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César Chávez en la oficina oval, ¿pura decoración?

César Chávez en la Oficina Oval

Llegó la fecha que muchos (no todos, hay que decirlo) esperaban. Esta semana en la Casa Blanca supuso un cambio en la política internacional. Por si alguien tenía dudas, la toma de posesión de Joe Biden y Kamala Harris se encargó de dejar en claro que la clase política gringa quiere olvidarse de Trump como si fuera un mal sueño y reafirmar el regreso del verdadero espíritu americano.

Y bueno, todos sabemos que nuestros vecinos del norte son buenísimos en vendernos su versión de la vida de ensueño. Sólo basta repasar las celebraciones de la noche del miércoles con fuegos artificiales decorando los monumentos de la capital estadounidense, mientras la voz de Tom Hanks se encargaba de inaugurar una nueva era en la vida del pueblo americano.

Diversidad, diversidad, diversidad

Si algo está claro es que la presidencia de Joe Biden quiere borrar lo más rápido posible las políticas de Donald Trump. Y si algo le aprendió a su antecesor es que no sólo importan las acciones, sino cómo se presentan ante los ciudadanos. Por ello, además de anunciar que desde el minuto uno de su mandato firmaría 15 decretos para revertir decisiones de su antecesor, también ha empezado a construir los símbolos de lo que pretende que sea su legado.

De esta manera, tanto el gabinete más diverso de la historia, como el decorado de la famosa Oficina Oval han llamado la atención de la prensa de inmediato. Los retratos de Andrew Jackson (uno de los presidentes más controversiales y racistas de la historia gringa) cedieron su lugar a retratos de defensores de los derechos humanos. Martin Luther King, Rosa Parks, Eleonor Roosevelt resaltan en la nueva oficina presidencial. Pero quizá la mayor sorpresa de todas ha sido un busto del activista mexicoamericano César Chávez ubicado exactamente a espaldas del asiento del presidente.

Conocido como un incansable luchador por los derechos de los trabajadores del campo, César Chávez es un símbolo para los migrantes. Su presencia en la Casa Blanca es, en muchos sentidos, una reivindicación de uno de los grupos más golpeados en los últimos años en Estados Unidos. Así lo afirmó Paul F, Chávez, hijo del activista y encargado de la fundación César Chávez, quien prestó el busto a petición de la presidencia.

Todo queda en familia

La relación entre Biden y la familia Chávez no es fortuita. Julie Chávez Rodríguez, nieta del activista, es una antigua colaboradora del ahora presidente. Fue encargada fue subdirectora de la campaña Biden/Harris. Y en el periodo de Obama fue defensora de los derechos de los migrantes y una de las impulsoras del programa DACA. Ahora, la nombraron directora de Asuntos Intergubernamentales de la Casa Blanca. Este es uno de los puestos de mayor nivel al que ha llegado una latina en el gobierno gringo.

La presencia de Chávez en la Oficina Oval ha desatado todo un debate. El hecho de que esté entre los retratos familiares de Biden, le da un papel preponderante a la figura. Tan es así, que cierta prensa ha querido vender el hecho como que el activista es el ángel guardián o una especie de conciencia del presidente. Otros lo ven como un simple requisito para cumplir con las cuotas de las minorías. Y lo más seguro es que sea un poco una mezcla de ambas.

¿Pura decoración?

Si bien entendemos la importancia de los símbolos y la representación, algo salta en la presencia de Chávez en la Oficina Oval. Y es que, sin demeritar el legado del activista y el trabajo de su nieta, algo todavía no cuadra en el discurso del nuevo presidente. No podemos olvidar que, como parte de la administración Obama, Biden participó de la expulsión de una cantidad brutal de migrantes, entre ellos niños y niñas. Y, aunque una de las primeras órdenes ejecutivas fue regularizar la situación de 11 millones de migrantes, Biden ha hablado nada o casi nada de las caravanas migrantes y qué se hará para atender la emergencia humanitaria, o qué pasará con las y los miles de menores detenidos en su país.

Al final, no hay que restarle mérito. Es importante que los campesinos, los trabajadores, los migrantes, los defensores de derechos al fin se reconozcan como parte de una sociedad que históricamente los ha negado, pero no basta con eso.

Ante una presidencia que busca reconstruir el alma del pueblo estadounidense, y de paso volver a erigirse como la conciencia del mundo libre, vale la pena cuestionarse si la figura de César Chávez está ahí como una pieza de museo o como el recordatorio de una deuda histórica con un pueblo vivo que sostiene y paga el modo de vida americano que esta presidencia ahora defiende con tanto ahínco. En ese sentido, ojalá que César Chávez sí sea, de una u otra forma, la voz en la cabeza del ahora hombre más poderoso del mundo.


Gabriela Astorga – @Gastorgap


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