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Hutchence, Yates y Geldof: un triángulo amoroso mortal

Micheal Hutchence – el vocalista de la banda australiana INXS – fue un músico que siguió el lifestyle del rockstar al pie de la letra: consumió todas las drogas posibles, bebió más alcohol que el riñón puede soportar, tuvo relaciones con mujeres hermosas e incluso contó con una muerte controversial. El vocalista australiano era reconocido por su sex appeal, su voz, pero – sobre todo – por su presencia en el escenario. Para él, el ímpetu de subirse a un escenario rebasaba cualquier sensación que pudieran ofrecer las drogas, la fama o el sexo. En pocas palabras, se trataba de un rockero sumamente interesante, no solo por su trayectoria musical sino también por su vida detrás de bambalinas. Su vida como músico fue tan mediática como su vida personal, pues en 1995 se involucró amorosamente con Paula Yates, una reportera musical casada con el integrante de The Boomtown Rats: el irlandés Bob Geldof

Tanto Hutchence como Geldof fueron aclamados y reconocidos por el mundo por su labor musical, sin embargo, había algo en lo que diferían ambas personalidades. Mientras Huthcence tenía fama por su sex appeal y su naturaleza performática en el escenario, Geldof había sido reconocido con el título de caballero honorario (a pesar de ser irlandés) por sus labores como activista político. Uno era un músico con alma humanitaria; el otro un rockstar atractivo y empedernido que vivía en el desenfreno total. Paula Yates tuvo la oportunidad de probar ambas sopas, pero solo la segunda le rompió el corazón. Algunos afirman que Yates persiguió la fama a toda costa (sin importar la pareja que se la consiguiera), pero el amor entre el australiano y la británica parecía igual de real e intenso que cualquier otro.

El origen del romance

La controversia empieza en 1994 cuando Paula Yates entrevista a Micheal Hutchence encima de una cama (como era costumbre) para su programa Big Breakfast. El coqueteo entre ambos se produjo casi instantáneamente y la química entre ellos fue palpable durante toda la entrevista. En seis cortos minutos el destino parecía sellado: a partir de ese momento comenzaría un amorío que tendría un final desastroso y que terminaría por quitarle la vida a Hutchence en 1997 y a Yates unos años más tarde. La entrevista se volvió viral e hizo público el inicio de un triángulo amoroso verdaderamente peligroso para los que lo conformaron. Es más, el amor entre Hutchence y Yates empezó tan rápidamente que en escasos dos años de relación ya tenían una hija juntos. Pero, ¿qué sucedió entre 1995 y 1997 qué desencadenó la muerte de Hutchence en el Ritz Carlton de Sydney?

Micheal Hutchence y Paula Yates en el programa Big Breakfast

Para la década de los noventa INXS ya no tenía el mismo renombre que antes. Es más, cuando Micheal Hutchence tuvo la oportunidad de anunciar el ganador a mejor video musical de los Brit Awards en 1996, un integrante de Oasis remarcó que “los músicos del pasado no deberían de darle premios a los genios del momento”. Tanto INXS como Micheal Hutchence habían perdido un tipo de fama que les era del todo usual y cotidiana. Sin embargo, mientras su carrera musical decaía su vida personal parecía endulzarse, pues en 1996 Paula Yates se divorcia de Geldof y da luz a la única hija de Hutchence: Heavenly Tiger Huthence

El inicio del final: una sobredosis de sensibilidad

Esto nos propulsa al año 1997: INXS promovía en Sydney la gira de su último álbum (Elegantly Wasted) mientras Paula Yates empezaba el juicio para determinar la custodia de sus hijas con Bob Geldof. Para ese entonces, se dice que Micheal Hutchence estaba pasando por una depresión muy grande, relacionada con la ausencia de su pareja Yates y su hija recién nacida Tiger. A pesar de la distancia, el vocalista tenía la impresión de que el juicio terminaría lo suficientemente temprano como para pasar la Navidad y el Año Nuevo con su familia recién formada. Sin embargo, el juicio se aplazó indefinidamente y la noticia tumbó a Hutchence en la depresión, el desenfreno y la desesperación.

