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Sísifos: la mirada circular de la roca de la domesticación

Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.

Albert Camus. El mito de Sísifo.

Sísifos (2019), de Nicolás Gutiérrez Wenhammar y Santiago Mohar Volkow, es un docu-ensayo pensado en clave camusiana, sobre la absurda condición humana en una peligrosa y lograda metáfora con los anexos mexicanos. El documental intenta revelar algo poético-filosófico, oculto entre los rostros y las miradas vacías y errabundas de los retratos de los anexados que, a menudo, exponen su intimidad en un trance performático exhaustivo.

Los anexos son un fantasma del que todos hemos oído hablar alguna vez. Se trate de alguien cercano, de una broma o del típico hombre reformado que sube al camión a hablarnos de estos centros de rehabilitación que no cuentan con la ayuda del gobierno, pero sí de la guía de Dios.

La adicción, como estado de fallo continuo consciente, rueda desde la cima de los 12 pasos hasta el abismo de las faldas de la montaña. Nos recuerda una fuerza casi mítica de la Necesidad que nos arrastra hasta las últimas consecuencias de nuestros destinos. Revela nuestros verdaderos deseos, que por falta de autoconocimiento (o de condiciones socioeconómico-afectivas deplorables), nos han llevado hasta las alturas para sólo tener que repetir obedientemente el camino de regreso ad infinitum. La metáfora es peligrosa. Es fácil perderse en la intensidad del griterío anecdótico. Es difícil entrar en una lectura más objetiva sobre lo que se nos presenta en una esfera más universal de lo humano.

Anexados

En Sísifos, las problemáticas del retrato mismo del anexo, junto con las abundantes narraciones y primeros planos de varios de los alcohólicos ya-no-tan-anónimos, son diversas. Tocan heridas del desgarradísimo tejido social de nuestro país. Si bien son las adicciones las que congregan a los mismos adictos para “ayudarse”, el docum ental deja ver que la adicción se presenta sólo como un síntoma de enfermedades y heridas profundas y sistemáticas que nos atrevemos a atribuir a las macroestructuras hediondas de la economía afectiva que produce el capitalismo.

Los afectos que desean con fervor la productividad máxima posible junto con un archivo de representaciones, prácticas e identidades que despliegan categorías tales como hombre, jefe de familia, trabajador, joven exitoso, padre, hijo, marido, etc., son los significantes que tienen verdaderamente atrapados a los anexados. Podemos escuchar en cada una de las historias que brotan de bocas masculinas, los atributos que le otorgan a todas las figuras femeninas y familiares de sus contextos. Sin sorpresa, enaltecen y encumbran a las mujeres que los han acompañado y, a las que han herido tan terriblemente. El anexo funciona como un espacio de auto-domesticación que revela la moral mexicana machista interiorizada.

La roca de Sísifo

El carácter repetitivo del régimen disciplinario al que los adictos veteranos somete a los adictos recién llegados se nos presenta en Sísifos con una imagen-sonora. Durante sus rutinas diarias, se ve a los internos de menor jerarquía marchar al compás de las órdenes de los padrinos, acompañado del grito militar que contestan: ¡por buena voluntad! En la narrativa afectiva de los adictos no-tan-anónimos, la moral cristiana brilla, poniendo un poco en duda si se trata tan sólo del mito de la roca de Sísifo o si, además, está presente la cruz de Cristo.

Por otro lado, vemos interrumpidas las repetitivas y dramáticas secuencias por varias tomas extrañamente enternecedoras que nos atrapan. Un hombre joven estirando sus piernas y jugando con ellas en un momento de receso; un muchacho esforzándose en escribir un rap sobre su historia para compartir con sus hermanos durante junta, donde será interrumpido por su propio llanto y un preciso corte de cámara; un hombre con ojos que no pueden ocultar la desilusión de sí mismo pero que canta y ama cantar; un hombre que no puede evitar mirar a la cámara durante toda una secuencia, hipnotizado, rompiendo la composición del plano para mirarnos a nosotros.

Una fiesta: los cuerpos entran en trance, el simulacro de la salvación. La rehabilitación se rompe para abrir paso a la liberación real de los afectos constreñidos que se fugan entre luces de colores y refrescos. Los cuerpos hablan, no miramos rostros, sólo pieles. No escuchamos música. Tan sólo podemos oír los sonidos de la naturaleza viva que se encuentra en el exterior de las cuatro paredes del anexo, de las cuatro paredes de la domesticación.

Sísifos se proyectará próximamente en FICUNAM. Consulta la cartelera en ficunam.unam.mx


Camila Perdomo – @nosoypimis

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