La sala más silenciosa del mundo

Silencio absoluto
El lugar más silencioso de la tierra podría sonar como un paraíso perdido para cualquier yogui fanático de la meditación. Sin embargo, yo le aconsejaría a esa persona reconsiderar su deseo. En realidad, un silencio excesivo puede llegar a ser igual de estresante que un ruido estremecedor. Pero si insisten en permanecer escépticos, les sugiero visitar la cámara anecoica de Microsoft ubicada en Estados Unidos desde 2015.
Este lugar, por más pacífico que parezca, contiene entre sus muros un monstruo inesperado: el silencio total. Es decir, aunque ingresar a la cámara resulta ser una experiencia tranquilizadora y meditativa para unos, para otros puede llegar a ser un acontecimiento angustiante. Es más, la experiencia sensorial es tan catártica que algunos dicen haber alucinado tras pasar unos cuantos minutos dentro de la sala.
Aunque mucha gente expresa interés por visitar esta sala, hoy en día la cámara anecoica (sin ecos) solo es utilizada para investigaciones y experimentos tecnológicos. Es más, el equipo de Microsoft dice haber recibido solicitudes de distintos investigadores interesados en utilizar la sala. Entre ellos, destacan científicos y médicos que insisten en utilizarla para estudiar las repercusiones que tiene la privación sensorial en relación a distintos trastornos mentales.
Construyendo el silencio
La cámara anecoica de Microsoft fue diseñada por Hundraj Gopal (científico especialista en la audición) y tomó dos años en ser construida. A pesar de haber tardado ocho meses en encontrar un espacio lo suficientemente callado para este proyecto, la sala por fin se construyó en el edificio 87 de la sede de Microsoft localizada en Washington. La sala es un espacio cúbico que mide 6.36 metros por cada lado y el ruido ahí contenido es tan bajo que se acerca al cero absoluto del sonido. Pero, ¿de qué le sirve a Microsoft contar con este tipo de construcción?

Al parecer, la compañía estadounidense utiliza la cámara anecoica para mejorar la calidad de su asistente de voz Cortana (la competencia de Siri). Asimismo, la compañía utiliza la cámara tanto para perfeccionar el sonido de su servicio de videollamadas (Skype) como para diseñar un traductor de idiomas más certero. El diseño particular de este espacio, así pues, les permite registrar el sonido de la voz con mucho más nitidez e identificar los ruidos que puede generar el hardware de sus dispositivos electrónicos.
Ahora bien, el silencio récord que consiguió esta sala tan peculiar es posible gracias a dos aspectos fundamentales de su construcción. El primero tiene que ver con su aislamiento: el cuarto (que recuerda a un estudio de grabación) cuenta con seis capas de concreto que funcionan para bloquear el ruido que proviene de afuera. El segundo aspecto, sin embargo, tiene que ver con su diseño interior. La cámara cuenta con paredes aislantes hechas de hormigón con 12 pulgadas de profundidad. Estas paredes aislantes son las que permiten absorber el sonido y los ecos producidos dentro de la misma. De esta forma, tanto el ruido exterior como el ruido interior quedan reducidos a su máxima potencia, lo cual produce una presión perceptible incluso para el cuerpo. Para que te des una idea, algunos comparan esa presión a la que se percibe al estar sumergido bajo una alberca.

El cuerpo es un instrumento
Al entrar a la sala, nuestros oídos quedan tan sorprendidos ante la ausencia total de ruido que tienen que recurrir al cuerpo como única fuente de sonido disponible para aminorar el silencio. Es decir, dentro de la cámara anecoica construida por Microsoft, el silencio llega a ser tan grande que nuestros oídos se ven obligados a adaptarse a la circunstancia y registrar incluso el sonido más tenue e imperceptible cotidianamente. Distintas personas afirman haber escuchado el correr de la sangre por las venas, el latido del corazón e incluso el choque que se da entre los huesos mientras nos movemos.
Parece sorprendente que una cosa tan imperceptible – pero tan infinita – como el silencio sea capaz de cambiar la manera en la que percibimos nuestra realidad. La experiencia que ofrece esta cámara anecoica es del todo psicodélica, pues nos ofrece una nueva perspectiva: la perspectiva del cuerpo. Es decir, aquel que ingresa a ella no tiene de otra más que reconocer su cuerpo como un instrumento maquínico.
Esta sala literalmente alucinante le enfatiza al yogui promedio sobre la imposibilidad de acceder al silencio absoluto (por más que su meditación le haga creer lo contrario). Pero – sobre todo – la cámara anecoica nos recuerda sobre los engranajes orgánicos a los que les debemos que nuestro cuerpo continúe latiendo con imperceptible sonido.
Una caverna posmoderna
Ahora bien, algunos de los que han visitado la cámara afirman que el regreso al exterior ruidoso es una experiencia igual de catártica que la de entrar a la privación sensorial dentro de la sala. Cuentan que – tras pasar cierto tiempo rodeado de silencio – la violencia del ruido exterior parece estimular el cuerpo de manera excesiva. Al compararlo con el silencio de adentro, el ruido de afuera parece golpear al cuerpo con una intensidad que ciega, ensordece y trastoca la sensibilidad sensorial de los visitantes.
Dados los testimonios y experiencias de los visitantes, parecería que – más que una cámara anecoica – Microsoft remodeló y reconstruyó la caverna de Platón. Es decir, al salir de la cámara anecoica uno tiene una experiencia similar a aquellos que describió Platón en su famosa alegoría. Al salir de ahí, se vuelve inevitable reconocer tanto las flaquezas de nuestros sentidos como la fragilidad de nuestra realidad perceptible. Al final del día, la cámara anecoica demuestra que la verdad es más compleja de lo que parece: su luz puede dejarnos ciegos; su ruido, sordos.

Tomás Lujambio / @tlujambiot