
A veinte años de la muerte de Klemm
Este 2022 se cumplen veinte años de la muerte del filántropo checo-argentino Federico Jorge Klemm. Hoy en día, su colección de arte continúa siendo una de las más grandes en Argentina y, a pesar de su muerte, sigue contando con acceso gratuito. Sin embargo, quizá su legado más importante reside en su programa televisivo: El banquete telemático.
Difundido por cable, El banquete telemático contó con 234 episodios emitidos desde 1994 hasta 2002. Aunque el éxito del programa se debió principalmente a la elocuencia y a la teatralidad del locutor checo-argentino, el contenido del mismo nunca defraudó a sus televidentes. Como bien indica su nombre, el programa de Klemm llegaba al hogar argentino como un banquete artístico delicioso. Ahí, las artes plásticas, las visuales y las escenográficas confluyen por primera vez en la pantalla televisiva.

Un filántropo checo-argentino
Klemm nació en la Checoslovaquia (actual República Checa) en 1942 y se mudó a Buenos Aires a los 6 años tras la invasión nazi. Sin embargo, a pesar de la condición migratoria a la que tuvieron que adaptarse, la familia de Klemm nunca sufrió económicamente. Su padre – de origen alemán – había heredado una fortuna que le permitió vivir de manera cómoda en la Argentina de la posguerra. Ya de este lado del charco, la familia se dedicó a importar productos químicos, lo cual hizo que su capital creciera considerablemente.
Ahora bien, mientras que su padre le dispuso del dinero suficiente para hacer lo que quisiera, su madre fue quien indujo en él un gusto por las artes plásticas y la escenografía. Ella misma había sido coleccionista de arte e introdujo al joven Federico al mundo del teatro y las exposiciones. Desde ahí en adelante, Klemm generaría una estética muy particular y una relación con el arte sumamente original.

A pesar de que su familia vivió cómodamente durante su estancia en Buenos Aires, Federico Klemm sufrió mucho durante los años de la dictadura argentina. La ambigüedad de su sexualidad, su estridentismo y su personalidad disidente provocó que la dictadura de Videla lo apresara varias veces. Es más, algunos testimonios cuentan que Klemm usaba peluca porque los oficiales de la dictadura le habían arrancado el cuero cabelludo en más de una ocasión.
Ahora bien, a pesar de toda la violencia que sufrió, Klemm nunca dejó atrás su visión revolucionaria ni mucho menos su personalidad tan característica. En 1992, así pues, Klemm abre su galería de arte y en 1995 inaugura la Fundación Federico Klemm en la misma sede. Sin embargo, sería en 1994 cuándo estrenaría el programa que lo llevaría a ser reconocido por todo Argentina: El banquete telemático.
El banquete telemático
Durante ocho años, Federico Jorge Klemm nos bendijo con un programa educativo y artístico fuera de lo común para la década de 1990. A lo largo de 234 episodios, El banquete telemático logró ser una fuente de información veraz, entretenida y estimulante para varios de los jóvenes argentinos. En ese momento histórico tan específico, Klemm demostró un interés por difundir arte en la era de la hipercomunicación y la cultura televisiva. En cierto sentido, podríamos decir que el filántropo checo-argentino anunció – o incluso inauguró – el tipo de programas de difusión artística que son tan comunes hoy en día dentro del internet (sobre todo en Youtube).
Ahora bien, aunque el atractivo de El banquete telemático residía en su contenido y en la forma elocuente de expresarlo por parte de Klemm, la forma del programa resulta sumamente curiosa. El programa hacía uso constante de pantalla verde y los efectos visuales que utilizaban eran evidentemente deplorables. Es más, de vez en cuando, uno podía encontrarse con errores de producción a lo largo de los episodios: personas del equipo cinematográfico que salían en el encuadre accidentalmente, cortes de toma mal editados o incluso interrupciones musicales que no dejaban escuchar bien al anfitrión.

Sin embargo, algunos adjudican esta rareza estética a una intención consumista. En cierto sentido, la exuberancia y el vanguardismo noventero de Klemm se expresó al máximo dentro de su programa como medio para llamar la atención de la audiencia. Es decir, aunque los efectos especiales y la escenografía pseudo-tecnológica del programa tenía la posibilidad de ahuyentar a varios televidentes, el magnetismo y la lucidez de Klemm terminaba por seducirlos.
La figura de Federico Klemm
Además de filántropo y coleccionista de arte, Federico Klemm fue alguien que hizo de su vida una obra de arte. Toda su persona era capaz de generar una verdadera catarsis en quién lo observaba. Sin embargo, fue hasta el estreno de El banquete telemático que el checo-argentino le dio la posibilidad a todo el mundo de atestiguar su originalidad.
En dicho programa televisivo, Klemm podía admirarse como un orador poético con gestos performáticos que recuerdan a Juan Gabriel y prendas que parecen sacadas del armario de Walter Mercado. Más que nada, su exuberancia transpiraba autenticidad y originalidad. Es más, esa identidad tan llamativa llevó a Klemm a entablar relaciones amistosas tanto con Andy Warhol como con Mildred Burton, entre muchos otros artistas.

Frecuentemente, las obras analizadas por Federico Klemm en El banquete telemático chocaban con la estética kitsch que distinguió al programa. A momentos, resultaba disonante que la elocuencia, la teatralidad y la lucidez de Klemm se viera inmersa en un espacio que no parecía estar a la altura de su capacidad discursiva y analítica. Al observar su programa televisivo, uno podía reconocer que las prendas que utilizaba Klemm parecían generar un paralelo con el tema tratado en cada episodio. Es decir, cada una de sus vestimentas parecía reflejar el arte que estaba analizando: como si él mismo reconociera su cuerpo como un lienzo sobre el cual expresarse.
El artista produce amor
En una década donde la estética y el gusto parecían ser novedosamente extraños, Federico Klemm arriba para difundir el arte de la única manera posible para sobrevivir: mediante la televisión. Por ello, podríamos adjudicar a Klemm el término de profeta, pues él ya anunciaba una manera novedosa y tecnológica de consumir arte (tan común en el siglo XXI): esta es, una mediada por la pantalla.
En uno de los episodios de El banquete telemático, Federico Klemm afirma que “el artista – el hombre que ama – produce arte y produce amor”. Hoy – a 20 años de su muerte – podemos reconocer que Klemm vivió bajo esa filosofía de forma sumamente original. Su amor por el arte lo llevó a ser un mecenas generoso que difundió su gusto artístico sin pretensiones de ser alabado. Al final de todo, tanto el cliché televisivo como la estridencia que tanto distinguieron a Klemm fungieron como métodos para aludir, educar y estimular a toda una ciudadanía. Aunque su vasta colección de arte siga siendo de acceso público, las lecciones que le debemos a este filántropo checo-argentino no tienen precio.
