norte<\/strong>. Del Norte. Toma un disco, lo pone y sube el volumen: la casa se llena de historias de gente que se fue a buscar una mejor vida, de hombres que murieron en la <strong>frontera<\/strong>. Quiz\u00e1s esas canciones le hac\u00edan pensar en mi t\u00edo durante todos esos a\u00f1os de ausencia.<br \/>\nDebemos irnos, se hace tarde y estamos lejos de casa. Mam\u00e1 recibe la <strong>bendici\u00f3n<\/strong> de mi abuela, agacha la cabeza, aunque ya no cree en la religi\u00f3n. Besa la mano de su madre, un trozo arrugado de pergamino donde est\u00e1 escrito nuestro origen, lo que somos. Mi abuela sale a despedirnos, nos dice adi\u00f3s con la mano desde la puerta de entrada a su casa, protegida por sus <strong>ocho cruces<\/strong> de metal oxidado, por las que de seguro pag\u00f3 una cantidad injusta. A ver cu\u00e1ndo vienen de nuevo, dice, y traen a los dem\u00e1s. La <strong>familia<\/strong>: algo que est\u00e1 lejos, que ya no sabemos si existe o no, de la que a veces le llegan <strong>noticias<\/strong>, remesas; la familia que se le qued\u00f3 a mi abuela del otro lado del desierto que es la vida. Cierra la puerta y la m\u00fasica aminora, pero no se extingue. Mientras bajamos por la empinada cuesta, vemos, del otro lado de la calle, las casas enormes, bellas, a la usanza de algunos pueblos de Estados Unidos, que se han construido seg\u00fan las instrucciones y posibilidades econ\u00f3micas de los que env\u00edan dinero a las familias que se quedaron. Un peque\u00f1o <strong>neighborhood<\/strong>\u00a0a la mitad de un cerro en el Estado de M\u00e9xico. Toda esa gente, la que se queda, compra veladoras, casi siempre por caja: s\u00f3lo as\u00ed se le puede iluminar el camino a un ser querido a trav\u00e9s del desierto, de la distancia, que est\u00e1 tras los cerros, all\u00e1 lejos, al Norte.<br \/>\n<a class=\"no-eff img-link lightbox\" href=\"http:\/\/nofm-radio.com\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Cruces2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-13370\" src=\"http:\/\/nofm-radio.com\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Cruces2.jpg\" alt=\"Cruces2\" width=\"640\" height=\"480\" \/><\/a><br \/>\nSubimos a la combi, que avanza lentamente porque no puede rebasar en curva al cami\u00f3n de volteo lleno de piedras que va adelante. Cuando por fin llegamos a una recta, rebasa. Volteo y miro el mensaje escrito en el parabrisas del <strong>cami\u00f3n<\/strong> \u201cVoy con Dios, si no regreso estoy con \u00e9l\u201d. Y creo entender muchas cosas de los que se van al Norte a buscar, como ellos mismos dicen \u201cuna vida mejor\u201d, pero s\u00e9 que en realidad ignoro todo, o casi todo, lo que tenga que ver con salir de madrugada, con los ladridos de los perros a la espalda, la bendici\u00f3n en la frente y el dinero para pagar al<strong> Coyote<\/strong> o Pollero. Mam\u00e1 se ve triste, como quien se ha dejado algo atr\u00e1s, del otro lado de una frontera infranqueable, y no sabe si volver por ello o aprender a vivir as\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"template":"","meta":{"_id_youtube":"","_id_vimeo":"","_podcasts_duration":"","_podcasts_url":"","_podcasts_show":"","_prog_horario_dias":"","_prog_hora":"","_prog_duration":""},"class_list":["post-13369","archivo","type-archivo","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nofm-radio.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/archivo\/13369","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nofm-radio.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/archivo"}],"about":[{"href":"https:\/\/nofm-radio.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/archivo"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nofm-radio.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13369"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}