“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Moby Dick
Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.
Coven
Por Alan Prats
@al_prats
El rock, el ocultismo y el satanismo no son cuestiones ajenas entre sí. Por el contrario han tenido vínculos estrechos desde los orígenes mismos de esta música. El primer referente parte de uno de los mitos fundacionales del rock: Robert Johnson vendiendo su alma al Diablo en algún solitario cruce de caminos de Mississippi para ser el mejor guitarrista de blues. Su muerte en circunstancias poco claras alimentó la leyenda e inauguró el club de los 27.
A partir de la década de 1960, entre la explosión de la contracultura juvenil y el movimiento hippie –siempre en busca de nuevas experiencias y filosofías alternativas–, el rock tuvo un acercamiento más directo al ocultismo y el satanismo, aunque no necesariamente se manifestara de forma explícita. De esta manera se comenzó a hablar de estrellas y bandas cuya música estaba influenciada o hacía referencia a magia y hechicería, o que incluso practicaban rituales ocultos y demoniacos. Sin embargo más allá de acusaciones, rumores y conjeturas por parte de la opinión pública, muy pocos eran los que reconocían abiertamente estas prácticas.

En este contexto aparece Coven, probablemente la primera banda en la historia del rock en desarrollar un sonido y una estética abiertamente satánica y oculta. Y lo interesante es que no sólo se trataba de una imagen que diseñaron para llamar la atención y generar más ventas, sino que en efecto eran un aquelarre activo.
La banda fue formada a finales de los años sesenta en Chicago por Jinx Dawson y sus amigos Steve Ross y Oz Osborne, quienes compartían inquietudes por las artes ocultas. Ellos se tomaban las cosas muy enserio y estudiaron y practicaron con entusiasmo el satanismo, el cual incorporaron a su propuesta musical. En términos de sonido su música no era muy distinta al rock psicodélico que dominaba la cultura juvenil por aquel entonces. De hecho es casi inevitable pensar en Janis Joplin y Big Brother & The Holding Company cuando escuchamos a Coven. Sin embargo, lejos del “amor y paz” que caracterizó al movimiento hippie, su propuesta estética y lírica se orientó hacia senderos más oscuros que enaltecían el nombre de Satanás, hecho que los volvía una banda única y sin precedentes.

En 1969, después de una temporada presentándose en la escena local de Chicago, Coven logró captar la atención de la disquera Mercury Records que muy pronto les ofreció un contrato. Como buenos satanistas Jinx y compañía lo firmaron con su propia sangre, marcando así la aparición de uno de los álbumes pioneros y más influyentes en lo que a rock ocultista se refiere: Witchcraft Destroys Minds & Reaps Souls.
El disco se compone de un rock psicodélico de la más alta calidad, al nivel de cualquier otra banda importante de la escena psicodélica estadounidense del momento. Sin embargo lo que lo hacía diferente era ese halo misterioso, diabólico y maligno que proyectaba. En conjunto las canciones funcionan como un recorrido por distintos temas profanos: brujas, hechicería, aquelarres, sacrificios, pactos con Lucifer, etcétera. Visualmente el álbum despliega una serie de motivos que, años después, se volverían cánones del imaginario del heavy metal y el metal: cruces al revés, calaveras, instrumentos rituales o la “mano cornuda” –seña que sería popularizada por Ronnie James Dio en los años ochenta.

Por si un rock ácido y oscuro fueran poca cosa el álbum concluye con una pieza de 13 minutos por demás interesante, “Satanic mass”, que aparentemente se trata de la grabación de una genuina misa satánica. Si el concepto de Coven como banda y las piezas que componen su disco ya eran algo perturbador y fuera de lo común, esta grabación los situaba más allá de cualquier convención moral o social de la época. “Satanic mass” es quizá el primer registro sonoro que se hizo de una ceremonia de estas características, por lo que su importancia histórica y antropológica es incuestionable.

Witchcraft Destroys Minds & Reaps Souls fue bien recibido entre la escena underground de Chicago pero, como era de esperarse, nunca consiguió éxito comercial. De hecho el álbum quedó fuera de circulación tan sólo unos meses después de haber salido a la venta, luego de que la revista Esquire publicara un artículo sobre la escena satanista psicodélica de California –cuya figura más notable era Charles Manson– en el que se mencionaba el disco.

Al llegar la década de 1970, persiguiendo éxito comercial, Coven terminó por vender su alma a la industria y su música dio un vuelco –a mi parecer– desafortunado. La densa oscuridad que los hacía tan únicos comenzó a diluirse y pasaron de ser una banda de rock psicodélico extraordinaria a ser una banda de rock común y corriente. En Coven (1971) hicieron un rock respetable, pero nada sobresaliente; y en Blood On The Snow (1974) incluso coquetearon con el pop del momento. A mediados de los setenta la banda se disolvió, pero 30 años después fue reformada, recuperando los motivos satánicos pero con un sonido híbrido entre rock y metal con toques de pop.
En definitiva Coven dejó de ser lo que fue en un inicio. Quizá la responsabilidad de ser los primeros en abrir las puertas del rock a Satanás –o viceversa– fue tan grande que tuvieron que dar algo a cambio. Tal vez sólo fueron poseídos por el dinero, el peor de todos los demonios. Quizá…
Hay cosas que es mejor no saber.