Por Erika Arroyo
@WooWooRancher
-¿Te molesta si me siento aquí?
-Está ocupado.
-¿Segura? No veo a nadie.
El asiento izquierdo del sillón emite un discreto chillido. En él se esculpe ligeramente un hueco que anuncia el aterrizaje del compañero inesperado.
-Me llamo…
Por las bocinas se desborda a todo volumen un ritmo antaño que se come a mordidas la lánguida voz varonil. Un gesto de incomprensión es lanzado al aire como un volado por su interlocutora.
-Mmmm… ¿Quieres algo de beber?
La música se escucha más fuerte, la gente se detiene frente a la mesa de la bebida, se intenta decir cosas al oído.
A un costado del pasillo, una chica mira el papel tapiz como si fuese el horizonte y un chico evalúa su accidentado encuentro buscándose en el reflejo de sus zapatos de charol.
Desde una rodaja de limón en el vaso de un daiquirí les damos la bienvenida a Postales.
Los dientes de una rubia se han bañado de un labial rojizo. Sus amigas disfrutan el espectáculo. Se miran en complicidad, como las lechuzas.
En el sillón se experimenta la misma turbulencia del comienzo, un avioncito de papel arrugado con dobleces hechos a las prisas. No sabe si le sudan las manos o la cabeza, no sabe qué decir, cómo hacer que todo vuelva a empezar de alguna forma. Da un sorbo a su cerveza, uno muy grande, tan grande que comienza a ahogarse y a expresarse por la nariz.
-¿Quieres bailar?
Esta vez ha sido ella la de la inexplicable iniciativa.
Un tipo ríe a carcajadas inclinándose hacia atrás y tropezando con un cable. Lo que a continuación se escucha es un zumbido que aniquila cualquier intención. La reunión se pone en pausa momentáneamente. El tipo lucha contra sí mismo, no encuentra el enchufe. La gente comienza a chiflar.
-Mina
-Paul
Alguien ha conseguido enchufar de nuevo el rupestre sistema de sonido. Detrás del bullicio se teje una conversación entre una especie de susurros. Pasan varios minutos para que la gente se anime a bailar de nuevo.
Ninguna anécdota extraordinaria. Paul habla de la última vez que se le ponchó una llanta mientras iba al servicio social. Mina mira hacia el frente como quien busca la playa en medio de un mar de rostros sin nombre.
Un mechón de cabello se resbala del chongo de Mina pendiendo como un resorte para cubrir una de sus sienes. En automático busca reintegrarlo al peinado. Ese gesto la hace ver linda.
El último trago en la botella que sostiene Paul muere derramado en un intercambio de carcajadas en cascada que desemboca en el “¡oinc!” de un cerdo. Un par de animalitos retozando en una acolchonada superficie.
Augusto Alguero- Laugh Laugh
[audio:http://nofm-radio.com/podcast/Track10_Laugh_Laugh_AugustoAlguero.mp3]
La distancia ha sido reducida al mínimo. Una gorda de vestido satinado ha decidido hacerse un espacio en el sillón empujando a ambos a uno de los bordes. Mina ve el reloj de reojo. Paul busca pescar alguna panorámica entre los pliegues de la blusa consiguiendo únicamente atrapar su mirada. El ambiente se escucha difuso. El encuentro se ha suspendido en el aire como una burbuja. Y ahí están ambos intentando hacer algo con ese silencio.