Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Jauría de porros

Primero, leamos este fragmento de nota periodística:

“Una riña entre miembros del Grupo 3 de marzo y activistas de Regeneración Radio se registró al interior del CCH Vallejo, en la que tres personas resultaron lesionadas por golpes. Las autoridades universitarias, presionadas por la comunidad de Vallejo ante distintas agresiones, entre ellas la que sufrió un compañero del colectivo Revuelta, agredido por 15 integrantes de los 3 de marzo en las cercanías de la central del Norte, expulsaron a 82 supuestos porros (entre ellos dos de sus jefes).”

Este párrafo, que bien pudo ser la nota que describiera los hechos violentos del 21 de septiembre del 2015, en realidad es un combinado de notas retocadas que describían hechos de años anteriores; un ataque del Grupo 3 de marzo a estudiantes, reunidos en un concierto en apoyo a las comunidades zapatistas en diciembre del 2003, y la agresión a un miembro del colectivo Revuelta, en octubre del 2012.

La idea de mostrar este lúgubre ciclo de violencia al interior de bachilleratos de la UNAM no es desanimar a nadie, pero tampoco es contextualizar simplemente, sino crear consciencia de lo que tenemos entre manos cuando hablamos de porros.

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La guerra secreta por un espacio vacío

La “Estación de Radio” en CCH-V no siempre fue el decoroso cubículo hecho pedazos el mes pasado; alguna vez fue una simple mesa al sol, con bocinas y megáfonos en la explanada principal del plantel, donde desde hace más de 10 años hay un problema sobre el uso del espacio público.
Conocí a un profesor que tenía un particular disgusto por la venta de artesanías, manualidades y fruta picada en la explanada a principios de la década pasada. Muchos alumnos no vinculados a colectivos aprovechaban ese espacio aparentemente libre de reglas para el comercio (un darketo vendía rosas teñidas y una chica te leía el tarot por $10.00).
Comprendo la idea de aquel profesor. Hasta donde él podía decir, el reglamento interno prohibía la existencia de ese mini tianguis por la causa que fuera. Y en las refriegas cíclicas que la dirección emprende contra el porraje, muchos de los expulsados eran esos jóvenes neutrales a los que se les hizo fácil ganar algunas monedas en la escuela.
La idea es de nuevo hacer consciencia, pero esta vez del grado de “ilegalidad”, desde el punto de vista de las autoridades, en el que operan los colectivos estudiantiles al interior del plantel. Dichas autoridades, por su parte, deben garantizar también el respeto a los derechos de los supuestos infractores y, por tratarse de tan prestigiada institución educativa, los directores de Prepas y CCHs tendrían que acercarse, como trabajo extra, a estos grupos estudiantiles interesados en la participación política. Hasta aquí, lo que dicta la lógica y el sentido común. Hablar de la realidad objetiva es otra cosa.
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Estado de la cuestión

Regeneración Radio en su comunicado del 21 de septiembre señaló un acoso creciente por parte de grupos porriles, sin que la autoridad universitaria atendiera a las demandas de seguridad. Frente a un cambio de administración, los colectivos estudiantiles se preguntan, con justa razón, si la escalada de violencia obedece a un plan fraguado por alguna autoridad universitaria para amasar poder, aleccionar a grupos activistas para que desistan de sus inquietudes y ganar prestigio político.

Tras el ataque, han tenido dos semanas de mucho trabajo, del que destaca la puesta en marcha de un renovado sitio web, manejado fuera de los muros de Vallejo. Era de esperarse que Regeneración no se rindiera. Ahora, ¿es tarea de Regeneración volver a la UNAM y al CCH-V? Es deseable, sin embargo, atendamos a lo siguiente: en su comunicado 4, Regeneración manifiesta 5 puntos: los dos primeros empiezan con el verbo “exigimos”; el cuarto señala el incumplimiento por parte de Delia Gámez Aguilar, directora interina del plantel, del pliego petitorio firmado un día después de los ataques.

En párrafos anteriores dirigí mi atención a dos puntos: la fortaleza estructural de los porros y el desamparo en el que se encuentra el activista frente a la autoridad que, en papel, debería garantizar sus derechos. Ambos puntos son parte de una consciencia mayor: la del enemigo histórico. Mientras escribo esto Regeneración Radio vuelve al ruedo para lacerar el cerco informativo; pero, si espera dar el salto de calidad, deberá tener en mente lo que la Historia le ha gritado con más y más fuerza a últimas fechas: que el enemigo está en casa y hay que derrotarlo.

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