Ante semejante situación, en la madrugada del 22 de noviembre de 1997, Micheal Hutchence decide llamar por teléfono a Bob Geldof para rogarle que Yates y su hija Tiger fueran permitidas ir a visitarlo a Sydney. La llamada escaló rápidamente y se volvió tan violenta que varios de los huéspedes del hotel Ritz escucharon los gritos de Hutchence al discutir con el ex marido de su pareja. Las súplicas de Hutchence fueron intrascendentes, pues Yates no tuvo la oportunidad de visitarlo como habían planeado. Desafortunadamente, esta circunstancia desencadenó otra noche de desenfreno de la cuál no sobreviviría el aclamado rockstar australiano: a la mañana siguiente Hutchence sería encontrado muerto en su habitación de hotel.  

En su momento, se dijo que Hutchence había cometido suicidio, pero – en entrevistas posteriores a su muerte – tanto Geldof como Yates afirmaron con sinceridad que él nunca optaría por eso. Sí, Hutchence había muerto asfixiado bajo propia mano, pero no con la intención de suicidarse sino con la intención de auto-estimularse eróticamente. Seamos honestos: entre una masturbación asfixiante y un suicidio intencional hay varias decisiones de distancia. 

Micheal Hutchence y Paula Yates

La vida después del rock

Tras la muerte de Hutchence, Yates perdió la custodia de sus hijas y decidió mudarse a una casa de campo en Hastings junto a su hija Tiger. Se dice que la reportera galesa había encontrado en esa pequeña cabaña un estilo de vida tranquilo y pacífico que le permitió alejarse del mundo de las drogas que tanto había probado con el músico australiano. Sin embargo, tres años más tarde, Yates regresó a Londres por motivos laborales y terminó muerta en su casa de Notting Hill por una sobredosis de heroína. Al igual que con Hutchence, se consideró la posibilidad de que se tratara de un suicidio, pero al final se determinó que su muerte había sido producto de una conducta imprudente de parte de la madre de Tiger.

La relación entre estos tres amantes del rock demuestra con exactitud que – en la mayoría de los casos – es imposible salir ileso de un triángulo amoroso. Sea la vida, la pareja o el amor, cada línea que sostiene al triángulo amoroso termina quebrada de alguna u otra manera. Tanto Hutchence como Paula (y Geldof también) perdieron algo sagrado para ellos. En efecto, tras el quebranto de ese triángulo lo único que quedó fue el recuerdo de dos amantes que se quisieron con excesiva sensibilidad, el recuerdo de dos muertes controversiales: tanto la de Hutchence en 1997 como la de Yates en 2000. Desafortunadamente, la única que sobrevivió la catarsis de semejante amorío fue su hija Tiger Hutchence, quién quedó huérfana a los 4 años. 

La custodia de Tiger Hutchence

En 2007, sin embargo, Bob Geldof decide adoptar a la pequeña después de una larga pelea contra la madre y la media hermana del rockero australiano. La fricción entre ambas familias fue bastante duradera, pues la abuela de Tiger afirmaba que estaba siendo educada por niñeras que no le brindaban la atención y el cariño que necesitaba la niña. Por otro lado, se le acusaba constantemente a Geldof de estar más preocupado en sus proyectos de caridad que en la crianza de su hija recién adoptada.

Al día de hoy, tanto Bob Geldof como Tiger Hutchence siguen con vida. Pero sus vidas prueban que son muy pocos los mortales que sobreviven el estilo de vida rockero: no cualquiera late al ritmo del rock sin salir desorbitado. 

sir Bob Geldof cargando a Heavenly Tiger Hutchence

Tomás Lujambio Toca, Twitter: @tlujambiot