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Francisco Téllez, maestro en toda la extensión de la palabra

Francisco Téllez

(Palabras para Francisco Téllez en su homenaje en el Teatro Degollado de Guadalajara en el Jalisco Jazz Festival, 24, sept. 2019)

Buenas noches: no teman. Seré breve y rapidito y procuraré, por el bien de la velada, no dispersarme. Les voy a hacer un anuncio: mañana miércoles voy a dar una conferencia con el título de “Un siglo (y más) de jazz en México”. La mentada ponencia la tengo escrita, claro, y en más cuartillas que las que aquí traigo. Seguramente también voy a improvisar al calor de la jazzera ocasión. Es como quien tiene para leer su partitura enfrente pero clavado como está nomás no puede abrir los ojos. Ahí están las notas blanquinegras, sí, detrás de esos cerrados párpados, pero aquí está la música sonando adentro de uno, sonando luego afuera, sonando en todos, sonando todos…Ah, ¡el jazz!…¡Ese dios de muchos brazos!

Pero les estaba diciendo: mañana voy a dar una charla sobre la historia del jazz en nuestro país. ¿Y saben qué? En ese texto menciono a Francisco Téllez una y otra vez y si, como ya lo preveo, improviso una vez y luego otra, seguramente ahí incluiré el nombre. No se puede hablar sobre el jazz en nuestro país sin mencionar al merecidamente homenajeado de esta noche. Y aquí subrayo la última palabra para que tenga eco: merecidamente, merecidamente, merecidamente. Aunque al mismísimo homenajeado no le guste que uno le ande exaltando las virtudes como quien pasa lista nomás entrando al aula. Prosigo pues.

10 de junio

Resulta que en la conferencia que les digo- como diría en El Perseguidor Johnny Carter, según la pluma de Julio Cortázar: “Esto lo estoy tocando mañana, Miles”- menciono por distintas razones una fecha más allá del halconazo tan recordado ahora en la película Roma y tan olvidable para los políticos todavía vivos que lo ordenaron. Sí, menciono el diez de junio. Doy botones de muestra.

El 10 de junio de 1908, por ejemplo, murió, clarinetista afro-americano que decidió vivir en Tampico, Lorenzo Tío. Tío fue padre de Lorenzo y Luis Tío mexicanos que, ya avecindados en Nueva Orleans,  iban a enseñar a muchos futuros jazzistas de Louisiana a hacer lo suyo en clarinete y saxofón. El 10 de junio de 1898 los marines estadounidenses desembarcaron en Cuba y además de echar tiros y agandallar imperialista y acostumbradamente mente territorios, comenzaron a sentar las bases de lo que en futuro iría a llamarse jazz latino. El 10 de junio del 10 nació el bluesero Howling Wolf -lo que me costó un noviazgo pero ésa es otra historia- y en el 22 nace Judy Garland-quien iría a cantar años después en la película El mago de Oz la balada de “Over the Rainbow”, y en el 31 nace el recientemente fallecido Joao Gilberto. El 10 de junio de 1981 concluía con bastantes protestas el primero y único Concurso Nacional de Jazz y el 10 de junio de 1945 le faltaban once días a la madre de Francisco Téllez para dar a luz a su hijo que, como la tradición familiar lo indicaba, iba a ser artista, músico para más referencia.

Pensemos en el 45. Es el año en que termina la Segunda Guerra Mundial y Francisco Téllez, nacido ese año, decidió entrar, tozudo como es, en campo de batalla o contra el eje, no contra la arbitraria necedad autoritaria, aunque sí, claro que sí contra el eje, contra la necedad arbitraria autoritaria. El enemigo vive en este país y se llama “burocracia”…pero me estoy adelantando.

Improvisar

Regreso entonces a la lógica de un discurso bien pensado. Francisco, exdefeño como tanto chilango desde que Mancera decidió que esa grande, grandiosa metrópoli, se llamaría impersonalmente CDMX, estudió en el Conservatorio. Había oído todo el tiempo música en su casa, había escuchado la “Canción Mixteca” que compuso su abuelo, música académica por supuesto y también a un manejador de la mano izquierda que cualquier espadachín envidiara pero al piano. Hablo de Art Tatum. Téllez estaba inserto en un universo académico que por principio desplazaba al jazz a la atarjea, no estuvo muy de acuerdo con tal segregación. Improvisar, improvisar, saber, conocer e improvisar era la consigna.

