Muzak: los secretos de la música ambiental

A estas alturas pocos se atreverían a dudar del poder de la música. Ella se ha convertido no sólo en un medio de expresión, sino en la creadora de ambientes que influyen en la mente y el cuerpo de las personas. En distintos contextos, escuchar música puede hacer la diferencia, ya sea una obra de arte o una simple forma de llenar el silencio. A este último conjunto se le conoce como muzak.
Música en el alambre
Muzak es el nombre de una compañía nacida en 1934 en Estados Unidos. A lo largo de la historia ha cambiado de nombre, ha sido una división secundaria de empresas más grandes, y ha estado en riesgo de desaparecer. Muzak nació a partir de los inventos de general George O. Squier que permitieron transmitir varias señales a través de un sólo medio de transmisión. En los años 30, creó la empresa para ofrecer como servicio la transmisión de música a través de las líneas eléctricas. Squier nombró la empresa inspirado en la marca Kodak, mezclando la primera sílaba de la palabra music, con el final de la famosa marca.
Durante décadas, Muzak transmitió música original compuesta y grabada en pequeños estudios locales. Con la popularización de la radio, la empresa perdió terreno y buscó una nueva línea de negocio. Trasladó su oferta a tiendas, oficinas públicas y hoteles en donde la música sonaba en bocinas ocultas en plantas y otros elemento decorativos. La idea de Squier era que los ambientes en silencio son mucho más hostiles que los que tienen música. El objetivo era crear piezas musicales no invasivas, con las que la gente no se enfrentara al silencio. No había una intención artística en la música de Muzak, sino todo lo contrario: se trataba de no inspirar nada.
Progresión de estímulos
Muzek se especializó en crear colecciones de piezas musicales diseñadas para cada establecimiento. Así se crearía un ambiente cómodo con música que pudiera ser escuchada, pero que no requiriera de demasiada atención. Con los años, Muzak decidió llevar el juego al siguiente nivel: la música afectaba no sólo a los clientes, sino también a los empleados, y una nueva línea de negocios nació. La empresa empezó a asegurar que su música aumentaba la productividad de los empleados, mejoraba los ambientes de trabajo, reducía las quejas y evitaba discusiones.
Todo esto sin que las personas fueran conscientes de que estaban escuchando música. Se trataba de crear música que se fundiera con el ambiente. La música de Muzak empezó a sonar en todos lados. Eisenhower y Johnson la llevaron a la Casa Blanca, al Apollo 11, y a casi todas las oficinas de gobierno de los Estados Unidos.
En 1974, la empresa desarrolló el concepto de progresión de estímulos. Esto consistía en bloques musicales de 15 minutos en los que el ritmo y el volumen iban incrementándose hasta llegar a un final climático, después de cada bloque musical había 15 minutos de silencio. Según la empresa, esta combinación podía repetirse una y otra vez sin hartar al escucha. Muzak lanzó una colección de discos para aumentar la productividad de la empresas. El éxito fue tal que empezaron a surgir otras empresas para competirle a Muzak. Con ello, el nombre se convirtió en la palabra genérica para llamarle a la música incidental y posteriormente conocida como música de elevador.
Mensajes subliminales
Aunque la mercadotecnia de Muzak nunca tuvo demasiado sustento científico, hay estudios que sí confirman cierta efectividad de la progresión de estímulos. Se sabe, por ejemplo que la música con un tempo rápido incrementa las ventas de las tiendas en un 32%, que la música influye en qué tan rápido comen las personas, las marcas que compran, cómo se comportan y qué tanto dinero están dispuestos a pagar por una cena.
A partir de esos resultados, otras empresas tomaron los principios de la progresión de estímulos para crear cajas negras de sonidos que buscaban implantar ciertas conductas en las personas. Por ejemplo, incluían la frase “Sé honesto” para evitar los robos en las tiendas, o “El azúcar es mala para la salud” para incentivar la compra de comida saludable.
El legado
En realidad la efectividad de la progresión de estímulos y de las cajas negras dependen de muchas variables como el estado de ánimo y los contextos en que las personas son expuestas a ellas. La música, no cabe duda, modifica la conducta de los seres humanos, pero no hay prueba de que se pueda controlar a través de ella.
Los avances tecnológicos llevaron a Muzak a la quiebra. Sin embargo, en la vida diaria, escuchamos parte de su legado. La empresa fue pionera en la creación de las listas de canciones para momentos y lugares específicos. Y con ello la asociación cultural que establecemos entre ciertos ritmos y actividades. Hay montones de curiosidades y anécdotas, como que la Chica de Ipanema es la canción más usada en elevadores, que una de las primeras bandas que contrató Muzak fue la de la Milicia Fascista, o que el músico Ted Nugent ofreció 10 millones para cerrar la empresa, pues creía Muzak representaba todo lo anticool. La empresa ha sido muchas veces acusada de destruir la música. Hay quienes sostienen que ha sido muchas veces el modo de subsistencia de músicos y compositores. Otros tantos que dicen que ha sido el más grande intento de hacer más llevadero el ritmo de vida contemporánea. Tal vez, el mayor legado es saber que sea como sea, la vida es mejor con música.
Gabriela Astorga – @Gastorgap
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