Con él otros compañeros pianistas de la edad estudiantes en la institución casi decimonónica, aprovechaban los momentos de distracción de los santos prefectos de la sacra partitura, para abordar al piano, la armonía y el ritmo desde otros enfoques que a José Vasconcelos escandalizarían. Pienso por supuesto en Juan José Calatayud, en Tony Alemán, en Enrique Nery. Eran los años sesenta, los años de los cafés cantantes, los suéteres de grecas, la píldora anticonceptiva, el 68 y el 69, la fiesta libertaria y la cruda represiva autoritaria.

Es la época en que el joven hoy homenajeado todo ímpetu encuentra también en el análisis las posibilidades para el conocimiento. En la poesía la palabra escandir es descomponer, disectar los versos, averiguar del conjunto los secretos desde sus intersticios. Eso hace Téllez con la música y en particular, eso hace Francisco con el Jazz. Analizar, descomponer y componer luego de la cirugía sanadora, que nunca autopsia. Y ese conocimiento lo comparte porque de eso se trata, de eso se trata esto.

¿Qué es el jazz?

¿Qué es el jazz? El jazz es esto y ese “esto” lo que menos sirve para describirlo es una definición con sus limitantes pobrezas. Funda Francisco entonces un taller de jazz ya en el 70. Si no hay papeles, los armamos, faltaba más; si no traen jazz lo armamos. Y de ese grupo de descomposición/composición surge en 1974 el primer Cuarteto Mexicano de Jazz, cuarteto de más de cien integrantes como los que esta noche vamos a escuchar. Y de aquel taller que atrae a quienes quieren saber, aprender, comprender, improvisar, jazzear, surge, en la Escuela Superior de Música, una licenciatura. Si James Bond tiene permiso para matar, ustedes- dice Téllez director- tienen permiso para vivir y hacer vivir desde la improvisación con un lenguaje.

Con el abecedario se componen los libros pero es de cada uno de los que acomodan las palabras a su modo que viene la creación y las creaciones. Téllez lo entendía y lo hacía comprender. Hablamos entonces ya no sólo de un jazzista si no de un pedagogo. Un hombre dispuesto siempre a convidar, a llenar los huecos que las distracciones de la institución- tantas veces haciéndose la que la virgen le habla- dejaba como obstáculos. Téllez, el maestro, es todo tesón y algunos dirían contumaz necedad para cubrir los requerimientos que los hombres grises deciden sembrar. ¡Jazz, una licenciatura de jazz en México! ¿En serio?

Pero Francisco no deja su instrumento bendecido por San Thelonious luego de Art Tatum y con él Don Pullen. Lennie Tristano, Bill Evans y Oscar Peterson, entre otros Requisitos con copias engargolados pueden llenarse pero también a diario hay que tocar, hay que componer, hay que sacarle jugo a los sonidos. Y así estamos ante un Téllez dominador de sus negras y blancas notas de marfil y también del original con su juego de copias. Téllez jazzista, Téllez maestro en toda la extensión de la palabra, eso hasta el 2009 en que se retira para componer y cuidar, cuidar y componer, con creatividad y bonhomía.

Francisco Téllez, maestro

Siempre le reclamo a Francisco que no haya grabado específicamente discos él con su música, algo que llena cuadernos y más cuadernos producto de una labor diaria. Téllez tiene sus discos en los discos creados por los que con él aprendieron los arcanos de esta música maravillosa, generaciones ya. Si el jazz en México hoy tiene la propositiva riqueza que en el índice onomástico lo mismo toca la S de Salas y de Sánchez que la I de Infanzón y de Ituarte, la M de Maroto, de Molina, la B de Barbosa y así todas las letras que llevan a otras partes del mundo como la D del saxofonista Tobías Delius, es por causa de este señor que aquí reconocemos. A penas y estamos hablando de justicia, ¡pero que muy a penas!.

No quiero decir más. Escuchemos su música. Mañana en la charla sobre el jazz en México seguro que lo que hoy se queda en el tintero tampoco ha de acabarse.

Bienvenido Francisco Jazz Mediante. Escuchemos, qué es lo que enseña a hacer. Escuchar, escucharnos, hallar de la vida su meollo que eso es- nos ha enseñado Téllez- lo que bien podemos llamar y llamamos Jazz. Gracias.

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Alain Derbez – @AlainDerbez